Política

Moreno Bonilla, del Don Ángelo a las Cinco Llagas

El virtual nuevo presidente de la Junta protagoniza el discurso de la primera sesión del pleno de investidura en el Parlamento Andaluz con llamadas a "gobernar para todos" y "sin ideologías". Apela a Machado y a Lorca, entre otros, mientras sabe que podrá cumplir poco o nada de lo prometido

El 22 de enero de 1939, a las tres de la madrugada, don Antonio abandonaba Barcelona rumbo al exilio republicano de Collioure después de resistir una huida forzosa de España tras el Golpe y la Guerra Civil. 80 años después, un 15 de enero de 2019, el virtual nuevo presidente de la Junta de Andalucía Juan Manuel Moreno Bonilla —no será hasta el viernes cuando tome posesión—, que para hacer realidad este inesperado desenlace tras las últimas elecciones del pasado 2 de diciembre contará con el apoyo de la derecha liberal de Ciudadanos como socio de gobierno y la derecha totalitaria de Vox como socio en espíritu, ha pronunciado en la primera sesión del debate de investidura de la XI Legislatura andaluza cuatro palabras del ideario de Machado: “Hoy es siempre todavía”. A lo que podría haber añadido: “Ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos…”.

Pero pese a los esfuerzos de Juanma Moreno, entre los fríos muros del antiguo hospital de Las Cinco Llagas, sevillana sede del Parlamento andaluz, por maquillar y apelar a la concordia y la buena voluntad que reúnen estos discursos, no puede obviarse aquello que dictaba Juan de Mairena, alter ego de don Antonio, a sus alumnos: “La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero”. O como también escribía en esas páginas Machado, “lo corriente en el hombre es la tendencia a creer verdadero cuanto le reporta alguna utilidad. Por eso hay tantos hombres capaces de comulgar con ruedas de molino”. “Os hago esta advertencia –añadía mirando a su clase— pensando en algunos de vosotros que habrán de consagrarse a la política”.

Moreno Bonilla, a su llegada al antiguo hospital de Las Cinco Llagas. FOTO: PP ANDALUZ

Consagrado a la política desde hace unas tres décadas, el inminente nuevo presidente del Gobierno andaluz ya trabaja para incumplir sus compromisos, e incluso los compromisos que demandaba desde su bancada cuando estaba en la oposición, como aquellos, sin ir más lejos, mediante los que imploraba al PSOE que dejara, llegado el caso, que gobernara la lista más votada. Pero ahí donde ven incoherencia, lo que puede verse es que antes aquella demanda le venía bien y hoy le favorece la contraria. El cambio ha llegado. Y hoy es siempre todavía.

Ha hablado una de las contrincantes de Moreno, la líder andaluza de Podemos, Teresa Rodríguez, de impostura cultural, tras un primer discurso de investidura trabajado a la velocidad de Wikipedia, mientras sigue a todo trapo de fondo el folklore más casposo y los niños repelentes en Canal Sur. Derrochona tele pública que los nuevos gobernantes prometen cerrar, pero menos. 600.000 empleos prometía Moreno Bonilla en campaña para la región y ya no queda ni rastro de brote verde de ese compromiso en la Andalucía que hereda, la de la exclusión social y la fuga de talentos. No se os olvide.

Brote verde el de Vox, en todo caso. ¿De qué hablamos cuando hablamos del auge de Vox? Sobre todo, de manipulación y desvergüenza. Nada nuevo por estos lares. Los ultras dan alas al PP y a la protesta, que ahora sí moviliza y une a la izquierda, al PSOE y a la de más allá. Han rodeado el Parlamento miles de personas, especialmente mujeres, que han vuelto a entender que los derechos, gobierne quien gobierne, se defienden. Vox las ha equiparado a la kale borroka. Por esa regla de tres, ellos infundirían el miedo de esos templarios a los que pertenecía Breivik, el psicópata ultraderechista noruego de la isla de Utoya. Antes de Machado, el presidente popular, que será el primer presidente no socialista de la historia de la autonomía andaluza en 36 años, ha citado con la mano izquierda a Lorca mientras planifica derogar la ley de memoria democrática con la mano derecha.

