Opinión

Nos roban con cuatro palabritas finas

En la naturaleza del poder político, en su ADN, está el gen de la concentración. La concentración del poder en un punto es una forma de dominio, la manera de crear dependencias y subalternidad. En la naturaleza del poder económico sustentado sobre una economía extractiva o especulativa, en su ADN, está la necesidad de interlocución con un poder político concentrado. La reducción al mínimo de la representación de intereses de la diversidad social, cultural y territorial es la traducción a ley de esos dos genes. Trajes, togas y sotanas, gustaron siempre de la proximidad al banco cuando no directamente de su titularidad.

Por eso en el ADN de la democracia deben estar los genes del federalismo, el republicanismo, la descentralización y la desconcentración; polis y cosmopolis. De lo contrario lo que crece son los territorios sin instituciones, sin derechos y sin futuro, vigilados desde la corte y, en el mejor de los casos, caritativamente subvencionados. La España vaciada, la Andalucía de la emigración con la Granada doblegada son fruto de lo mismo. No hay contrapeso legal contra la concentración de poder político y económico en las capitalidades. Hay que demandarlo.

El proceso de recentralización del poder institucional en España ha operado, opera, sobre la aceleración de políticas y leyes que laminan las competencias y la capacidad política de municipios y autonomías. Así se han creado ciudadanías de segunda y tercera división con carencia o degradación de servicios públicos que no tienen más remedio que abandonar su vida en los territorios culturales y familiares y marchar a lugares donde se vislumbra, si no más futuro, sí más servicios básicos. El catálogo de agravios es amplísimo.

En Granada la destrucción del ferrocarril que comunicaba comarcas, el desmantelamiento de las redes de tranvía que comunicaban todos los municipios del área metropolitana, la concentración del poder bancario liquidando lo que de banca pública quedaba y extirpando las cajas de ahorros de la territorialidad, los procesos de fusión hospitalaria, las decisiones políticas para el monocultivo intensivo de ladrillo y turismo, el fomento de la agricultura intensiva/extractiva, el abandono de la fiscalidad ecosocial y ambiental, y un largo etcétera, son precedentes de la nueva acometida de intentos de robo y robos consumados que estamos sufriendo las y los granadinos.

Aún estando grabado en el Estatuto de Autonomía de Andalucía que Granada tiene la capitalidad judicial de Andalucia, son recurrentes los intentos de arrancárnosla o trocearla llevándose salas allí donde hay más natalidad de jueces y más proximidad al poder, Sevilla, o clima mas atemperado y playa, Málaga.

Una provincia como la nuestra con más de ciento setenta municipios, setenta más que Sevilla, y un sin número de pedanías y alquerías sería la más afectada si se reduce la oferta educativa en los colegios rurales andaluces, retirar colegios, centros de salud, oficinas de la Junta es alimentar la despoblación, el abandono del campo y, consiguientemente el cuidado directo e indirecto del medio rural facilitando la entrada de actividades económicas extractivas, destructivas y contaminantes sin requerimientos intensivos de mano de obra, lo contrario que el fomento de la agricultura o la ganadería ecológica.

En estos días estamos viendo como el gobierno muy de derechas andaluz condicionado por la ultraderecha franquista de Vox, no sólo no cumple sus promesas de que CETURSA, la empresa pública que gestiona la estación de Sierra Nevada, o el Patronato de la Alhambra y el Generalife, que gestiona el espacio monumental más visitado de España, dependan más de las instituciones granadinas y de que sus beneficios económicos y de empleo repercutan más en Granada, sino que se llevan a Sevilla, la gestión del Parque de las Ciencias, segundo espacio más visitado de Granada y referente mundial en la didáctica de la ciencia, y extinguen la Escuela Andaluza de Salud Pública, un referente mundial en la investigación, formación y difusión de políticas públicas de salud.

Todo esto ha ocurrido, ocurre, y seguirá ocurriendo si las y los granadinos no ponemos pie en pared y decimos basta. Nos roban, nos roban, como cantó Carlos Cano, con cuatro palabritas finas, nos roban, nos roban. Tenemos que evitarlo.

No nos roba Sevilla, ni por supuesto los sevillanos, esa era antes la cantinela de la derecha Ganadina para destruir nuestro poder autonómico y entregárselo a otra capital, Madrid, donde están sus grandes amiguetes, los que de verdad mandan sobre ellos. Nos roba, ahora con alta intensidad, la derecha que gobierna Andalucía. Nos roba, como he dicho al principio de este artículo, para concentrar el poder y entregar lo público con más facilidad, mediante la privatización, a sus amigos del poder económico.

Seguir robando a Granada es destruir la autonomía de Andalucía, preguntémonos si no será ese el objetivo real del actual gobierno andaluz. Concentrar el poder para seguir entregando lo público al beneficio privado. Granada es Andalucía como la que más, negarlo es robar a Granada y liquidar Andalucía. No lo permitamos, es preciso armarla*.

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*La ilustración de este artículo es una obra del artista y poeta, ya fallecido, granadino Juan de Loxa. En su blog reza así:

Cuando la bandera andaluza era una olvidada o desconocida, en “Encuentro de poesía visual ibérica”, Sant Cugat del Vallés, noviembre 1975, Juan de Loxa expone una bandera verdiblanca fabricada con chapa sobre pané. Unas letras imantadas, desordenadas, sólo tenían la opción de organizar una palabra, ANDALUCÍA. Este poema de participación se titula Es preciso armarla.

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