CulturaRoedores de cultura

Molina Foix: “La cultura es la mayor aventura para los personajes de esta novela”

El autor alicantino presenta su última novela, 'El joven sin alma', en la Fundación Caballero Bonald, dentro del programa Letras Capitales. Fue presentado por la filóloga Olga Rendón, especialista en la Generación del 27, Ricardo Molina y el grupo Cántico

Gracias al Centro Andaluz de las Letras, la noche del miércoles, tuvimos la oportunidad de escuchar a Vicente Molina Foix hablar sobre su última creación. José María Pérez y Olga Rendón dialogaron con él sobre El joven sin alma. Novela romántica (Anagrama, 2017). Para Olga, el autor “es ante todo un gran lector del que emerge un creador genial y polifacético”. Ha sido profesor en Oxford y en el País Vasco, y cuenta  con una carrea literaria extensa: novelas, poemarios, ensayos, críticas de cine y televisión, artículos periodísticos, adaptaciones teatrales y libretos de ópera… Sus inicios literarios van ligados a los Novísimos. Desde entonces, ha cosechado numerosos galardones y el reconocimiento de los lectores.

Olga Rendón, además de animarnos a entrar en el divertido espacio de fabulación del escritor, realizó un riguroso análisis del libro: “Esta última novela junto con las dos anteriores: El abrecartas y El invitado amargo (coescrita con Luis Cremades), parecen formar una trilogía etiquetada bajo el rótulo de “novelas documentales”; “documentales” porque se sustentan en vivencias reconstruidas a través de la ficción, episodios vitales del autor recreados de manera meticulosa a través de la trama de personajes, muchos de los cuales responden igualmente a personas reales, claramente identificables además.” Estamos, pues, ante un relato de ficción que es a la vez un “recorrido vivencial”.

Vicente nos narra “sucesos vitales que son como destellos reveladores que terminarán configurando su carácter, como el descubrimiento del cine francés o la decisión prematura de querer dedicarse a escribir”. Este “joven sin alma” (que nació el mismo día que el autor y se llama igual que él pero que no es él…) no es el único protagonista de la historia. Comparte escena con otros personajes, “de manera que la historia se transforma en una suerte de novela coral”, explicó Olga. Aparece un grupo de jóvenes creadores: Pedro Gimferrer, Terenci y Ana María Moix, Leopoldo Panero, Guillermo Carnero… En tiempos “ebullición creativa”, los sesenta, todos comparten el deseo de conocer la vida, el amor, el sexo, el cine y la literatura.

Es una novela “romántica”, aclaró Olga Rendón, tanto por su “alta dosis de melancolía y sentimentalidad”, como por lo que tiene de homenaje a aquellos jóvenes poetas idealistas, cultos y bohemios que “aspiraban a crear una nueva propuesta estética” para la España de mediados de los sesenta. Aunque basadas en personajes reales, todas las voces están reescritas y recreadas, como si el autor se convirtiera en “ventrílocuo de las voces de los amigos”. Esa mezcla de realidad y ficción nos ofrece “una narración cargada de verismo que se sustenta en documentos encontrados, en cartas que se reescriben al modo de otras cartas reales, en cuadernos de notas que parece que efectivamente existieron, en versos de poemas que ciertamente se han publicado…”.

Otro de los recursos de la novela, explicó Olga, es “la confrontación entre el personaje que actúa, que narra como protagonista y el personaje-narrador externo que verifica todas esas vivencias”. El autor es un personaje más de la novela: “Hay continuamente un juego de doble perspectiva: a veces parece que estamos ante una autobiografía, o un libro de memorias que al momento se transforma en una novela de ficción. Hay un baile consentido en el uso de personas verbales, un diálogo especular de estas dos voces narrativas que llevan al lector de la mano todo el tiempo haciéndole creer que todo es verosímil pero no todo pasó en realidad.”

Vicente Molina Foix insistió en la importancia del subtítulo del libro, “una novela romántica”. Porque el objetivo era claro: “La concebí como una novela de aventuras”. Son las aventuras de un grupo de visionarios, atraídos y obsesionados por la cultura, unos jóvenes que se conocen a través de una revista de cine. Aunque el libro posee una base documental, es una obra de ficción. Los personajes llevan el nombre que tenían en la época en la que el grupo se conoció. Pero este relato, entre la realidad y la ficción “no trata del grupo de los Novísimos. Se centra básicamente en las décadas de los cincuenta y lo sesenta”. Ahí termina la novela.

Los Novísimos surgen en los 70. En el libro aparecen cinco escritores que más tarde formarán parte de la famosa antología de Castellet que definió a esos nueve novísimos, “la coqueluche, los jóvenes que traían el sarampión a la poesía”. En la novela aparece “el grupo de los seis”: Pedro Gimferrer, Guillermo Carnero, Ana María Moix, Leopoldo María Panero, Vicente Molina Foix y Ramón (Terenci Moix). No aparece Félix de Azúa porque no era cinéfilo. Y el grupo, inventado…, se conoce en una revista de cine.

Son seis aventureros, seis personajes que existieron pero que no son exactamente ellos. Según Gimferrer, el relato tiene mucho de picaresco, al estilo de Gil Blas de Santillana, escrita por Alain-René Lesage en el siglo XVIII. En la novela de Vicente Molina Foix no hay aventuras de capa y espada. Para los personajes, la mayor aventura es la cultura, el deseo de crear algo nuevo, de comunicarse los descubrimientos de cada uno y de quedar atrapado en una enrevesada tela de araña… Y la mayor aventura es el proceso de la propia escritura, subrayó Vicente: empezar una narración en la que “no importa saber si lo que aparece en la novela pasó o no pasó”. No se trata de un libro de memorias. Aunque Vicente comprende la curiosidad de los lectores por saber hasta dónde llega la realidad y dónde comienza la ficción, insiste en que no es necesario saberlo para disfrutar del relato.

Los personajes son seres reales, sí, pero lo que dicen y dónde lo dicen forma parte de una trama inventada. El autor a veces inventa lo que dicen, a veces no… Ese es el juego literario. Es una novela en la que el autor utiliza recuerdos y documentos. Aparecen poemas que realmente escribieron los protagonistas. Hay tertulias fabuladas de arriba abajo… Y este juego requería un cierto desdoblamiento: “Necesitaba bifurcarme, tener un narrador sin nombre, y yo ser un personaje más del libro”. A lo largo de la presentación, Vicente Molina Foix nos desentrañó algunos “secretos de cocina”, secretos que no desvelamos para no arrebatarle trabajo y misterio al lector.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *