Editorial

Ni Pacheco, ni Pilar, ni Pelayo, 20 años después

EDITORIAL. El salón de plenos se encuentra por primera vez en dos décadas sin la presencia física, juntos o por separado, de alguno de los tres últimos líderes políticos que han dejado la ciudad y el Ayuntamiento que sufrimos hoy.

El salón de plenos se encuentra por primera vez en dos décadas sin la presencia física, juntos o por separado, de alguno de los tres últimos líderes políticos que han dejado la ciudad y el Ayuntamiento que sufrimos hoy.

En los últimos veinte años siempre estuvo alguno presente en el salón de plenos municipal. Desde junio de 1995 hasta este 30 de septiembre, Pedro Pacheco, María José García-Pelayo y Pilar Sánchez, revueltos o separados, aliados o a querella limpia, han liderado la política jerezana y han dejado la ciudad y el Ayuntamiento que esencialmente sufrimos hoy. La gresca política insana, alejada de los intereses reales de la ciudadanía y elevada hasta el veneno del odio personal, ha supuesto un daño difícilmente calculable para la ciudad de las próximas décadas. Los aciertos son superados ampliamente por un cúmulo de decisiones, medidas y proyectos sencillamente lamentables.

La ausencia de la líder del PP de Jerez en la sesión ordinaria de pleno de septiembre, que ha preferido refugiarse en su cargo en el Senado –y aforada- que asistir a un intenso debate municipal, es polisémica. No es solo lo que significa a nivel de la política local, por la triple coincidencia de ausencias tras dos décadas cargando a cuestas con esta triada y sus cuitas político-personales, sino también por la relevancia interna que tiene en las filas populares. Tras el revés en las pasadas municipales y la losa judicial –especialmente la de la Gürtel– en su espalda, la marcha de Pelayo estaba cantada más temprano que tarde. Y además es que conviene a todos. Conviene a Jerez, que al fin pasará la página –al menos físicamente, la herencia ya es otra cosa- de cinco legislaturas catastróficas; e interesa al PP, que poco a poco renueva sus liderazgos internos en la ciudad tras dejar caer a Bernardo Villar al principio del anterior mandato y mantener ahora en el alambre a una Pelayo en franca retirada. ¿Jubilará al fin a Aurelio Romero?

El PSOE parece que olvida a veces que necesita de otros 7 concejales para gobernar. Apoyos que pasan por informar, escuchar y negociar.

Antonio Saldaña es el gran beneficiado de este reset popular. Cómodo y con puesto garantizado en el Parlamento de Andalucía, no oculta el que fuera vicealcalde en el anterior mandato que sueña con ser alcalde de Jerez. Hoy ha utilizado el ‘no toca’ de Pujol cuando el PSOE le ha metido los dedos por la cuestión, pero parece obvio que será el alcaldable en 2019. Ha adoptado como líder de la oposición una rebaja en el tono –“respeto a los socialistas de verdad”, “no soy portavoz de toda la oposición, pero el discurso del resto de grupos es coherente y razonable”, “que se grave a los bancos por tener viviendas vacías”…- e incluso se ha permitido abstenerse en temas como la readmisión de los afectados por los despidos en el Ayuntamiento y la adhesión al Pacto Social del Agua. ¿Incoherencia frente a decisiones anteriores o gesto de cara al futuro?

Que Saldaña lidera casi con manos libres el PP en Jerez salta a la vista. Solo hay que echar un vistazo a la foto de la expedición de los populares jerezanos a Cataluña para participar en la jornada del 27S y se comprueba fácilmente quién ocupa el simbólico espacio medular en la derecha jerezana. Por lo demás, la sesión también ha sido significativa en cuanto al baño de realidad que ha recibido el PSOE de Mamen Sánchez, que a veces parece olvidar que necesita de otros 7 concejales para sacar adelante los temas de enjundia y que para recabar esos apoyos ha de informar, escuchar y negociar. La negativa de Ganemos e IU de respaldar la petición de un anticipo de la PIE con cargo a 2016 se reconducirá en un pleno extraordinario –de lo contrario, habrá serio riesgo de default municipal-, pero el aviso a navegantes debería poner al escuálido ejecutivo socialista en alerta y empezar a pararse a pensar más que a dedicarse al buenismo y a los retratos y protagonismos estériles. Ni Pacheco, ni Pilar, ni Pelayo han pisado el pleno dos décadas después. ¿Una señal?

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