Festival de Jerez

Obra abierta

Marco Flores trae al Villamarta 'Fase alterna', un montaje tan desconcertante como absorbente, repleto de alteraciones en los roles y cambios de identidades de sus protagonistas

Era Umberto Eco el que propugnaba que el análisis del arte cuente con el desorden en positivo frente a la matemática exacta que es a lo artístico lo que el agua al aceite. Huir de etiquetas o, más contemporáneo, de hastags. Buscar una danza global que esté enriquecida por múltiples técnicas y estilos. Modificaciones de lo prestablecido, de las convenciones, alteraciones en los roles, en las identidades, la obra de arte como pluralidad de significados, metáforas, sinécdoques, ambigüedades, improbabilidades. Por todo eso y por ningún sitio transita Marco Flores en Fase alterna, el espectáculo que ha presentado en el XXIII Festival de Jerez, y donde juega al despiste en una obra abierta donde las sombras escapan de la realidad.

No está a la altura de su mejor creación con compañía propia, De flamencas, pero sí es un buen intento por preservar su don de la experimentación y su gusto por el baile de autor, ese que representan otros geniecillos de su generación como Olga Pericet (que colabora en las coreografías de este montaje) y Manuel Liñán (cómo nos hubiera gustado ver en esta muestra su último trabajo, ¡Viva!). En esta alternancia donde todo el mundo viste igual y la escena se ha homogeneizado, salvo por el color de la luz, las Variaciones Goldberg son las de un excéntrico Glenn Gould y no las del Bach barroco, y la petenera lo mismo es la veracruzana que la de la Niña de los Peines. Por ver si en un mundo nuevo encontraba la verdad, persigue el bailaor de Arcos

Al contrario, la propuesta de Flores parte de la sencillez extrema y emana de la pura tradición flamenca —ahí queda la enorme patada por bulerías de un Marco visiblemente relajado y disfrutón—. Solo sujetada escenográficamente por la luz, es el elenco el que plantea interrogantes y va dando cuerpo a la escena y al relato. Unas veces vemos una abstracción entre los trémolos de José Almarcha (mucho nivel en sus seis cuerdas) de las relaciones de pareja, hasta desembocar en un socarrón flirteo y juego de cama a compás jadeante. Otras, hay una panda de verdiales tan elocuente como para decirlo todo sin decir nada. Y hay una media granaína de Chacón que embriaga bajo la luz ocre de tabanco, y unos tangos que son farruca que quedan esbozados por el torso atlético y el pie que echa chispas de Flores.

La bailaora rodea al bailaor como las agujas del reloj, el bailaor hace un paseíllo marcha atrás, y la palmera se convierte en bailaora, y el guitarrista se sitúa en el centro. Hay un cambio de papeles permanente y un caos premeditado. Una calculada improvisación tan desconcertante como absorbente, tan libre como para permitirse que le sobre metraje por mor de ciertas redundancias que podrían aligerarse. Como recoge Alfredo Grimaldos en su Historia social del Flamenco, era el faro Mario Maya el que dictaminaba que “el flamenco no es fuerza bruta, sino sensibilidad; no es virtuosismo facilón, sino gracia inesperada. Lo difícil del arte es hacer que parezca fácil, inexplicable… e indefinible”. Pues eso.

Cía. Marco Flores
‘Fase alterna’ (**)
Dirección artística y producción: Marco Flores. Colaboración en la dirección artística: Olga Pericet. Coreografía: Olga Pericet, Yoshua Cienfuegos, Sara Cano y Marco Flores. Intérpretes: Marco Flores, baile; Ana Arroyo, baile; Ana Romero, palmas y baile; Mercedes Cortés, voz; José Almarcha, guitarra. Música original (en directo): José Almarcha. Música original (espacio sonoro): Mel Semé. Espacio sonoro: Ignacio Prego. Diseño de iluminación: Gloria Montesinos. Dirección musical: Marco Flores. Día: 3 de marzo de 2019. Lugar: Teatro Villamarta: Aforo: Lleno.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *