Gente sin casa

Migrantes que reparten ‘calor’ a personas sin hogar

El Dimbali FS, un club de fútbol sala formado por extranjeros, entrega ropa y mantas a sintecho de Jerez. "Nos sentimos en la necesidad de solidarizarnos con aquellas personas invisibles para muchas", dicen

Un carro rebosante de bolsas está parado delante del edificio de los sindicatos de la plaza del Arenal de Jerez. Dentro hay mantas, jerséis, chaquetones, bufandas o esterillas, donados por gente anónima que ha acudido a la llamada del Dimbali FS, un modesto club de fútbol sala de la ciudad formado por personas migrantes que ha iniciado una campaña para ayudar a personas sin hogar. Son las nueve y media de una fría noche de noviembre. Alrededor del carro, una decena de chavales espera impaciente que empiece la ruta. “¿Hacia dónde vamos?”, pregunta uno. “Para Las Angustias”, responde Iván Caro, uno de los impulsores del equipo, que hace las veces de entrenador.

Hamed, que viste con sudadera oscura, vaqueros y gorra, empuja el carro. Hace poco más de un año que llegó a España, cuando acababa de superar la mayoría de edad. Él es uno de los miembros del equipo, que entrena un par de veces en semana en las pistas deportivas del barrio de Vallesequillo. Ahí está “contento”, dice, porque “te hace pensar en otra cosa, no piensas en tus problemas”. Es la primera vez que ayuda a repartir ropa y mantas a personas sin hogar, en el marco de la campaña El frío duele, la indiferencia mata que ha puesto en marcha el Dimbali FS con escasos medios y mucha voluntad.

El joven, nacido en Sierra Leona, llegó en patera. “Fue muy complicado”, dice sin querer dar muchos detalles, por el dolor que le causa recordarlo. “El tiempo estaba bien, pero después cambió…”, rememora. “No era fácil”, apunta, convivir con las otras doce personas con las que compartía embarcación. Pero fueron rescatados por Salvamento Marítimo y trasladados hasta Tarifa, donde le dieron ropa. “La mía estaba rota”, señala. Ahora está terminando un curso de mozo de almacén, conseguido por Accem, una ONG que ayuda a personas refugiadas o a menores extranjeros. “Ya mismo termino mis prácticas”, cuenta.

Iván Caro, entrenador del Dimbali FS, entrega un chaquetón a Julio. FOTO: MANU GARCÍA

“Me gusta ayudar a la gente”, dice Hamed, mientras el grupo hace la primera parada, cerca de la plaza de Las Angustias, donde hay varias personas sentadas en la entrada de la iglesia. “¿Qué os hace falta?”, preguntan los miembros de Dimbali FS a las personas sin hogar que están en la zona, y empiezan a repartir abrigos y bufandas. Julio se queda con un chaquetón, un jersey y calcetines. “Me viene de perlas”, confiesa este jerezano, que lleva dos años sin un techo fijo bajo el que dormir. Entre pensiones, cuando su escasa economía lo permite, albergues, centros para personas sin hogar y bancos en plena calle, así pasa las noches. Poco después de hablar con lavozdelsur.es, dormirá en el entorno de la estación de autobuses de Jerez. “Allí estamos más resguardados”, dice, en plural, porque está acompañado por un amigo que lleva seis años en la calle.

“Hemos pasado frío, pero lo peor que te puede pasar en la calle no es el frío, sino que venga alguien y te pegue o te robe”, cuenta Julio. A él, “de momento”, no le ha pasado. “Hay gente buena y también gente mala, lo que hay que tener es un poquito de vista”, señala. Julio estuvo varios años trabajando en una fábrica, en Barcelona, hasta que contrajo una enfermedad renal que le impedía “hacer fuerza”. “Como no podía trabajar, me echaron”, cuenta, y se volvió a Jerez, su ciudad natal. Sus padres habían fallecido años antes y no tenía casa, por lo que mientras cobró el paro, se estuvo quedando en una pensión.

Julio, un jerezano que vive en la calle: “En cuanto cobre la renta mínima me voy a Málaga. Echar currículum aquí es como tirarlos a la basura”

Ahora está esperando que le aprueben la renta mínima de inserción. “En cuanto la cobre me voy a Málaga, que me han dicho que hay trabajo de camarero”, dice Julio, que está “harto” de mandar currículum a empresas de Jerez y el entorno. “No hay nada, echar CV aquí es como tirarlos a la basura”, explica. Mientras espera la ansiada ayuda, se las apaña para comer y dormir acudiendo a comedores y entidades sociales. “Ingresos no tenemos ninguno”, dice señalando a su amigo, por eso agradece la ayuda del Dimbali FS. “Está muy bien que ayuden a la gente que está necesitada”, sostiene.

“Hemos salido cuatro veces”, explica Iván Caro, entrenador del equipo, “siempre digo que el invierno es largo y tenemos que dosificar, para no quemarse”. Al reparto se apuntan miembros del club, pero también aficionados o socios, que van a ver sus partidos y colaboran en las actividades que organiza. Porque el Dimbali FS es más que un club de fútbol sala. “Es una familia”, insisten. En lengua wolof, que se habla en países como Senegal, Gambia o Mauritania, esta palabra significa ayudar, apoyar, socorrer. Es algo que llevan a gala y que demuestran con esta campaña.

Miembros de Dimbali, durante la entrega de ropa. FOTO: MANU GARCÍA

La ruta continúa por Madre de Dios, por donde el grupo camina en dirección a la estación de tren. En un banco, un hombre de mediana edad, alemán, se prepara para dormir. No quiere mantas, pero sí ayuda para llegar hasta el Aeropuerto de Málaga, donde espera coger un vuelo de vuelta hasta su país natal. Mientras Sandra, una de las jóvenes de la comitiva, chapurrea el idioma e intenta ayudarlo, Abdullah está comiendo gusanitos. Él es uno de los 87 migrantes que llegó a Algeciras a bordo del Open Arms, el barco de rescate de la ONG Proactiva, en agosto de 2018. “Aquí estoy mejor, tranquilo”, dice, pero hasta llegar a Jerez ha pasado por situaciones extremas. “Mi país es muy peligroso”, señala, por eso salió de Somalia muy joven, porque en el futuro se veía “muerto o en la calle”.

Abdullah pudo llegar hasta Libia, el paso previo a lanzarse al Mediterráneo y probar suerte para llegar hasta tierras europeas. Pero en el país africano estuvo dos años preso, “por nada”, antes de lanzarse al mar y ser rescatado por el Open Arms. “Hace poco nos mandaron a un somalí a las clases de español de la Red de Apoyo a Inmigrantes, se lo presentamos a Abdullah y se abrazaron. Estuvieron juntos en la cárcel en Libia y vinieron en el mismo barco. Se nos quedó el cuerpo helado”, comenta el entrenador del Dimbali FS. Abdullah, ahora, estudia el curso de mozo de almacén. “Me gustaría trabajar, me da igual dónde”, comenta.

Abdullah salió de Somalia por miedo a morir: “Mi país es muy peligroso, me veía muerto o en la calle”

El grupo avanza y termina por el entorno de la plaza del Mamelón, lugar habitual de refugio para personas sin hogar. Un hombre, de mediana edad, está acostado sobre una manta cerca de unos soportales cuando se acercan miembros del Dimbali FS a ofrecerle ropa de abrigo. Se queda con una esterilla, sobre la que se tiende, y una manta nueva, para soportar la bajada de las temperaturas. “Ante la llegada del frío nos sentimos en la necesidad de solidarizarnos con aquellas personas invisibles para muchas, las sintecho, que son quienes principalmente sufren sus brutales efectos”, señala el club.

La campaña seguirá activa durante lo que queda de otoño y el invierno. Para ello recogen donaciones en la biblioteca Sebastián Oliva —situada en la planta baja del edificio de los sindicatos de la plaza del Arenal— de lunes a viernes de 18:30 horas a 20:00 horas y también en las pistas de fútbol sala de Vallesequillo (calle Ferrocarril) en el mismo horario los martes y los viernes.

