Turismo ecológico sobre ruedas en Wendland
Turismo ecológico sobre ruedas en Wendland

Gorleben es un punto salao en el mapa de Alemania bañado por las aguas del Elba y bendecido por una naturaleza vigorosa, asilvestrada en parte, cultivada también. Bosques abundantes, agricultura ecológica, aves de casi todo plumaje, animales de casi todo pelaje. Casi nada falta en el idilio donde cualquiera puede sentarse junto a una charca o pequeño lago y mirar a lo profundo del agua por debajo de los nenúfares.

Por las carreteras cuelgan, si llueve, pelucas ajadas de viejas señoras o señores rococó pinchadas de un palo. Si brilla el sol son vidrieras de catedral que la luz penetra o donde solo se refleja ofreciendo un gran espectáculo de tonos del color verde. Los mares de espigas se mecen con la brisa y las orillas revolotean colores a modo de crestas arcoíris que las olas que llegan a morir dejan caer, y luego resucitan para volver. Grandes predios antiguos con tractores de enormes ruedas, y otros menos modernos, que lo mismo sirven para abrirle la panza a la tierra y sacarle el alimento que para irse a la capital, Hannover, a decirle al Gobierno que la tierra no se abre en lo tocante a la sal para meterle basura nuclear que envenenaría las aguas freáticas entre otras cosas. Basura nuclear sin seguridad ninguna y con errores sin cuento, bien relatados por todos estos campesinos, habitantes y vecinos del Wendland que han conseguido parar ese cementerio nuclear proyectado. "Gorleben quiere vivir", en un juego de palabras donde vivir, en alemán, significa leben.

Sobre un sillín o recostados

La región del Wendland se recorre en bicicleta sin ninguna dificultad y sobre las dos ruedas pasas a formar parte del medio, que te envuelve de un modo poderoso y natural. Llegas a un pueblo, a un lugar, desciendes del sillín y sigues siendo un elemento más de esa naturaleza acogedora, como los pájaros, como las flores o como los árboles. Durante la KulturelleLandPartie hay talleres mecánicos para bicicletas, un autobús circular en cada una de las zonas y conexión con las estaciones de ferrocarril. Al Wendland llegan visitantes de toda Alemania. Para berlineses y hamburgueses es una región muy apreciada, así como para nosotros los lüneburgueses. También para los escandinavos. Llegar en tren hasta Dannenberg o Uelzen es sencillo, Hay vagones preparados para las bicicletas y no se debe olvidar la compra del billete para la bici también. Desde estas estaciones ya solo es pedalear. Dejarse llevar por el paisaje, por los carriles o por las carreteras secundarias o locales. A veces es necesario cruzar carreteras generales, lo que no entraña ningún peligro. El respeto hacia las dos ruedas es completo. Se puede acampar y se puede dormir en pensiones, hotelitos o casas de huéspedes, de los que hay ejemplos interesantes. La Herrenhaus de Salderatzen es, seguramente, una de las más interesantes y el paisaje que la rodea también. Está en un pueblo de unos treinta habitantes. El edificio principal, de estilo modernista, forma parte de un conjunto que hasta los años 80 se dedicó a la agricultura. Además de una muestra de cine en el antiguo pajar, el Wendland Shorts, se puede disfrutar de una cocina sencilla pero rica. La Mützingenta, no lejos de allí, dispone de viviendas y de una pizzería famosa en toda la región, así como de un programa de conciertos y otras actividades. Villa Wendland será mi tercera recomendación, donde se pueden tomar habitaciones en medio de un paisaje también encantador, con muchos pueblos cercanos que ofrecen cafés y restaurantes. Hay varias páginas de internet que ofrecen información sobre alojamientos, zonas paisajísticas, avistamientos de aves, posibilidades de practicar la equitación o mapas para organizarse el viaje.

