Sociedad

Negación, drogas, intento de suicidio y fe: la lucha de un trans andaluz “para ser uno mismo”

El onubense Lucas Alcázar, de 35 años de edad y que escribió una carta contra la propuesta tránsfoba del PP, cuenta cómo ha estado años en silencio "sintiéndome algo malo", por vivir en "una sociedad equivocada"

Lucas recuerda cuando, en el sofá de su casa en 2004, escuchó cómo la entonces alcaldesa de Madrid, Ana Botella, definió el matrimonio homosexual así: “Si se suman dos manzanas, pues dan dos manzanas, y si se suman una manzana y una pera nunca pueden dar dos manzanas porque son componentes distintos”. Por aquel entonces, Lucas definió —tres años antes—, su orientación sexual a su entorno más cercano. Y ante el aluvión de mensajes de odio que recibió por parte de la sociedad heteropatriarcal, se enfundó en la bandera arcoiris y luchó, desde que alcanzó la mayoría de edad, por los derechos del colectivo LGTBI. No obstante, “salir del armario” de la identidad le llevó 34 años. “He estado años en silencio, sintiéndome algo malo”, cuenta a lavozdelsur.es.

“Llevo toda mí vida considerado un ciudadano de segunda, nací y por mi genitalidad se me consideró mujer. Por amar distinto, bajé a la tercera categoría. Ahora cuando comienzo a vivir conforme a lo que ya sé que soy, ya soy de cuarta”, escribió Lucas en este digital, en una carta dirigida al PP, tras conocer que ahora, en el 2018, el Partido Popular quiere que las personas trans sigan obligadas a declararse enfermas para cambiar su nombre y sexo legales. “Aunque la psiquiatría no nos considere enfermos mentales, ellos —PP— quieren seguir considerándonos así. Yo no me considero ningún enfermo mental, más bien considero que los enfermos mentales son ellos. Es querer hacer daño a una población bastante jodida”, comparte.

Es curioso como casi nadie te pregunta cómo estás, pero mucha gente sí que me pregunta por mi genitalidad

Lucas Alcázar (Huelva, 1983) ha empezado a sentirse él mismo desde hace cuestión de un año. “Recuerdo un momento en mi vida que es cuando empecé a prohibírmelo. Yo me afeitaba cuando era pequeño, hasta que tomé conciencia de que eso no lo podía hacer. Fue ahí cuando me frené porque pensé que no estaba bien. Siempre me he sentido más masculino que femenino, pero nunca se lo expresé a nadie, me moría de la vergüenza”, relata. Durante 34 años, Lucas se ha sentido frustrado, castrado “por no permitirme ser yo”. Se vio obligado a vestirse femenino, a adaptarse al rol de mujer “para gustarle a la gente”. Aun así, en su adolescencia no paró de recibir insultos: machorra, bollera… “Era muy lapidante, lo que hacía era cerrarme más en mi mismo”, dice.

Lucas Alcázar en un ‘selfie’. FOTO: LUCAS ALCÁZAR.

Todo cambió cuando Lucas, en 2017, encontró en internet el canal Cultura Trans. Fue ahí donde descubrió que podía ser trans masculino sin necesidad de agarrarse a las normas sociales que imponen los roles, ya que él se considera trans masculino, “no hombre trans”. “Primero porque he sido educado como una mujer, y segundo, porque este proceso ha sido más identitario que otra cosa, para ser yo y no para convertirme en otra construcción social más”, explica. El joven onubense le fascinó tanto el canal que quiso conocer a los promotores, dos chicos de Barcelona. “Estuve con ellos en Cataluña y fue la primera vez que me sentí entre iguales. Me sentí comprendido”, destaca. No solo eso, Lucas probó que se dirigeran a él con el pronombre masculino, “y fue decir, joder, esto es lo que yo soy y he estado toda mi vida intentando taparlo”.

Pero para conseguir ser él mismo, en 35 años Lucas cayó en las drogas, ha pasado por una clínica y por un quirófano, intentó suicidarse y ha vivido en el ostracismo social, sintiéndose algo malo. “Así que imagínate lo que ha sido”, incide. Cuenta que empezó a drogarse con 28 años, a raíz de que no querer seguir planteándose su identidad. “Lo hacía para evadirme de mi vida, por no querer plantearme nada”. Y para salir de la adicción, buscó su lado más espiritual. Consiguió rehabilitarse gracias a una clínica y al Evangelio, cuenta. “Empecé a investigar, a practicar todo tipo de espiritualidades, hasta que encontré la fe, ese sentimiento. Estuve buscándola hasta que encontré un sitio donde sentirme seguro y tranquilo. Y para mi la fe es eso, confiar en que todo va a salir bien”.

“Es curioso como casi nadie te pregunta cómo estás, pero mucha gente sí que me pregunta por mi genitalidad”, ríe frustrado. Ante todo, quiere dejar claro que “yo no vivo en un cuerpo equivocado, sino en una sociedad equivocada. Yo he necesitado modificar mi cuerpo porque soy un ser social, y tal y como tenemos este sistema montado…”. Lucas indica que empezó a hormonarse hace un año, en 2017. “Al principio me sentí muy nervioso, pero lo necesitaba porque sentía la necesidad de verme diferente. Quise hacer un cambio corporal y decidí hacerlo por eso, pero respeto aquellos que no deciden hacerlo”, expresa. “Y ahora, conforme ha ido pasando el tiempo, me siento mejor. Ahora por primera vez me gusto, me siento cómodo… Me siento muy bien”, enlaza.

Lo más importante es ser uno mismo. Da igual el resto de la sociedad. Y buscad a gente que os escuche, que creo que el mayor problema que hay es que no solemos escucharnos y respetarnos

Para poder cambiar de identidad de género, Lucas tuvo que enfrentarse a un cuestionario médico que perpetúa los roles de género del patriarcado. “Me preguntaban si me gustaba la floristería, el fútbol… Claro, te metían en los roles de género. Y si tú quieres hacer este cambio, le dices que sí a todo lo masculino”. Él, para intervenirse, tuvo que firmar un papel en el que decía que era un hombre transexual, “cuando no me identifico así”, sino como un trans masculino. “Pero cuando te enfrentas a la sociedad, como hombre, la propia sociedad te arrastra”. “Ahora echo la mirada atrás y me digo: Hay que ver lo que he tardado, el tiempo que he perdido de mi vida y todo por no ser yo, porque nunca terminé de ser yo”, lamenta.

Desde este medio, Lucas le manda un mensaje a todos aquellos que estén pasando por lo mismo que él sufrió: “Lo más importante es ser uno mismo. Da igual el resto de la sociedad. Y buscad a gente que os escuche, que creo que el mayor problema que hay es que no solemos escucharnos y respetarnos”.

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