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“Mis personajes femeninos son fuertes, no son mujeres que se dejen dominar”

La escritora jerezana Verónica Valenzuela, que asegura haber sido estafada por un agente literario y dos editoriales distintas a lo largo de su carrera, publica 'No escuches al viento', su sexta novela romántica. 

La escritora jerezana Verónica Valenzuela, que asegura haber sido estafada por un agente literario y dos editoriales distintas a lo largo de su carrera, publica ‘No escuches al viento’, su sexta novela romántica. 

Con 8 años empezó a escribir sus primeros cuentos de princesas y aventuras. “Pero así en plan de cinco o seis páginas”, ríe. En el colegio siempre se apuntaba a todos los concursos de redacción y ganó varios de ellos. Y ya en el instituto se le ocurrió escribir una historia sobre un gitano húngaro que se enamora de una chica polaca en la Primera Guerra Mundial, en 1914. Sin apenas información a su alcance sobre dicho hito histórico, Verónica Valenzuela (Jerez, 1974) guardó sus primeras líneas en el cajón. “Vi que era un novelón, muy difícil para mí. Para escribir necesitaba primero documentarme mucho”, confiesa. Por lo que aparcó durante un tiempo aquella idea y se centró en terminar el ciclo de Laboratorio y buscar un trabajo. “Dejé de escribir”. Pero poco tardó en retomar su vocación. “Mi padre me decía: El día de mañana tú vas a ser escritora, porque tú sirves. Y yo le decía: Pero a mí me gustaría que me lo dijera alguien que entienda, y si de verdad tengo talento, pues yo me pongo a ello”. Con el paso de los años llega la revolución tecnológica y Valenzuela se suma a la ola digital. “Vi que por internet había mucha gente que escribía y que tenían más facilidad para mandar a editoriales”. 

Fue así cómo la jerezana empezó ha hacer su propio sendero en el mundo de la narrativa. Comenzó a volcar sus líneas en una página web para escritores amateurs y desde allí un agente literario contactó con ella: “Me dijo que terminara uno de los dos capítulos (Más allá de las trincheras y Herido) y que se la entregara para mandarla a editoriales, que él me iba a representar”. Ilusionada, Valenzuela terminó Herido en unos tres meses y volvió a ponerse en contacto con él. “Pero al final salió rana, era un vendedor de humo, de estos muchos que hay por desgracia en este mundillo”. Decepcionada, su marido la animó a que ella misma tomase la delantera y envíase sus novelas a las editoriales sin mediador alguno. Y eso hizo. Una editorial de Málaga, que le gustaba Herido y otra que empezó a escribir, Hijos de Caín, contactó con ella y le dijo que quería sacar primero esta última. El libro salió publicado en librerías y grandes superficies, pero en cinco años de contrato Valenzuela no cobró ni un euro. “La editorial Corona Borealis ha estafado a todo el mundo. Escritor que cogía, le firmaba un contrato de cinco años y nunca le pagaba. Se daba a la fuga, cambiaba la sede de la editorial y nunca la localizaban”. Tardó en recuperar los derechos de explotación de su novela. Y tras la mala experiencia, Valenzuela consiguió acabar Más allá de las trincheras, novela histórica-romance que comenzó con 20 años de edad y que por fin logró publicar en 2011. 

Si bien tuvo suerte en el amor, su historia con las editoriales es otra muy distinta, una repleta de abogados y juicios. Y es que llegaron a estafarla incluso en tres ocasiones. Sin embargo, fiel a los personajes que refleja en sus novelas, Valenzuela perseveró, alzó la mirada y continuó en su sueño: la narrativa. Desvela que cada uno de sus protagonistas están inspirados en actores y actrices célebres del panorama nacional e internacional. Entre sus líneas podemos hallar a Antonio Banderas, a Miguel Ángel Silvestre, Andy Whitfield (quien protagonizó la serie Espartaco: sangre y arena, y falleció en 2011) o Inma Cuesta. Además de que cada novela tiene su propia banda sonora. Por ejemplo, en Hijos de Caín, el grupo apropiado para escuchar mientras se lee esta obra es Evanescence, o Te esperaré, de Pastora Soler, para su última novela: No escuches al viento, la cual presentará este viernes 3 de noviembre en la librería Alavera a partir de las 19:30 horas. “Se me conoce por la novela romántica pero yo escribo otras cosas también: histórica, thriller, juvenil…”, incide. Pero de las seis novelas que tiene publicadas, cinco son románticas. Y desvela que ya ha terminado su séptima obra que será una comedia romántica, “un poco como la despedida del género de romance”. También adelanta que está interesada en terminar la segunda parte de Hijos de Caín, y que ya tiene escritas las 80 primeras páginas de su octava novela: Lazo inseparable. Verónica Valenzuela es un torbellino que no para quieta. Todo aquello que visualiza, ya sea en su ciudad, en el extranjero o en una localización sin especificar, ella coloca a un determinado actor y confecciona una historia apasionada, llena de amor a alguien, pero sobre todo amor a uno mismo.

