Opinión

Memoricidio, imagen y fragilidad democrática de Jerez

Cristóbal Orellana, presidente del Grupo de Memorialistas de Jerez, ofrece diez medidas para hacer memoria histórica en Jerez

El rey de España estuvo muy recientemente en Israel y acudió, en perfecta pose mediática de lo políticamente correcto, a la memoria histórica como una necesidad para recordar el holocausto organizado por los nazis en la década de los 40. Sin embargo, ese mismo Felipe VI guarda en España un silencio más que sospechoso respecto a las muchas decenas de miles de españoles que todavía yacen en cunetas y fosas comunes…

Un poco lo mismo que con el gobierno local de Jerez (PSOE) que organiza unas pomposas jornadas en el Alcázar para hablar del exilio español, pero se muestra calculadamente pasivo a la hora de suprimir, ya de una vez por todas, los símbolos franquistas de la vía pública. El memoricidio español practicado durante largos años de olvido programado por la Transición, que como el rey miró hacia otro lado, ha dejado un efecto que ahora el ascenso de las derechas nos recuerda sin contemplaciones: una peligrosa fragilidad democrática.

La ecuación es sencillísima de comprender: si el PSOE, de la mano del PP, se ocupa de cambiar nada menos que la Constitución Española retocando sustancialmente el artº 135 que habla del gasto público, entonces las clases trabajadoras y la clase media de este país le volverá la espalda y votará las candidaturas de derechas que no creen en la democracia (como es el caso de Vox). A la no aplicación calculada de la (tardía) legislación de la memoria histórica, más votantes de Vox. A menos memoria histórica, a menos valentía en hacer lo que es de justicia respecto a los que yacen en las cunetas, más gloria y reconocimiento a la dictadura franquista. Memoricidio y fragilidad democrática están estrechamente relacionados, como vasos comunicantes, en Madrid lo mismo que en Jerez.

Ahora un veloz PSOE (como ya hizo en 2017: https://www.psoe.es/media-content/2018/01/171214_PPL_memoria-historica.pdf), un PSOE que saca a Franco del Valle de los Caídos pero que guarda silencio con el sepulcro de José Antonio o permite a la familia Franco mil desaires a la democracia, acaba de presentar a la mesa del parlamento una proposición de ley de memoria histórica y democrática (https://www.psoe.es/media-content/2020/01/PPL-Memoria-histórica-y-democrática.pdf). A 45 años vista de la dulce muerte del dictador y la democracia española con estos pelos… a esto le llaman algunos inocentes una Transición impecable.

En fin, el caso es que esta nueva proposición de ley hecha por el PSOE nos trae algunos lentos avances sobre la memoria histórica que no están mal: “En la misma dirección, la proposición no de Ley sobre memoria democrática pretende el reconocimiento, reparación y dignificación de la memoria de las víctimas del franquismo y la puesta en marcha de medidas como exhumaciones de fosas comunes; retirada de simbología franquista de lugares públicos; prohibir la exaltación y enaltecimiento del franquismo en lugares públicos; retirada de condecoraciones y prestaciones sociales de criminales no juzgados durante el franquismo; declarar nulas las condenas y sanciones dictadas durante la guerra civil o la dictadura por motivos políticos, ideológicos, de creencia o de orientación sexual, identidad o expresión de género; y auditar y devolver bienes expoliados por el franquismo a sus legítimos titulares, así como recuperación inmediata del Pazo de Meirás para el patrimonio público”.

