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Niño de la Fragua: “Si todos nos parecemos mucho, somos más fáciles de dirigir”

El cantaor jerezano Pedro Garrido, nieto del icónico Tío Juane, publica su primer trabajo discográfico, 'Libertad condicional', para cuya producción lanza una campaña de 'micromecenazgo'.

El cantaor Pedro Garrido publica su primer trabajo discográfico, ‘Libertad condicional’, para cuya producción lanza una campaña de ‘micromecenazgo’.

El 20 de diciembre de 1973, en el colegio mayor San Juan Evangelista de Madrid, Enrique Morente se raspó un fandango, grabado en los años 30 por José Cepero, que pagó muy caro. ‘Pa’ ese coche funeral / yo no me quiero quitar el sombrero. / Pa’ ese coche funeral / que la persona que va dentro / me ha hecho a mí de pasar / los más terribles tormentos”. Horas antes, ETA había asesinado a Carrero Blanco. Aquello le costó al cantaor granadino una noche en el calabozo y una multa de 100.000 pesetas. Unos 45 años después, la tuitera Cassandra Vera ha sido condenada en primera instancia a un año de cárcel y siete de inhabilitación total por unos chistes de mal gusto acerca del atentado contra el general franquista. Pareciera como si aquello de la Transición hubiese sido una milonga, como si la conquista de derechos fundamentales como la libertad de expresión no hubiesen hecho más que retroceder en estas décadas democráticas.

Pedro Garrido Niño de la Fragua (Jerez, 1983), con barba hipster y mirada azul celeste, no vive en una burbuja ajena a lo que le rodea. “Cómo vamos a ejercer la libertad de expresión si no ejercemos la libertad de pensamiento, si desde niños nos meten en un molde”. “Si todos nos parecemos mucho, somos más fáciles de dirigir”, reflexiona a bocajarro. Antes de que él naciera, las letras del flamenco ya reivindicaban y alertaban de las injusticias sociales. Como lo estuvieron en su día Morente y Gerena, o como lo estuvieron Menese y El Cabrero, este prometedor cantaor se declara abiertamente “indignado”. Maestro de formación —por ahora no ejerce—, aficionado al running y seguidor de Jodorowsky, celebra estos días el inminente lanzamiento de su primer alumbramiento discográfico, Libertad condicional. Un título como declaración de intenciones de un álbum insual en el panorama jondo contemporáneomás allá de excepciones en la periferia del flamenco. Concebido por sí mismo como “un momento único, pues obviamente será la última vez en mi vida que saque mi primer disco”, ha lanzado una campaña de crowdfunding para financiar parte de los costes de la edición. “Es muy bonito hacer piña y que la gente que te sigue sea cómplice y partícipe de tu aventura, de lo que tú consideras tan tuyo e íntimo como es tu nacimiento artístico”.

Nieto del mítico Tío Juane, aún recuerda este rara avis del flamenco de Jerez cuando su abuelo, junto a la fragua encendida, le hacía canturrear unas letras por martinetes con apenas cuatro años. Asegura que ha compuesto un disco “atípico”, con nueve cantes y un bonus track —“eso no lo metió en sus discos ni Morente”, bromea—, y con el que, desde luego, “no he querido ir a lo fácil”. “Quería salirme de esa etiqueta de soleá, seguiriya, fandango y bulería. En el disco hay cosas más actuales, populares también, pero que reflejan la actualidad de hoy, alguna queja envuelta en papel de regalo como reivindicación…”. En un disco tan personal como Libertad condicional no extraña que Pedro Garrido haya volcado muchas de sus vivencias personales e incluso algún que otro desengaño amoroso. “Hay una proyección de mí, como un hijo. Cerraba los ojos al grabar y me veía en la fragua”. Además, el corte ‘extra’, Ministerio del interior, es una rumba-tangos escrita por el propio cantaor, con música del guitarrista barcelonés José Luis Montón, y que supone “mi especie de tabla de mandamientos particular”.

¿Cuál sería su primer mandamiento?

Mi primer mandamiento quizás sea la honestidad y la coherencia conmigo mismo. Intentar no venderte a las modas, a las tendencias, y hacer lo que piensas y lo que dices, que todo vaya en la misma dirección. Pensar, decir y hacer lo mismo, ser fiel a tus principios.

 “Me siento preso y atado; siento cómo la clase política hace de todo un medio un tanto incómodo. Hay mucha gente que no está cómoda y no la ve como un ejemplo”

Acaba de poner en marcha una campaña de micromecenazgo para financiar su primer trabajo discográfico. Para que después digan que los flamencos de hoy no pasan fatigas…

Efectivamente. Y para que después digan que los flamencos de hoy, y en concreto los de Jerez, no estamos a la vanguardia, no hacemos cosas innovadoras y a las que se recurren ahora en cualquier ámbito cultural y artístico. Cuando hice público que haría la campaña, alguna persona me decía que pidiera un préstamo, sin comprender que esto va más allá del hecho de recaudar fondos.

