Ciudadano Saborido

¡Nos robaron las estrellas!

Llega mediados de agosto y como siempre, saltan los teletipos (ya, es obsoleto, pero me gusta) avisando de la lluvia de estrellas conocidas como Lágrimas de San Lorenzo, para los románticos y para los más científicos (que también pueden ser románticos, no está reñido una cosa con la otra), Perseidas.

Realmente no son estrellas lo que caen. Si cayeran, ya estaríamos todos muertos. Son restos de polvo de cometas y asteroides que van quedando en el espacio y se encuentran con la Tierra. Llegan a ser más pequeños que un grano de arena, pero al entrar en nuestra atmósfera y por causa del rozamiento, se calientan, desintegrándose, produciendo un trazo luminoso, que es a lo que llamamos estrella fugaz.

Pero ay, esos trazos son muy débiles. Algunos sí son brillantes. Pero la mayoría no. Cuando hablamos de Perseidas, nos referimos concretamente a un enjambre de polvo que parece provenir de la constelación de Perseo y que realmente es polvo producido por el paso del cometa 109P/Swift-Tuttle.

Su máximo suele ser alrededor del 11-12 de agosto, pero se pueden ver antes y después. Este año tenemos suerte, porque coincide con la Luna Nueva, y no estará nuestro satélite estorbando con su luz. Se podrían ver unas cien por hora. Pero esto va a ser muy difícil por la contaminación lumínica que sufrimos en la Península Ibérica.

Desde la ciudad no veremos nada. De hecho, apenas vemos más de diez estrellas con tanta farola alumbrando al cielo en vez de a las aceras (piensen en la Avenida del Colesterol de Jerez y sus farolas globo) y tanto cartel luminoso. Luego hay una obsesión, será por el verano, de irse a la playa para verlas. Error. Nuestras playas están súper iluminadas y si nos quedamos por la Bahía de Cádiz será imposible.

Vale, Alfonso, no jodas. Nos vamos al campo. ¿Al campo? ¿Qué campo? También los cielos de nuestros campos y la Sierra de Cádiz están llenos de contaminación lumínica. Cada ciudad nuestra, cada pueblo es como una enorme farola que borra nuestros cielos.

¿Entonces a dónde vamos para no desilusionarnos y decir al otro día que vaya desengaño? Habría que irse a sitios muy apartados. En Cádiz sólo se me ocurren los parques naturales, pero ojo, aquí hay que pedir autorización, porque además estamos en alerta en verano por incendios.

Si conseguimos por fin un sitio oscuro, lo ideal es que cuanto menos gente mejor. Con más gente, aumenta la probabilidad de que haya fumadores. ¿Y eso que tiene que ver? Aparte del riesgo de incendio, a la pupila humana le cuesta adaptarse. A partir de una media hora, ya podemos ver mejor de noche. Algo que se puede ir al garete si un fumador enciende un mechero. A tomar por saco todo. Y a empezar la adaptación de nuevo con el consiguiente mosqueo. Digo menos gente también porque siempre aparece el que llega tarde, con su coche, normalmente con la luz larga. Todos ciegos. Más mosqueo. A empezar de nuevo. Y las leyes de Murphy dicen que la estrella fugaz más grande pasa cuando tú estás cegato perdido por un deslumbramiento.

Y suponiendo que ya nos hemos librado de estos indeseables, entonces podemos mirar al cielo, a partir de la medianoche. Vendrán por todos lados, especialmente desde el Noroeste, que es por donde estará la constelación de Perseo. Hay aplicaciones móviles como SkyMap de Google que ayudarán a encontrar Perseo. Pero ojo, el móvil también alumbra. Hazlo antes, prepara la visión nocturna de tu móvil (se pone rojo y no molesta) o de nuevo te quedarás sin ver nada durante media hora.

Si todo va bien, disfruten, pidan deseos, jueguen con la mitología de las constelaciones, busquen planetas, satélites artificiales, adivinen las rutas de los aviones. Y si ven algún OVNI, no griten, pregunten antes. Será cualquiera cosa menos un OVNI. En 52 años no he visto ninguno, y mira que miro. Pero nada.

¡Buenos cielos y buen avistamiento de Perseidas!

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