Cartelera Sur

Nostalgia de los trenes

La crítica de 'Asesinato en el Orient Express'

Asesinato en el Orient Express: Dirección: Kenneth Branagh. Guión: Michael Green, sobre una novela de Agatha Christie. Fotografía: Haris Zambarloukos. Música: Patrick Doyle. Reparto: Kenneth Branagh, Judi Dench, Jonny Depp, Michelle Pfeiffer, Derek Jacobi, Penélope Cruz, Manuel García-Rulfo, Olivia Colman …

Asesinato en el Orient Express es una de las novelas más populares de una ya de por sí popularísima Agatha Christie, la autora más vendida después de la Biblia. La historia le fue inspirada por un caso criminal real que a principio de los años treinta afectó al héroe de la aviación norteamericano Charles Lindbergh. Cuando se publicó Murder on the Orient Express, el caso Lindbergh no se había aún resuelto, así que Agatha Christie, sin ánimo periodístico, aprovechó la enorme repercusión mediática del asunto para desarrollar en la ficción una suerte de secuela que especulaba sobre las motivaciones y la autoría del crimen.

En 1974 Sidney Lumet dirigió una versión cinematográfica llena de estrellas del momento que tuvo muy buena acogida de crítica y público. Ahora Kenneth Branagh intenta repetir ese éxito del cine británico, dirigiendo y protagonizando un remake de Asesinato en el Orient Express. Cabe preguntarse por qué Branagh insiste en esta historia, si es necesaria una nueva versión de una trama detectivesca de la que ya conocemos detalles y desenlace.

Branagh ha hecho antes nuevas versiones de adaptaciones de obras literarias populares, como Mary Shelley’s Frankenstein (1994), y ser fiel al original es una de sus constantes. En esta ocasión es bastante fiel a la historia de Christie aunque haga mínimos, pero significativos cambios en los personajes que actualizan la trama: la inclusión de personajes étnicamente diferenciados y un discurso ligeramente antirracista. Uno de los méritos de su película es mantener el espíritu ligero y artificioso de las aventuras de Hercule Poirot. Branagh logra una recreación elegante de la legendaria y sofisticada línea ferroviaria que unía Estambul y París como escenario de una trama enrevesada y llena de trucos teatrales. Asesinato en el Orient Express tiene más entidad que un episodio de la serie de televisión sobre Poirot por su poderosa y cuidada producción, el glamour del reparto y la bella puesta en escena.

Branagh está atento a los pequeños detalles que constituían el meollo de las historias para Agatha Christie, las tazas de café, los pomos de las puertas, un botón perdido, todo aquello que constituía el jeroglífico del crimen. Su cámara se desliza hábilmente en planos largos por los pasillos del tren, recorre en travelling el exterior de las ventanillas, entra y sale de compartimentos, los sobrevuela y se asoma acrobática al precipicio montañoso.

A pesar de todo este catálogo de pericia técnica, la omnipresencia del propio Branagh como Poirot y la poca relevancia del discurso de otros personajes, hacen que el juego de las apariencias, lo implícito en los discursos y la ambigüedad moral propios del rompecabezas detectivesco se diluyan. Parece más importante la reflexión en voz alta de Poirot sobre el equilibrio entre las fuerzas del bien y del mal que la trama que relata.La escena de presentación y la partida de Jerusalén prometen un viaje entretenido, sin embargo la tensión dramática avanza desigualmente, con momentos planos. Y el clímax final, siempre recapitulatorio en Agatha Christie, resulta pretencioso. Se gana en espectacularidad visual pero se pierde el toque Hitchcock: el maestro del suspense nunca dejaría a su personaje pronunciar discursos sobre el bien y el mal. No hay que explicar si se puede mostrar.

Nada que objetar, por supuesto, al brillante trabajo de todos los actores. Desde los veteranos Derek Jacobi o Judi Dench, hasta el propio Kenneth Branagh, Michelle Pfeiffer o Penélope Cruz. Incluso Johnny Depp parece creíble.

Asesinato en el Orient Express es una película de factura impecable, actores sobresalientes y una trama intrigante, que subraya demasiado el conflicto moral. La historia queda algo subordinada a los movimientos de cámara y al discurso del protagonista. En cualquier caso es placentero y excitante compartir la travesía del viejo continente en el lujoso Orient Express con estos compañeros de viaje.

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