Opinión

Mujeres rurales

Uno de los días internacionales que más justificada tiene su existencia es el Día Internacional de la Mujer Rural, que se conmemora mañana, 15 de octubre desde que la Asamblea General de Naciones Unidas lo decidiera en 2007.

Las mujeres de las zonas rurales suman “más de un tercio de la población mundial y más de un 43% de la mano de obra agrícola”, desempeñan un papel decisivo en el desarrollo de sus zonas y, a pesar de ser “tan productivas y buenas gestoras como sus homónimos masculinos”, no disponen de acceso en condiciones de igualdad a la propiedad, los créditos, los servicios,… Indispensables pero invisibles. Nada nuevo bajo el sol.

Poner no sólo fecha en el calendario sino nombre y apellido, a ellas, personalmente, es esencial para avanzar en su reconocimiento. En Jerez, precisamente por la amplitud de su ámbito rural y por los núcleos poblacionales creados al amparo sobre todo de los planes del Instituto Nacional de Colonización, tenemos multitud de ejemplos reseñables.

Déjenme que les hable de las hermanas Padilla, Anita y Manuela, capaces de recoger en su juventud más de cien kilos de algodón al día, más que cualquier otro hombre o mujer, en los años en los que esta labor se hacía manualmente en nuestra zona y que comenzaron a hacerlo, como era habitual, con apenas seis o siete años. Y de Lola Joya, que ha dejado de ser vocal del Ayuntamiento de su pueblo la pasada primavera, con más de 75 años, y que además de haber recogido algodón y haber trabajado en mil espacios para sacar adelante a sus hijos siendo una viuda jovencísima, milita con entusiasmo juvenil en la izquierda y ha liderado durante años una de las asociaciones de mujeres más longevas de Andalucía, la asociación de mujeres progresistas Las Rosas, de Guadalcacín.

Quédense con el nombre de Encarnación Marín Sánchez, miembro de una de las dos primeras familias en llegar a El Torno, en febrero de 1936; que además de trabajar en las parcelas de su familia biológica y después política, cosía “para fuera”, a veces durante toda la noche, sabedora de que su trabajo proveniente de la zona rural se pagaba mucho peor que en el Jerez urbano y que después de emigrar a la próspera Cataluña, volvió a su pueblo en su vejez, donde sigue.

Celebren las coplillas y las sevillanas de la ya fallecida Esperanza Román escritas los acontecimientos de su pueblo, San Isidro del Guadalete, y que compartía con sus vecinos y vecinas en fechas señaladas.

Apunten el nombre de Inés Moreno Sánchez, que desde la presidencia de Apafi, en Bornos, busca con ahínco mejorar la calidad de vida y también el día a día de las mujeres que, como ella, padecen fibromialgia.

Quédense con la solidaridad, la fortaleza, el sentido del humor, las ganas de compartir, el afán por progresar, seguir aprendiendo y  buscar lo mejor para sus pueblos de estas mujeres rurales – Isabel, María, Paqui, Manoli, Luisa, Juani, Francis, Ana Mari, Mari Paz, Pepa, Carmen,…- y celebren que sus entornos familiar y social florecen, en buena parte, porque ellas están ahí. Cada vez, afortunadamente, más visibles y guerreras.

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