Tierra de viento y de molinos

La región del Wendland ofrece una arquitectura muy interesante, lo mismo en el área rural que en el urbano: la denominada Fachwerk, arquitectura con cerchas, de la que en Bizkaia, por ejemplo, hay varios buenos ejemplos, en especial el caserío de Urigoiti en el valle de Orzoko u otro en Urdaibai. Ofrece también molinos, desde luego algo diferentes a los manchegos aunque también de indiscutible interés. Y no solo de viento sino de agua, junto a los que los wedlanderos colocaban una plataforma de madera, a la que se llegaba por una pasarela, para lavar la ropa. Los molinos y su fuerza para crear energía han seguido su desarrollo y son muchos los molinos modernos que forman parte de la economía alternativa a la nuclear y del paisaje. La región del Wendland ofrece una ruta de molinos que se puede, igualmente, recorrer en bicicleta.

Fogones y mostradores

Además de la ya nombrada pizzería de la Mützingenta, podemos encontrar un restaurante incluido en la guía Michelin del 2009 en la Alte Haus de Jameln. En Bergen an der Dumme podemos observar una muestra arquitectónica para curiosos de las mezclas y puristas con deseos de contrición, contemplar a las cigüeñas en lo alto de una vieja chimenea o visitar la oficina de información de la vieja frontera entre las dos Alemanias, e ir luego a comer unos Matjes, arenques frescos. La cerveza representa una larga tradición y un enorme negocio también, en lo que el Wendland ha montado la Cervecera de la cigüeña. Riquísima, en mi opinión. Está en Clenze, donde termina una zona de paisajes poco comunes en la región conocidos como la Suiza de Clenze. O se puede empezar el recorrido en Rosche después de tomar un café y un trozo de tarta en la panadería Hamborg. Una experiencia realmente extraordinaria. Los zumos Voelkel para quienes lo prefieran sin alcohol y de la agricultura orgánica. Quien prefiera el vino, una bodega donde puede incluso quedarse a dormir. En Wintrich, que ofrece desde 1902 un Festival de Pasiones.

En familia

Los lugares ya citados reciben con placer y programas de tiempo libre a familias con niños. Trebel es un pequeño pueblo cercano a Gorleben donde se puede encontrar una granja para pasar las vacaciones. Desde Trebel sale, también, una visita guiada con burros por los bosques cercanos. Hay que preguntar por el Sr. Has. Esta página es para quien desee dormir entre el heno.

Wendland

En su origen etimológico el país de los eslavos, es una región de Baja Sajonia que limita con el Elba y limitaba directamente con la Alemania Democrática. Era una región casi olvidada en un rincón agrícola y donde se decidió construir un cementerio nuclear y toda una industria de transformación de esa basura nuclear. En 1973 se activa una primera protesta antinuclear contra la proyectada central de Langendorf a la que se uniría una segunda central. El director de urbanismo de la región Lüchow-Dannenberg, August Quis se opone al proyecto junto a los activistas en defensa de la naturaleza. La construcción de los tendidos de alta tensión por los que debía circular la electricidad producida en las centrales es denegada y el proyecto de las centrales olvidado. Se funda, entonces, la Iniciativa Ciudadana de Defensa de la Naturaleza Lüchow-Dannenberg. La llamada resistencia contra la energía nuclear no ha cesado desde ese momento. La población se opuso con vehemencia al proyecto y recibió el apoyo de muchos activistas de defensa de la naturaleza llegados desde Berlín, Hamburgo, Lüneburg, etc. Se fue creando un tejido social de resistencia y solidaridad y llegó una pregunta desde dentro: "Sabemos en contra de qué estamos, ¿a favor de qué estamos?". A partir de ahí nació la Kulturelle Landpartie, una iniciativa de artesanos que trataba de ofrecer una modelo económico alternativo al de la energía nuclear. A partir de la Kulturelle Landpartie comenzó a su vez el interés turístico más allá de la asistencia participativa y turística a los mercados y eventos culturales de todo tipo. La gran romería laica y política a Gorleben se transformaba en un peregrinar cultural y turístico por toda la región sin olvidar, sin embargo, la raíz del activismo, la protesta y la resistencia contra la energía nuclear.

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