“Cuando llevas ya seis novelas con final feliz, te entran unas ganas de matar a gente…”

 ¿Por qué la novela romántica?

Primero porque yo soy muy romántica en sí. 

¿Y qué significa para usted ser romántica? 

Romántica es que tú, veas el amor en la vida, como lo más, pero sobre todo, que el amor lo puede todo. Yo por ejemplo llevo casada 17 años con mi novio de toda la vida, y 10 de novios. Es decir, llevo ya más con él que con mi madre. (Ríe). Claro, yo sí creo en el amor verdadero, lo que pasa es que el amor verdadero lo tienes que trabajar. Eso no es te quiero y ya está. Hay crisis, hay problemas… Tienes que conocerte, tienes que respetarte y sobre todo tienes que ser muy amigo. Entonces, para mí, que yo estoy muy enamorada de mi marido y él de mi —espero—, para mí escribir romántica… A mí siempre me pasó una cosa, que todos mis personajes de novela romántica tienen algo de él. Manías, detalles… Y es que es muy fácil, la novela romántica casi siempre tiene un final feliz. Que claro, tiene doble filo, porque cuando llevas ya seis novelas con final feliz, te entran unas ganas de matar a gente… (Ríe). Y eso es lo bonito, que la novela romántica tiene final feliz que ya la vida bastante dura es. También hay muchas lectoras de romántica, también lectores, que son muy fieles. 

¿Y cómo es el carácter de sus personajes femeninos?

Yo siempre tengo mujeres fuertes. En este caso, en No escuches al viento, es una joven de 17 años que está a punto de cumplir los 18, que pasa por algo que la mayoría no pasa —gracias a Dios— que es huir de una trata de blancas que la está persiguiendo. O en Más allá de las trincheras, Olenca, que es la chica polaca, se mete a soldado en la Primera Guerra Mundial para buscar a su marido. No se queda esperando en casa como muchas otras. No son mujeres en situaciones edulcoradas.

No, no. A mí no me gusta eso. De hecho, Malena (Malena, un bombón XXL), por ejemplo, es una enfermera que está de los hombres hasta el gorro y lo que quiere buscar es un compañero de vida, pero que sea igual que ella. Te ríes muchísimo en la novela porque los primeros ligues que tiene le salen machista, pulpos… Todos los tópicos, todos los clichés le salen a ella. Algo que tienen en común mis personajes femeninos es la fuerza. No son mujeres que se dejen dominar. 

Kate Miller dijo: “El amor ha sido el opio de las mujeres. Mientras nosotras amábamos, ellos gobernaban”.

Yo creo que debes amar, pero no olvidarte de ti misma. Hay que amar y si no te entregas, no puedes recibir del otro, pero en el camino no te puedes perder tú. Y es que antes de querer a nadie, te tienes que querer a ti. Si tú no te quieres no vas a querer a nadie. Y además, a lo mejor quieres a quien no te conviene, porque no te quieres a ti misma. Y es verdad, o sea, mientras los hombres han gobernado, las mujeres por “amor” han renunciado a otras cosas. Y seguimos haciéndolo. ¿Quién pierde el trabajo para cuidar a los hijos? La mamá. Y lo que no hay que hacer es perderse por el camino. Hay que querer, sí, pero primero a ti mismo. 

¿Refleja el amor a uno mismo en sus novelas?

Siempre. Y sobre todo en las chicas. Hay un tópico en la novela romántica y se la critica mucho, pero por esos tópicos. Se puede hacer novela romántica real, aunque cuente situaciones extremas como la trata de blancas.

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