Es Moreno Bonilla un superviviente de la política, no cabe duda. Y ha sumado individuos y voluntades donde todo esto iba a ser campo una vez más para el PP

Empezó la campaña Moreno Bonilla ante una casa de alterne, el antiguo puticlú Don Ángelo, el de las tarjetas blacks de los sociolistos, y acaba convirtiendo Las Cinco Llagas en una casa de citas. De Virgilio a Machado, pasando por Alberti, a punto de ser investido prostituyendo los principios constitucionalistas y maquillando con su presunta bonhomía y mano tendida un pacto de gobierno peligroso. Mucho. Peligroso para su partido —los idéologos de Casado piden volver al centro, que es donde se ganan elecciones— y peligroso para su principal socio, Ciudadanos, que por primera vez gobernará en una administración en este país y lo hará acompañado de la muleta torcida de un temerario muletilla ultramontano.

Es Moreno Bonilla un superviviente de la política, no cabe duda. Y ha sumado individuos y voluntades donde todo esto iba a ser campo una vez más para el PP. Ha convertido la peor de las derrotas —esas que ni siquiera obtenía su padrino Arenas— en una clamorosa oportunidad para lo que ha considerado el “cambio” y una necesidad “obvia” de cambio. Pero no se puede asegurar, como ha hecho, que gobernará sin importar la ideología con el acuerdo firmado con Vox: 37 medidas donde sobran principios ideológicos ultras y trasnochados, y faltan medidas para poner coto a la sangría de un paro que devora a casi 800.000 andaluces. No se puede sostener que no habrá redes clientelares, como ha dicho, siendo del PP, un partido condenado por corrupción y que ya trató de introducir a la trama Gürtel hace década y media por Jerez —juicio pendiente—.

Con el 21% de los apoyos, será difícil que le concedan a Juanma ni 100 días de cortesía. Y será imposible lo que ha planteado: “Gobernar para todos”. Una entelequia que es antítesis de la gestión del interés general y de la política. Si quisiera gobernar para todos, verbigracia, habría dejado que gobernase la lista más votada. “Lo corriente en el hombre es la tendencia a creer verdadero cuanto le reporta alguna utilidad”, decía el Juan de Mairena de don Antonio. A Machado ha mentado en vano Juanma. A Machado, que denunciaba el mal de los totalitarismos y los fascismos, que abominaba del pensamiento único y peleaba por una sociedad crítica y justa.

Y Ciudadanos, ¿dónde queda Ciudadanos? Este miércoles será el turno del nuevo vicepresidente virtual Juan Marín, que tendrá que explicar por qué ayer apoyaba al PSOE desde la barrera y hoy, dentro del ruedo, bendice al PP andaluz con el aval de la ultraderecha. Y tendrá que afrontar el peso del primer gobierno que defiende desde dentro Ciudadanos y habrá que ver cómo se toman según qué decisiones sus socios liberales europeos y, sobre todo, su caudal de potenciales votantes nacionales. Demasiado para un humilde relojero sanluqueño, quizás. Maquiavelo pedía que se procurase que el enemigo nunca tuviese razón.

Pero, ¿y la izquierda? Volvamos a Juan de Mairena: “Nuestros políticos llamados de izquierda, un tanto frívolos —digámoslo de pasada—, rara vez calculan, cuando disparan sus fusiles de retórica futurista, el retroceso de las culatas, que suele ser, aunque parezca extraño, más violento que el tiro”. Y en esas están. En esas estamos. Cualquier día nos cruzamos, parafraseando a Ruibal, con Don Pelayo pagando en el puesto de peaje de Las Cabezas. En política, una vez más Machado, “solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire”. Y el aire huele ahora un poco peor en Andalucía.

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Un comentario

  1. La Ley de memoria histórica pretende imponer el criterio de un grupo de “sabios” por obligación. La historia de la humanidad en cualquiera de sus etapas no se impone. Se revisa, se documenta y se divulga para que todo el mundo pueda conocer las ideas y conocimientos que se tiene en cada momento de lo que se sabe o que se supone ocurrió. Muchos acontecimientos históricos han cambiado y cambiarán de interpretación, pues aparecen nuevos hallazgos arqueológicos, documentos o manifestaciones que provocan giros a veces sorprendentes.
    Imponer un criterio como verdad absoluta, adoctrinar ideológicamente a los menores de edad y pretender fiscalizar y multar al que no lo comparta es antidemocrático y dictatorial.

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