almendros.png
almendros.png

Hoy ya no nos choca que los nombres de los árboles sean masculinos, a pesar de tratarse de seres vivos capaces de engendrar frutos.

Lectores y lectoras, mientras paseaba ayer por Zahara de la Sierra admirando los almendros que florecen en esta época del año al pie del castillo árabe, escuchaba a un amigo lamentarse por la costumbre actual de decir presidenta, clienta o parienta, en contra de la norma gramatical aprendida.

Él considera estos usos, que hoy se encuentran en el diccionario, como capitulaciones de la RAE, motivadas por la presión de poderes mediáticos y por la ignorancia de los hablantes. Él teme que, tras estos cambios, pueda llegar un día en que tengamos que decir “adolescenta”, “inteligenta” o incluso “suficienta”.

A modo de respuesta, le expliqué a este amigo que ese almendro bajo el que nos encontrábamos, no era un árbol tiempo atrás, sino “una” árbol. Pues en latín arbor era un sustantivo femenino, como eran femeninos la mayoría de los nombres de los árboles y arbustos: el olmo era una olmo; el fresno, una fresno y el pino, una pino.

Hoy ya no nos choca que los nombres de los árboles sean masculinos, a pesar de tratarse de seres vivos capaces de engendrar frutos. Pero seguro que muchos lamentaron tal cambio de género en el pasado, como hoy hace mi amigo.

La lengua no describe la realidad, sino que la interpreta.

Si has llegado hasta aquí y te gusta nuestro trabajo, apoya lavozdelsur.es, periodismo libre, independiente y en andaluz.

Comentarios

No hay comentarios ¿Te animas?

Lo más leído