Opinión

Niñas, mujeres

Parece reinar una gran confusión entre las personas que, desde una ideología machista, no terminan de ver clara la diferencia entre una niña y una mujer. Seguramente porque hay una tradición que a partir de la primera menstruación considera que la niña ya es mujer  ya que puede quedar embarazada, lo que nos devuelve a la época arcaica y tribal donde no existían, como hoy, los conceptos de infancia y adolescencia, minoría de edad y su necesaria protección.

Si bien, el concepto de infancia mismo vuelve a ser confuso, puesto que terminaría cuando empezara la adolescencia. Sin embargo, los códigos penales de los países de nuestro entorno han dejado claro el concepto de mayoría de edad y la capacidad para consentir, lo que ha resultado reforzado con los nuevos conceptos de “no es no” o “solo un sí es sí”, que han venido, precisamente, a dejar fuera de toda duda la expresión del consentimiento. Sin duda, reducir a niña a toda mujer ha sido también la estrategia para reducir la capacidad de consentimiento de las mujeres adultas.

El caso de la joven menor violada, según sentencia, por la conocida como manada del Arandina pone de manifiesto varias cosas y la primera es cómo están siendo tratadas las víctimas según quiénes sean y por qué sean víctimas.

La segunda cosa que pone de manifiesto es el papel de la Fiscalía, que no está para acusar sino para garantizar el respeto al Derecho en un acto de ataque al Estado y a la sociedad. ¿Dónde tuvo la Fiscalía sus ojos, su memoria, su conocimiento y su criterio en el caso de la conocida como manada de Pamplona para la que no se observó la colaboración necesaria de todos los violadores? Además, la sociedad se siente estafada por la desproporción y la intuición de que todo puede depender de factores ajenos a los hechos concretos, y que los delitos contra la libertad sexual siguen siendo tolerados, a la vista precisamente de la sentencia contra la “manada arandina”.

Hay una España, la que acaba de celebrar su idolatría hacia la virginidad de María, defendida por personas de una concreta y derechista postura política, que ve con disculpa, sin embargo, la violación de una adolescente o una mujer y se pregunta qué habrá hecho ella, si iba pintada o cómo iba vestida. Tan solo bastaría que una mujer se desnudara en una playa para convertirse en una invitación para los cafres. El simple biquini o una tanga parece que le bastarían a alguno para sentirse con derechos. El himno contra el violador se abre camino, por esto mismo, contra el violador y todøs sus disculpadorøs: “el violador eres tú”, el que viola.

Hay posiciones ideológicas en las derechas que pretenden que una adolescente no puede decidir si va a ser madre o no, si quiere abortar o no, sin el consentimiento de sus padres, precisamente porque es menor, pero es tomada como una mujer adulta cuando resulta violada, adulta porque se viste de tal o cual manera y provoca. Algo peor, que un varón se sienta encendido sexualmente por una menor da la idea de la calidad de adulto que tiene ese varón, de su animalidad y su elementariedad arcaica. ¿Dónde queda la diferencia entre el ser humano, como administrador de sus instintos, y la bestia?

Peredastia podría ser la palabra que Lolita nos robó, porque Nabokov escribió una novela que causa mayor fascinación que luz para la crítica. El machismo ha mitificado sus propios deseos o sus disparates. Acabamos de escandalizarnos porque una de 14 años tuvo que escapar para no casarse en un matrimonio forzado, ¿cuántos de los que han expresado su repugnancia en bares y tabernas miran con benevolencia a violadores y manadas? Lo pregunto sinceramente.

Los insultos dirigidos a mujeres que no gustan a los cafres ideologizados suelen terminar en que la tal mujer es una puta, sinónimo para ellos de que, finalmente, se podría hacer con ella lo que se quisiera, cosa tampoco cierta. Incluso a Greta Thunberg le han dedicado tal calificativo en algún lugar de eso tan conocido como las redes sociales, siendo menor y solo por ser una activista contra la destrucción del clima. Porque curiosamente hay quienes niegan la destrucción del clima al tiempo que niegan a las mujeres como seres independientes de los varones e insisten en reducirlas a floreros bajo el dominio de los hombres.

