A boca llena

Molly Malone: el pub irlandés donde reina la hamburguesa

Cumple su mayoría de edad en El Puerto con Bertín Osborne, Niña Pastori y Sara Baras entre su numerosa clientela

Hace años que encuentro cada verano en El Manantial el descanso necesario para cargar las pilas. En todo este tiempo habré pasado cientos de veces por delante del centro comercial Molino de Viento, a la altura del kilómetro 5 de la avenida de Fuentebravía. Sin embargo, hace poco supe de boca de un amigo que uno de los locales lo ocupa un pub irlandés que, más que por su música y sus cervezas, tenía bien ganada fama por sus hamburguesas.

Molly Malone es fruto de la corazonada de un escocés, Ian. Hace 18 años, contra la voluntad de su mujer, Juani, hija de un militar norteamericano y de una sevillana, decidió regresar desde Reino Unido, donde trabajaba como inspector de juego en los casinos, hasta El Puerto. Allí, en el Casino Bahía de Cádiz, se habían conocido trabajando años antes, y querían recuperar la calidad de vida que echaba de menos.

En plena búsqueda, vieron el inmenso local de 360 metros cuadrados en dos plantas y terraza que todavía hoy ocupan, e invirtieron sus ahorros. Aunque ya hay otros muchos lugares en la zona donde se asa igual la carne, Molly Malone fue pionera en utilizar la barbacoa en El Puerto. Sus hamburguesas, sus costillas y el entrecot de ternera argentina fueron cogiendo fama y el pub irlandés se fue haciendo con una clientela fiel, entre la que se encuentran famosos como Bertín Osborne, Niña Pastori, Sara Baras o el ex guardameta del Barça Pinto; a la que en vacaciones se suman familias enteras deseosas de disfrutar los fines de semana en su azotea de la barbacoa o de coger sitio en su siempre demandada terraza.

Nachos.

Es verano y estamos en clara temporada alta. En lo que va de mes he estado un par de veces antes probando alguna de las especialidades. Juani, que ha decidido dejar de trasnochar y está sólo al mediodía, me aconseja que si vamos a ir a cenar llamemos para reservar. Es lo que hemos hecho, además de recordarle que nos reserven una porción de su famoso brownie, que se agota cada noche en esta época.

El interior del local está vacío por la noche. El olor es el típico de un pub irlandés, con sus características bocanadas de estancamiento, humedad y nostalgia, mezcladas con cerveza Guiness. Su decoración con mucha madera y lo música ambiente, con discos de The Pogues, The Dubliners, U2 y George Michael, propician una atmósfera singular que tiene mucho en común con los pubs irlandeses que están repartidos por todo el mundo y que surgieron en los años 90. Porque si bien la emigraciones se produjeron en el siglo XIX, fue en 1990 cuando Mel McNally, arquitecto dublinés, funda The Irish Pub Company. Supuso que los muchos turistas que visitaban Irlanda querrían volver a vivir la experiencia de beber a la irlandesa en sus países de origen.

Por definición, un irish pub es un local público donde se sirven bebidas y comidas, aunque no necesariamente por este orden de importancia. Entre cocina, barra, sala y terraza, Molly Malone llega tranquilamente a la docena de empleados en temporada alta. Aunque la carta no suele rotar mucho y muestra en síntesis lo más demandado por la clientela en sus casi dos décadas de vida, cada día hay varios platos fuera de carta.

En esta ocasión, champiñones al ajillo, costillas a la barbacoa, chuletas de cerdo y kebab de pollo. Además, todos los miércoles hacen el típico fish & chips británico, una especie de pavía con patatas fritas (11,50 euros). Acudo uno de esos días a Molly con las expectativas altas tras haber comido el año pasado el que sirven exquisito en el Roy´s de Gibraltar. Pero este no llega a su altura. Ni el pescado ni el rebozado tienen el nivel, aunque tampoco está mal del todo. Estupenda la salsa tártara casera y la ensalada de col que viene servida en el cuenco. Por probarlo no se pierde nada.

Salchichas irlandesas.

La carta es apetecible de principio a fin. Pido una cerveza Paulaner que me traen servida en vaso alargado que debe rondar el litro. Fría y muy alemana. Para picar, un total de cinco tapas a buen precio (entre 4,50 y 7 euros) que van desde las salchichas irlandesas envueltas en bacon con patatas fritas y mostaza, hasta los jalapeños fritos, pasando por rollitos de primavera, alitas de pollo y la sopa del día.

Nos decidimos por las salchichas y las alitas. Las primeras (6 euros) son de un tamaño mediano, vienen cuatro y tienen una textura poco común. Por fuera parecen frescas, pero se deshacen en la boca adquiriendo la textura parecida a un foie gras basto. Buenas de sabor, el bacon está bien hecho y el toque con la mostaza de primerísima calidad es estupendo.

La decena de alitas de pollo están bañadas en una salsa buffalo con un toque muy picante, pero soportable. Le acompaña en un pequeño cuenco una salsa con un trozo de apio que no llego a probar. Para compartir al centro hay tres platos. Los nachos de la casa y quesadillas de ternera y de pollo. Nos decantamos por las tortitas (8 euros), que llevan una bandeja generosa cubierta por queso, carne y varias salsas, entre las que identifico un guacamole suave y sour cream.

Fish and chips.

Hay tres tipos de ensaladas, la César con pollo y bacon, la de cogollos y atún y la que finalmente pedimos, con pollo crujiente y salsa ranchera (9 euros, como el resto). A simple vista aparecen el pollo empanado a tiras, la lechuga y la lombarda, trozos de cebolla frita, un rastro de reducción de algo y en todo lo alto un huevo frito. Por originalidad no será. Todo mezclado está bien de sabor, la lechuga fresca y crujiente combinada con la yema y la clara del huevo frito, el crujiente de la cebolla y del pollo… Recomendable.

De los platos, la estrella es el entrecot argentino con patatas fritas y ensalada (16 euros). El pollo piri piri a la plancha (10 euros) y los revueltos orientales de ternera o pollo con verduras y fideos chinos (10 y 11 euros respectivamente) tienen también su público, sobre todo el militar de la Base.

Sin embargo, en esta ocasión me quedo con lo más original, un pastel de carne y puré de patata con salsa y brócoli (10 euros). La presencia del plato es espectacular, un gran bloque de puré casero sepultando una carne picada guisada en una rica salsa y dos trozos de brócoli hervidos al punto. Rico.

Pastel de carne.

Por 6 euros sirven unos huevos con bacon y salchichas con beans en tostada y por un euro más un perrito caliente con chile, queso y patatas fritas. Por 9, un Molly´s sándwich que no es más que un completo con patatas fritas. Dudo en un principio, pero voy finalmente a la parte de la carta donde están las hamburguesas. Hay un total de siete. Empezando por las clásicas cheeseburguer (8 euros) y la bacon cheeseburguer (9 euros) y siguiendo por las especialidades: completa (10 euros), italiana gourmet (11,50) con mozzarella y rúcula; gourmet whisky (11 euros) con ternera macerada en whisky y naranja; vegetariana gourmet (11), la doble gourmet americana (14 euros) con doble de carne y barbacoa.

La elección no es fácil, pero se han quedado sin la de whisky (habrá que volver) y me decido por la completa. Montarla no es cosa sencilla. La hamburguesa tiene dos dedos de los míos de grosor (tres de los normales). Está jugosa y sonrosada por dentro. El punto es tan espectacular como la calidad de la carne. No suelta jugo alguno, lo que agradece sin duda el pan, que es de calidad y consistente, aguantando sin arrugarse la lechuga, el tomate, la cebolla, el bacon, el queso, el huevo… Pero todo pasa a un discreto segundo plano frente al filete ruso. Qué delicia. Cada bocado, un disfrute. Más que recomendable, sería imperdonable no ir a comerla.

Brownie.

Si va con niños, hay una serie de menús infantiles por 6,50 cada uno con patatas y bebidas incluidas. Si la hamburguesa es la indudable reina del Molley Malone, el rey lo encontramos en el postre. Al menos eso comentan. Se trata de un típico brownie que literalmente les quitan de las manos. Es distinto a los demás. Más flan que bizcocho, es plano y lo sirven con abundante nata y helado de vainilla. Será que estoy acostumbrado a que el mejor brownie del Universo conocido, esponjoso, sabroso, con un excelente chocolate y sus nueces, lo hace mi concuñado Manolo, porque tampoco me ha parecido éste nada del otro mundo.

De este pub irlandés de El Puerto sólo espero que Ian, su propietario, cuando decida poner fin a su dilatada vida profesional y se jubile, deje en buenas manos un negocio en el que ya colaboraron sus dos hijos antes de independizarse. En unos meses todo puede pasar, pero al menos que el artífice de la reina de todas las hamburguesas haga público su siguiente destino. Felicidades.

Molly Malone Pub & Grub. Avenida de Fuentebravía, kilómetro 5. Centro Comercial Molino de Viento, 11500. El Puerto de Santa María (Cádiz). Teléfono de reserva: 956 48 08 34. Abierto todos los días del año (salvo el 25 de diciembre), desde las 13 horas hasta las 2 de la madrugada. Precio por persona: 15 euros.

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