CulturaLetrasBancos de niebla

Mirar de frente al horror

La crítica literaria de ‘Milena’, de Margarete Buber-Neumann.

La literatura sobre los campos de concentración nazi —ya se trate de testimonios o diarios recuperados póstumamente, novelas con carga autobiográfica o no, o libros de investigación— se ha mantenido constante con el devenir de los años, revelando el permanente interés de los lectores por una de las grandes tragedias del pasado siglo. Además de por su valor puramente histórico, el libro de Margarete Buber-Neumann destaca porque en él confluyen la memoria personal y la reivindicación del trabajo periodístico de una autora conocida sobre todo por su relación con Kafka. 

La autora de Milena (Tusquets, 2017) rememora su amistad con la periodista checa Milena Jesenská (1896-1944) en un entorno tan hostil como el campo de concentración de Ravensbrück, a donde ambas fueron a parar por sus ideas políticas. Milena, a quien Kafka otorgó una visibilidad inmortal gracias a la célebre correspondencia recogida en Cartas a Milena, le pidió a Margarete que escribiera los detalles de su amistad y los apuntes biográficos que le contó en el tiempo que convivieron juntas: “Sé que podré seguir viviendo en ti. Tú les dirás a los demás quien fui, serás mi juez clemente”. No sería hasta 1963, casi veinte años después del fallecimiento de Milena en el campo, cuando Margarete sería capaz de publicar sus recuerdos en forma de libro, traducido en España como Milena, la amiga de Kafka (Plaza&Janés, 1967). Fue el primer embrión de un libro que luego Tusquets reeditó en 1987 y ahora, pasados 30 años, vuelve a reimprimir en su catálogo. 

La vigencia de libros de este calado está plenamente asegurada. Buber-Neumann tiene la virtud de alternar en su relato la voz en primera persona, la confidencia íntima, con la voz de la propia Milena, de quien rescata numerosos textos de juventud y otros escritos ya en pleno ascenso del nazismo, en los que manifiesta abiertamente su opinión con una valentía inusitada para los tiempos que corrían. Nos muestra, por tanto, a la Milena más combativa y juiciosa, la que parecía intuir lo que estaba por llegar, pero también a la Milena más desgarrada, la que siempre se ofrecía para ayudar a sus compañeras y nunca parecía venirse abajo. Como Kafka ya escribió en una de sus cartas y Buber-Neumann elige como cita de apertura a su relato: “Ella es fuego vivo, como yo jamás había visto (…). Sin embargo es, al mismo tiempo, dulce, animosa, inteligente y volcada totalmente al sacrificio, o, si se prefiere, lo consigue todo a través de su sacrificio…”. 

A través de las emotivas páginas de Milena asistimos al horror desde una perspectiva algo más plácida, la de la defensa de una manera de pensar y ser que está al alcance de muy pocos. Una postura que nadie podrá hacer callar y que sobrevive a la muerte.

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