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Un comentario

  1. Realiza usted una muy buena exhibición de ignorancia jurídica. Nadie tiene ninguna confusión sobre la edad que tenía la supuesta víctima de la manada arandina (15 años en el momento de los hechos) y nada tiene que ver eso con ninguna ideología machista, cosa que sólo está en su mente. Que la víctima sea niña o mujer carece de relevancia jurídica; sólo importa la edad que tenga para determinar el tipo delictivo y la cuantía de la pena.
    La sentencia de la manada arandina es espeluznante, un completo despropósito jurídico, y la clara demostración de la regresión en materia de derechos y garantías jurídicas a la que nos está llevando la izquierda dizque “progresista” que está finiquitando dos avances claves que costaron siglos obtener: la presunción de inocencia (nadie es culpable hasta que se demuestra que lo es; nadie tiene que demostrar su inocencia) y el derecho de defensa, que son dos pilares esenciales de cualquier democracia. Cualquiera con sentido común que lea la reciente sentencia del caso de la manada arandina (sentencia que el autor, evidentemente, no ha leído) observará fácilmente que la presunción de inocencia de los condenados brilló por su ausencia. La supuesta víctima estaba colada por uno de los jugadores, asistía asiduamente a los entrenamientos, le pidió (y obtuvo) ser su seguidora en las redes sociales, se intercambiaron mensajes de alto voltaje sexual, ella le envió hasta 18 mensajes para concertar una cita que el condenado no contestó, finalmente quedaron para tener relaciones sexuales y acordaron hacer trío, ella no sólo no se negó, sino que consintió (aunque no dijera “sí” expresamente; quien diga que sólo sí es sí lo ignora todo sobre el cortejo) y en ningún momento manifestó su deseo de irse, estuvo presumiendo con sus amigas de lo que había hecho y gastó bromas al respecto, la denuncia no la formuló la supuesta víctima, sino su madre, la supuesta víctima cambió su declaración en cuatro ocasiones con sendas versiones que se contradecían entre sí, hubo declaraciones de testigos que mostraron los mensajes de whatsapp de la supuesta víctima ufanándose de lo que había hecho, quien además amenazó a los condenados con inventarse lo que fuera para fastidiarles la vida si llegaban a contar lo que había pasado, y ningún examen forense determinó que la supuesta víctima hubiera sido forzada. Pese a todo ello, el tribunal no ha dado valor a ninguna de las pruebas favorables a los condenados y ha dictado la sentencia de culpabilidad basándose únicamente en la declaración de una supuesta víctima que carece de credibilidad a todas luces. Lo más probable es que al saberse descubierta por su madre dijera que la violaron para no reconocer que había sido ella quien voluntariamente participó en esos actos sexuales. Además, el tribunal ha aplicado la demencial doctrina del Tribunal Supremo que considera que no es un delito continuado, sino tres delitos separados, para triplicar las condenas. Así, a estos tres veinteañeros les han caído 38 años de prisión a cada uno, una burrada, les han arruinado la vida para siempre. Un completo disparate. Esos tres chavales han terminado con unas condenas a todas luces desproporcionadas por haber hecho el idiota. Tendrían que haberles dado un escarmiento con una condena de 3 ó 4 años de prisión, por estúpidos, y aprenderían la lección y podrían rehacer luego sus vidas. Pero los han condenado al equivalente de tres homicidios cada uno. Una monumental injusticia; sobre todo si se compara con la condena de 5 años al monstruo que mató a un hombre por una disputa de ideología política en un bar, agrediéndole por la espalda y pateándole la cabeza repetidamente cuando estaba caído inconsciente en el suelo, y que ya antes tuvo una condena de 3 años de cárcel por dejar paralítico cerebral a un policía, padre de cuatro hijos, a quien rompió una maceta en la cabeza. Esta es la “Justicia” politizada que tenemos; da verdadero pavor. Si alguien es tan ingenuo que piensa que esta sentencia de la manada arandina protege a las mujeres, está muy equivocado; la diferencia entre las condenas por agresión sexual y por homicidio es tan absurdamente pequeña que a los verdaderos delincuentes sexuales les interesará matar a su víctima después de violarla, descuartizar el cadáver y hacerlo desaparecer, como probablemente ha hecho el sospechoso de la desaparición de Marta Calvo, porque, si la acusación no logra probar la violación y el asesinato (cosa casi imposible sin cadáver), sólo serán condenados por un delito menor como es la profanación de un cadáver en el peor de los casos.
    Y lo que ya es de aurora boreal es cuando usted entra en absoluto desbarre mental y pretende relacionar la crítica (muy fundada) a esta espeluznante sentencia con la creencia en la virginidad de María (que es un dogma católico transversal a todos los creyentes, sean de la tendencia política que sean) o con la barbaridad de que una menor de edad decida abortar sin conocimiento de sus padres o con el machismo o con la pederastia. Usted sí que es un cafre intelectual. Documéntese antes de ponerse a escribir y aprenda a no mezclar churras con merinas. ¿De verdad que consigue que le paguen por escribir esa basura?

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