Cultura

Obreros del arte: “Mi padre pintaba con cataratas en los ojos”

Rodrigo Báez y Francisco Retamero llevan toda su vida dedicados al mundo de la pintura en Jerez, como profesionales infatigables y alejados del tópico de bohemios

Rodrigo Báez Atienza (Jerez, 1949) y Francisco José Retamero Sánchez (Jerez, 1961) comparten algo más que óleos. Una amistad sincera que no siempre es fácil en los círculos artísticos. Ellos huyen de los tópicos y confiesan que ni los pintores son unos bohemios como algunos que “se venden bien” aseguran, ni el oficio es como se ve desde fuera. Llevar 35 años dedicado exclusivamente a la pintura, como en el caso de Paco Retamero, es la prueba visible de que vivir de la pintura es posible en Jerez. Rodrigo Báez, que expuso por primera vez en la Caja de Ahorros de Jerez en 1970, ya va camino del medio siglo en el oficio, si bien compatibilizó la pintura con su oficio de artes gráficas en la ciudad durante parte de su vida.

“Yo empecé con 14 años, entré en un taller de Jerez Industrial, Fotomecánica Jerez, y me atrae todo lo que se hace por allí. Un dibujante muy bueno, Luis Láinez, fue el que provocó en mí las ganas de dibujar”, confiesa Rodrigo. Tres años más tarde, abandona el taller y empieza a hacer artes gráficas por su cuenta. Fue cuando montó su estudio y empezó su carrera laboral. Desde entonces ha expuesto por toda España: Cádiz, Madrid, Málaga, Barcelona o La Coruña, entre otros, destacando su trabajo en la cartelería para el pabellón de Sevilla de la Expo del 92.

“Exposiciones con el nombre de exposiciones nunca. Nunca he juntado un par de cuadros como para montar una exposición”, comenta entre risas Retamero, que hereda una tradición familiar que se remonta a su padre, José Retamero, reconocido pintor jerezano, y a su abuelo, Francisco Retamero Rodríguez, que fue el primer fusilado tras el golpe del 18 de julio en Jerez. “Quizás lo que más me gusta es el paisaje urbano“, reconoce pensativo, evitando mencionar al costumbrismo. “Es costumbrismo“, le replica entre risas Rodrigo. “Yo el costumbrismo lo sitúo más en cuadros de sevillanas… yo si hago un cuadro de una calle y la pinto vacía no es lo normal”, le responde. “Yo no me voy a meter donde no me llaman pero Paco es costumbrista”, ríe Rodrigo, cuyo sello siempre ha tirado más hacia la abstracción.

Rodrigo Báez y Paco Retamero durante el encuentro con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

“Hubo una época muy buena para la pintura, que surge como revulsivo a la situación social que se vivía”, recuerda sobre sus inicios. “En aquella época se vendían cuadros muy modernos; es cuando hacía más mis cuadros abstractos o de figuración erótica que hoy no se venden”. Pero la demanda no ha desaparecido. Retamero, por su parte, cree que “hoy es un poquitín más complicado” pero que aún se puede vivir de la pintura. “Esa época que dice Rodrigo en la que se vendían esas modernidades, también se vendían paisajes como churros, con ciervos, cacerías… cosas que se pueden ver en Cuéntame“, ríe.

“Lo que yo creo es que tanto Paco como yo trabajamos mucho. El esfuerzo radica en hacer las cosas bien hechas y esa es la base para que el cliente te siga comprando y te siga respetando”. Y deja un recado: “Hoy hay muchas criaturas que dicen que son pintores y no son pintores, sino pintadores. Una cosa es pintar y otra es pintarraquear”. Mira hacia Paco y espera su aprobación. “A mí me vienen y me dicen yo soy pintor, y les pregunto cuántos cuadros han pintado y me responden que ocho. ¿Cómo vas a ser pintor? Tú serás otra cosa, estás intentando hacer algo. Luego dirá que no se puede vivir de la pintura, pero el que no puede vivir de la pintura eres tú”.

Rodrigo Báez inauguró su primera exposición en la Caja de Ahorros de Jerez en 1970. FOTO: MANU GARCÍA.

“Por ejemplo, Paco es un trabajador incansable, yo no sé de verdad… lo digo en serio”, comenta frente a la observación de su colega y amigo. “Yo me canso, yo me canso”, le contesta. “He trabajado más pero ahora sólo ocho horas”. Y es que cada maestrillo tiene su librillo. Si Retamero por un lado, hace su trabajo en un piso de la barriada del Carmen que ha habilitado como taller, Rodrigo lo tiene todo en casa desde hace unos años. “Cuando uno se va haciendo mayor va buscando comodidad”, comenta este último que reconoce que con la edad uno se vuelve “caprichoso”, a diferencia de cuando era joven e iba “corriendo todo el día”, entre fotografías, folletos y litografías. “Cuando estaba en las artes gráficas me pegaba toda la noche trabajando, tomaba mucho café y a las 11 de la mañana me veían por la calle Larga y me decían este tío es un bohemio. ¿Qué bohemio, cojones? Llevo toda la noche trabajando”, recuerda indignado, afirmando que nunca ha creído en la bohemia. “Ahora hay días en los que me levanto y lo único que me apetece es ver Netflix”, ríe.

“Cuando se tiene el estudio en casa la familia no ves que estás trabajando, piensa que estás echando el rato”, bromea por su parte Retamero. “Yo me encontraba con una gran demanda, que por una parte es bueno porque son más ingresos para la casa y estaba todo el día pintando hasta que me hice mayor y dije esto no puede ser, hay que poner un horario laboral de ocho risas que lo admita mi sindicato”, dice con burla. “Hay cuadros en todos lados de este gachó, no se puede trabajar tanto, es que llegas a preguntarte, ¿este tío cuando descansa?”, le replica indignado Rodrigo que cree que el horario para pintar es igual mientras se echen muchas horas. “Si tú pegas dos toquecitos y luego te vas al bar a beber como que no…”, añade. “Yo prefiero la luz de sol”, confiesa Retamero. “Mi padre pintaba con cataratas en los ojos. Los hacía como de memoria o yo qué sé. Cuando leo operaron las cataratas los cuadros empezaron a tener otros colores”.

Entre recortes de prensa, carteles de exposiciones y cuadros, Rodrigo Báez y Francisco Retamero en la entrevista con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA.

Un tópico sí se cumple para Rodrigo y para Retamero: la continuación de la tradición familiar, de una u otra forma. “Mis dos hijos son licenciados en Bellas Artes contra mi voluntad”, confiesa Retamero, quien tiene a su hija trabajando en Londres y a su hijo dedicado al diseño en 3D de escenarios de videojuegos. A Rodrigo también se le cae la baba con el suyo. “Su hijo es un artista”, confiesa Retamero. “Mi hijo dibuja para rabiar, es un retratista acojonante, ha tenido encargos de todas las imágenes de Sevilla y de Jerez y además hace tatuajes”. Para Rodrigo, el retrato es la clave. “Yo lo he inducido a eso, si haces el retrato bien harás bien una naranja, pero si haces bien una naranja y luego no sabes hacer un retrato…”

¿Valora el público lo que hay detrás de un lienzo? Hay gente que ve el cuadro como formato, y no lo que hay dentro. Es como el que compra una gallina podrida, ya apestando y todo. El libro de los gustos está en blanco y que cada uno compre lo que quiera. Lo único que podemos hacer los profesionales es hacerlo mejor cada día”, dice Rodrigo. Retamero, en cambio, dice ser “más optimista”. “Bocachanclas te encuentras pero en general sí que se valora”. Sobre la situación cultural de Jerez el pintor también ve mejor las cosas. “Hay más cultura aquí de la que se promociona por parte de la administración. De nuestra Escuela de Artes han salido jóvenes valores muy buenos”, añade.

Sin embargo, ambos insisten en la necesidad de otro enfoque por parte del Ayuntamiento. “Los políticos podrían hacer mucho más por el arte, echar algunas horas extra y trabajar más, algo que redundaría hasta en ellos mismos”, dice por su parte Rodrigo. Retamero ríe y deja una iniciativa en el aire. “O sacando los carteles a concurso”. Rodrigo está de acuerdo. “Crearía movimiento cultural en la ciudad. Haga usted una convocatoria, que acudan los artistas, que se haga una exposición y que el público vote las obras”. Y hace una pregunta retórica: “¿No es esto una democracia? Este es el cartel que queremos”. Una vía de hacer llegar al arte a todos los jerezanos con posibilidad de participar más allá de un paseo por el teatro Eslava, donde durante muchos fines de semana cualquiera puede encontrarles. Costumbrismo, paisaje urbano, retrato o abstracción. Dos pintores que sobrevivieron a la época del lienzo impreso a golpe de clic.

Fotografías de las páginas personales de Rodrigo Báez y de Francisco Retamero donde pueden encontrarse sus trabajos.

 

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