Una persona sin hogar recibe mantas, cerca del Mamelón. FOTO: MANU GARCÍA

Más de 7.000 personas sin hogar en Andalucía

Jerez, según las últimas estimaciones publicadas en 2017, tiene unas 200 personas sin hogar, aunque es difícil dar una cifra exacta porque no hay datos oficiales —Cádiz, por ejemplo, lleva varios años realizando un censo que, en la edición de 2019, recoge que hay 103 durmiendo en sus calles o albergues—. El informe Foessa sobre Exclusión y Desarrollo Social en Andalucía, presentado por Cáritas, estima que un millón y medio de andaluces se encuentra en situación de exclusión social. Más de 300.000 de estas personas son “olvidadas” por la sociedad y acumulan serios problemas para tener una vivienda digna.

“Necesitamos mirar esta realidad de frente y visibilizarlo, quitar la capa de invisibilidad que la sociedad les pone”, señalan desde Cáritas, que atiende en Andalucía a más de 7.000 personas sin hogar a través de sus recursos, aunque se estima que la cifra sea aún mayor. En todo el país, las cifras de organismos oficiales hablan de que hay 30.000 personas sin hogar, pero igualmente la realidad es que hay muchas más.

Andalucía tiene 30.000 personas sin hogar según las cifras oficiales, pero hay estimaciones que hablan de que son muchas más

La Junta de Andalucía, a través del Consejo de Servicios Sociales, ha creado un grupo de trabajo para tratar el sinhogarismo, con motivo de la celebración del Día Europeo de los sin techo, formado por entidades locales, asociaciones sin ánimo de lucro y la Consejería de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación, para trabajar en la “coordinación con los servicios públicos competentes en materia de vivienda”.

La última encuesta de centros y servicios de atención a las personas sin hogar realizada por el INE en 2018 señala que en Andalucía hay una media de 2.321 plazas diarias de alojamiento para estas personas, con una ocupación media del 83,4%, frente a las 20.219 plazas que hay en toda España, con una ocupación del 89%. Hasta el momento, 317 personas sin hogar han recibido la Renta Mínima de Inserción Social, desde su entrada en vigor en enero de 2018, un 1,16% del total de las personas que la han recibido en Andalucía.

Los miembros del Dimbali FS, durante un momento de la entrega. FOTO: MANU GARCÍA

El 7,7% de los empadronados en Andalucía son extranjeros

El Dimbali FS quiere “crear conciencia y llamar la atención sobre los males de la política europea de inmigración y la situación de las inmigrantes a todos los niveles”, recoge en su acta fundacional. En su equipo acoge a algunos de los extranjeros residentes en la comunidad, muchos de ellos sin permiso de residencia.

Los datos recogidos por el Instituto Nacional de Estadística en 2019 señalan que en Andalucía hay 653.146 ciudadanos empadronados que nacieron en otros países, un 7,7% del total de los residentes en la comunidad. El 42,2% de los extranjeros empadronados en Andalucía proceden de países de la Unión Europea, frente al 28,4% que son africanos —en España el balance es del 36,3% y 22,3%, respectivamente—, aunque los marroquíes son los que representan mayor proporción entre los extranjeros empadronados, seguidos de rumanos y británicos.

Durante 2018, se estima que llegaron a las costas andaluzas unas 50.000 personas inmigrantes procedentes de otros países. “La recepción de estos hombres y mujeres requiere un esfuerzo coordinado de todas las administraciones y el diseño e implementación de un plan de acogida en el que se tengan en cuenta las necesidades de estas personas y se destinen los recursos necesarios para su correcta atención”, señala el Defensor del Pueblo Andaluz en un informe reciente.

“Las personas inmigrantes que viven en Andalucía son titulares de derechos y obligaciones en la misma medida que el resto de ciudadanos”, recuerda la institución que preside Jesús Maeztu, que señala que “la atención a la inmigración debe ser transversal, sólo así podremos conseguir la inclusión real de estos nuevos vecinos, sólo así creceremos como sociedad”.

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