¿Qué objetivo se ha marcado?

Me he puesto un objetivo económico muy humilde. Quiero llegar a 5.000 euros en 40 días, de los que, descontando el IVA y la tasa que se lleva la plataforma, no creo que llegue ni a los 4.000. Va a desahogarme un poco; el disco está al 98%, queda enviarlo a fábrica y hacer las copias físicas. He invertido mis ahorros de años y esto era más bien para tantear los apoyos y, con lo poquito que me quede y con la taquilla de la presentación del disco, hacerme una web, que aún no tengo y cumplir con las recompensas para los mecenas —tiene previsto grabar en directo su disco y remitir copias en DVD— que van a tener un hueco en este momento único para mí.

Parece que ya la única vía que les queda a los artistas emergentes para decir ‘aquí estoy yo’ es autofinanciarse. Eso también tiene sus ventajas.

El hecho de no haber contado con el patrocinio de nadie te permite crear con tranquilidad y decir lo que sientes, lo que piensas. Es la parte positiva de autoproducir y autofinanciar. Si este dinero te viniera, por ejemplo, de Prisa tendría que tener mucho cuidado con lo que cante y atender a muchas indicaciones. Llevo 14 meses trabajando en él porque he querido que sea una proyección de mí, como un hijo, y he conseguido que cada uno de los cantes me transporten a etapas de mi vida.

Ha titulado el trabajo Libertad condicional como metáfora de la sociedad actual. ¿De qué se siente preso?

Me siento un poco preso y atado. Siento cómo la política hace de todo un medio un tanto incómodo. Hay mucha gente que no está cómoda, que no ve en la clase política un ejemplo, un referente, una forma de hacer las cosas bien. Al contrario, son los primeros que dicen cómo tenemos que comportarnos y hacer las cosas, y hacen lo contrario. Yo, que pretendo dedicarme al mundo de la educación, que tengo el título, pero oficialmente no ejerzo, veo que tenemos un sistema educativo que no fomenta la libertad de pensamiento, el pensamiento crítico. Todos somos distintos, pero, claro, qué locura de sociedad sería ésta si cada uno fuera cómo es… Todo sería mucho más complejo. Es más fácil que un educador con 28 o 30 alumnos por aula enseñe a todos de la misma manera que tener en cuenta las habilidades, destrezas y predisposiciones de cada uno.

¿Ha dejado de tener sentido vivir indignados por lo que nos rodea social, política y económicamente viendo que no cambia nada?

Creo que nunca deja de tener sentido estar indignado, yo lo sigo estando e intento que esa indignación esté en mis letras. Por ejemplo, la seguiriya del disco, escrita por mí y titulada Corona de Rey, habla de trascender, de ir más allá de lo que se ve a simple vista, de despertar y tomar conciencia. Uno no puede hacer nada directamente porque los que dirigen son los que hemos votado. Hay una mayoría que ha votado a lo que tenemos, pero qué menos que nos indignemos y nos echemos las manos a la cabeza. Lo único que nos queda es la dignidad y la posibilidad de sentirnos indignados.

¿Se siente de alguna manera heredero de aquellos cantaores combativos del franquismo?

En concreto, en el disco tengo una malagueña, Malagueña del Desvarío, del Chato de las Ventas, un cantaor andaluz afincado en Madrid que murió represaliado. Era de estos que durante el franquismo le pilló en una época buena, iba de festival en festival, dando caña, cantaba en sus fandangos letras personales que daban caña al asunto. En una de estas se lo llevaron a un apartado y le dieron seis tiros. Fue víctima de la libertad de expresión. El hecho de ser reivindicativo no le costó caro, le costó la vida. Me enamoré de esta malagueña y es un homenaje a lo que le ocurrió.

¿Hay mucho borreguismo en el flamenco?

Creo que sí. Hay muchas personas que no se dan cuenta de que se pasan toda la vida cantando las verdades de otras personas, lo que otras personas crearon; y ni siquiera se lo plantean. Están cómodos en esa situación. No se preocupan por mirar hacia dentro, por pensar que están vivos y tienen cosas que pensar. Más que borreguismo, estamos como dormidos.

Y luego están los inventos del márketing.

Eso es ya llevar el borreguismo a su máxima expresión, es convertirte en marioneta y dejarte hacer. También eso afecta al público, que muchas veces tampoco tiene un criterio, no tiene muy claro qué es exactamente lo que le gusta, no valora con un juicio con fundamento. Da un poco de pena que el público se vuelque con aquellos que son alzados y ayudados y dan a éste lo que quiere oír. Volvemos a aquello del pan y circo en Roma, y todos felices… con la cantidad de cosas que hay que cantar y con las muchas que hay que reivindicar. El arte es un reflejo de la sociedad en la que vivimos y no veo que nos preocupemos de cantar lo que nos duele

“El arte es un reflejo de la sociedad en la que vivimos y no veo que nos preocupemos de cantar lo que nos duele”

“Soñar y cantar me mantienen despierto”, escribía el otro día en su cuenta de Facebook. ¿Con qué sueña?

