No nos enteramos

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No nos enteramos

13-09-2017 / 08:45 h.
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Al despojar las cifras de rostros e historias, al dejar los números a secas, queda un repunte de mujeres asesinadas por violencia machista en 2017. En concreto, un 47% hasta mayo. Más de 36 casos en lo que va de año. Al silenciar el ruido, los tópicos y las premisas reaccionarias; y prestar sólo atención a la estadística despejada de todo prejuicio, resulta que apenas el 0,4% de las denuncias por violencia machista son falsas. Por mucho que los voceros quieran hacer de la excepcionalidad una realidad.

Al olvidar las cifras, los números y las estadísticas, queda la inseguridad. El que sólo ellas conocen cuando cruzan una calle de madrugada, el que sienten al mirar atrás y acelerar el paso. El “avísame cuando llegues”, el “mejor acompáñame hasta el portal”. Cuando quedan en un cajón los datos y se abren los ojos en el día a día, sigue latente el “esa falda es demasiado corta y ese escote demasiado largo”, el “mujer tenía que ser”, el insulto con la mirada y el piropo rancio y manido. En definitiva, la discriminación por género que afecta tanto a Cádiz como a todas las ciudades.

Por eso no se entiende, o sí se entiende pero no se explica, que sea precisamente un portavoz del PSOE quien critique a un concejal por replantear el ocio nocturno en la ciudad ante la inseguridad que en ocasiones supone para las jóvenes. Por eso duele, chirría y entristece que un secretario local de un partido en cuyas siglas recoge la palabra socialista, salga a criticar que se abra ese debate, pues puede “ensuciar la imagen” y hacer un “flaco favor”, como si el envoltorio fuese más importante que el contenido. Por eso resulta casi inevitable preguntarse si detrás de esa oposición existe algún tipo de raíz ideológica o sólo preocupa el sillón y el resultado, más si se tiene en cuenta que hace sólo dos años, un tipo de 18 años agredió sexualmente a una chica en la misma Punta de San Felipe donde ahora quieren replantear la noche.

Por eso no se entiende, o sí se entiende pero no se explica, que en una televisión pública de una comunidad gobernada por el PSOE desde el Neolítico, un tipo raje con unas tijeras la falda de su compañera. Por eso, parece un insulto que el perdón sonara a broma y desafío. Por eso, escuece que nadie del Gobierno, del Consejo Audiovisual ni de la cadena se atreviera ipso facto a reprender a Juan y Medio, cuya productora se embolsa tres millones de euros al año de todos los andaluces por realizar el programa que presenta. Con una patente de corso que ya le llevó en otras ocasiones a levantar el vestido de la comunicadora y donde al parecer el problema lo tienen quienes no entendemos esas barbaridades como bromas. Será que no aprendemos o, simplemente, no nos enteramos.

 
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