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Obama, otra cosa

Estuve viendo por la tele la visita de Barack Obama a la base de Rota. Lo vi porque me interesaba pero también porque me despisté: en la 2 en esos momentos estaban pasando un Cachitos de hierro y cromo, siempre divertidos. El caso es que suena Barras y estrellas para siempre, esa jovial marcha que hemos oído en tantas pelis, y en un par de saltos tenemos en el estrado a un tipo cool en mangas de camisa que tarda exactamente 0 coma en meterse en el bolsillo a toda la audiencia allí presente. Se puede decir que el sentido del espectáculo es algo innato en los americanos, que el personal estaba lógicamente entregado de antemano… se puede plantear incluso que qué hacen todos esos americanos en nuestro país, pero lo que es indudable es que el señor Obama sencillamente es brillante.

Saluda en inglés y español, da su sitio a los mandos, la tropa, el personal civil y las familias de ambos países, deja entrever que los españoles —por una vez menos ruidosos— son más educados y repasa dos o tres cuestiones sobre la marcha sin tirar de papeles (salvo para nombrar a los principales jefes tanto de EEUU como de España). Un poco de la cumbre de Varsovia de la OTAN, un poco del significado de la misión que están llevando a cabo los ‘muchachos’ en Rota y Morón, una loa al aliado español a la necesidad de que siga “fuerte y unido” y una referencia a la semana difícil que se está viviendo “en casa” —y que precisamente le ha obligado a reducir su visita a España— son los temas que desgrana antes pasar a estrechar manos y hacerse los inevitables selfies. En realidad, estás seguro de que a este hombre lo que le apetecería es tomarse una hamburguesa con una cerveza bien fría mientras habla con los ‘muchachos’ de cómo ve las series mundiales de beisbol esta temporada…

Una vez apagada la tele es inevitable comparar la frescura de este tipo (pese a que lleva ya dos mandatos a sus espaldas) con los políticos ‘a piñón fijo’ que tenemos en nuestro país. Bien, habrá quien piense que es muy fácil ser de ‘amplio espectro’, como indudablemente es la fórmula Obama y que, si miramos su gestión, ver que al final la reforma de la sanidad se ha quedado lejos de la idea de partida y que su universalización en dicho país está muy lejos de ser una realidad (el hombre más poderoso del mundo no ha podido con el lobby de los seguros médicos) o que la política exterior de Estados Unidos es responsable parcial de los desajustes que hoy hay en el mundo o qué decir del ridículo Nobel de la Paz que le dieron ‘a futuros’. Desde luego. Pero no es menos cierto que cualquiera de los cuatro grandes partidos ganaría de calle con un líder como Obama. Qué pena, ahora que va a tener tiempo y ganas de conocer España…

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