Sueño con cantar y cuando canto sueño, es como la misma cosa. Una cosa alimenta a la otra. Cuando me acuesto y sueño me imagino cantando, presentando mi disco, y cuando canto, pues parece que estoy soñando. Es algo precioso e indescriptible. 

¿No se siente a veces un bicho raro, en particular, en un mundo tan complejo como el del flamenco?

Soy una persona muy inquieta, tengo claras las cosas, estoy ahí luchando de la forma más honesta, humilde y sensata por hacerme un hueco.

¿Qué recuerda de su abuelo?

Cuando él murió yo tenía 11 años, pero lo recuerdo todo tan reciente y tan fresco… Era una persona que, siendo humilde, pisaba muy fuerte y su presencia deslumbraba. Estuvo con Mario Conde y Felipe González, y cuando hablaba sentaba cátedra, era la experiencia personificada. Así lo recuerdo.

¿Qué le inculcó?

Siempre me inculcó que tenía que beber de la tradición, que nací y me crie en una fragua y ese tenía que ser mi punto de partida, que eso no se podía perder porque era como un tesoro, me lo inculcó tanto que me pedía con cuatro años que le cantara por martinetes. Y sigo bebiendo de la fuente, pero no copio lo que escucho, sino que me lo tomo como un referente. Como cuando escucho a Manuel Torre. No he pasado necesidad en mi vida y no puedo hacer los cantes de Torre porque sería una estupidez. Es una guía de alguna manera: miro cómo refleja la sociedad en la que él vivió, y yo intento reflejar la que vivo yo, siendo coherente conmigo mismo.

¿Cómo puede uno pretender ser único en un mundo tan contaminado por influencias, réplicas y viralidades?

Es difícil. Verás, ya somos únicos, no hay dos personas iguales, pero con tanto bombardeo, influencia, publicidad, globalización… si grabas en Jerez se ve en todo el mundo. ¿En este contexto cómo puedes ser único? Ah, hostia, hay una frase muy bonita que me da argumentos incluso para mi segundo disco: para ser creativo, único, especial, tienes que olvidarlo todo y volver a empezar. El primer paso para abstraerte es darte cuenta del bombardeo y el condicionamiento. Cuando tomas conciencia de que tú ser esencial está debajo de ese fango, de esa mierda, de esas capas de cebolla, pues oye, sigues siendo alguien que está muy lejos del único que eres, pero al menos eres consciente de qué ha ocurrido.

¿Qué es para usted ser revolucionario hoy en día?

Para mí ser revolucionario es lo que te decía, volver a ser el único que somos todos. Es algo tan complicado, estamos tan mediatizados y bombardeados, que si consigues volver al kilómetro 0, eso sería ser revolucionario. No es apuntar lejos, para arriba, tiene que ver con conectar contigo mismo. Estamos tan envueltos y vendidos por las modas y las tendencias que nos hemos olvidado de nosotros mismos y estamos perdidos, por eso no hay revolucionarios, no sabemos ni quiénes somos. Cantamos las verdades de otras personas y hay que recuperar el sentido de lo que uno siente. No estamos acostumbrados. Cuando uno canta sus verdades es un cañonazo de luz que te ciega.

“Parece que hoy la función del arte fuera solo conservar y mantener el legado que nos han transmitido, pero ya. No tenemos nada que contar”

¿Sobran inventos en el arte y falta esa verdad de la que habla?

No canto una cosa y pienso otra. Eso en los tiempos que corren es un cañonazo de esperanza y revolución. Claro que falta verdad y eso comienza a cambiar cuando te das cuenta de que durante mucho tiempo los cantaores, y en el arte en general, no tenían los medios y recursos que tenemos ahora. Te hablo de 1850 o 1900, cuando toda esta locura del flamenco comenzó. No había los recursos que tenemos ahora para prestar tanta atención a la técnica. No tenías más remedio que ser personal y creativo, abrías la boca y cantabas lo que sentías, tu verdad. Parece que hoy la función del arte fuera solo conservar y mantener el legado que nos han transmitido, pero ya. No tenemos nada que contar. Es como si fuéramos robots o grabadoras andantes: estudiar, cuidar la técnica, la afinación… ¿No tenemos nada que decir? ¿Y mi verdad, a quién se la cuento? La técnica es el 30% de lo que ocurre en el escenario, solo para saber comunicar lo que sientes, y el 70% restante debe ser corazón y verdad.

Usted, que es también eso que ahora llaman ‘runner’, ¿cree que es parecida la soledad del corredor de fondo a la del artista que sube al escenario?

En cierto modo sí, y es bonito. Yo cuando corro intento dejar la mente en blanco, no pensar en nada, una especie de pseudomeditación, y cuando canto hago lo mismo, dejar que lo que tenga que salir salga. En ese sentido, cantar y correr largas distancia ofrecen la misma sensación de fluir, de dejar que las cosas pasen.

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