Pero ¿y la derogación de la Ley de Amnistía que permitiría abordar de frente la plena condena a la dictadura?, ¿y la anulación de los títulos nobiliarios que son un descarado homenaje al franquismo?, ¿y los dejes franquistas que aún tienen lugar por ejemplo en un senado, presidido por el PSOE, donde no se puede, respecto al franquismo, emplear la expresión “régimen genocida e ilegal”? (véase: https://www.elnacional.cat/es/opinion/agusti-colomines-blanqueando-franquismo_462810_102.html), ¿y la anulación, revertiendo los efectos causados, de las condenas de los juicios militares que tuvieron lugar durante el franquismo contra quienes el oscuro régimen consideró enemigos de España?, ¿y la denuncia y bloqueo de medidas administrativas de algunas comunidades autonómicas, como las de Andalucía o Madrid, que están suprimiendo de la vía pública los homenajes a los represaliados del franquismo?, ¿y la más decidida actuación del Mº de Justicia también frente a aquellos ayuntamientos que se hacen los longuis a la hora de cumplir con la legislación vigente en materia de memoria histórica? (véase: https://www.mjusticia.gob.es/cs/Satellite/Portal/es/ministerio/gabinete-comunicacion/noticias-ministerio/justicia-pide-ayuntamientos), ¿y la apertura, pero de verdad, de todos los archivos y centros de documentación que interesan para destripar el meollo histórico del régimen franquista?

En definitiva, muchas personas conscientes hablan de todo esto con gran claridad: “Y muchos defensores de la dictadura que quieren imponer su memoria con la excusa de la reconciliación. La banalidad del mal no puede ser la raíz de donde crece la impunidad para quienes provocaron el horror durante cuarenta años. Si no conseguimos una nueva memoria democrática, la que seguiremos manteniendo será la del franquismo. ¿Nunca veremos aquí a ningún cómplice de la dictadura franquista sentado en el banquillo de los acusados y aún menos su condena? ¿De verdad que nunca?” (Alfons Cervera).

En Jerez todo esto tiene una traducción sencilla de comprender nada más entrar en la ciudad por la avda. Domecq… No necesito decir más. Y por ello, pienso que localmente tenemos mucho que avanzar en lo que a reformulación de su tradicionalista imagen pública se refiere. Porque en el siglo XXI nuestra imagen pública no debería estar basada en algunos símbolos antidemocráticos, o confesionalistas, o muy tradicionalistas, etc. La historia concebida como inmovilismo secular y la simbología religiosa usada como fórmula obsesiva y única referencia para nombrarlo todo, no son buenas cartas de presentación y genera una inquietante fragilidad democrática crónica.

Este tradicional estilo simbólico que ha gobernado nuestras mentes hasta aquí debería ser cambiado, renovado en favor de la democracia, de los derechos humanos, del desarrollo de las libertades, del espíritu aconfesional que se recoge en la Constitución, etc. La momificación de la imagen de Jerez no es buena cosa.
En Jerez, hay un aparatoso exceso de simbología religiosa y hay vestigios del franquismo que tienen que suprimirse. Si entre todos procedemos y decidimos estos cambios, que ya no deberían hacerse esperar mucho más, obtendremos una renovación de nuestro imaginario colectivo, un creativo refresco para nuestra identidad, una nueva forma de entender y celebrar nuestra forma de ser, nuestra idiosincrasia, nuestro gusto por la vida y por la libertad; en definitiva un no desdeñable refuerzo democrático a favor de la convivencia, la igualdad y el respeto a la pluralidad.

Una ciudadanía democrática puede decidir, en un clima de diálogo y de respeto mutuo, cualquier cuestión de la vida pública que considere oportuna. En este sentido, quizás ha llegado el momento de tomar decisiones sobre el ámbito de cosas al que aquí nos referimos con una propuesta, de la que aquí solo ofreceremos pinceladas, para cambiar la imagen simbólica de Jerez.

1º.-Cambiar el nombre del cementerio municipal.

Oficialmente se llama Cementerio Municipal de Jerez Ntra. Sra. de la Merced, pero podría y debería pasar a llamarse de otra manera, con un nombre que no se refiera a una advocación religiosa de este o de aquel credo. Porque todos tenemos derecho -es un derecho elemental y fácilmente comprensible- a un nombre que no aluda a una confesión religiosa, pues no todos somos creyentes.

2º.-Día de San Dionisio y pendón de Jerez

¿Por qué el patrón de la ciudad ha de ser un desconocido santo antiguo?, ¿a qué se debe esa manía de sacar una enseña de guerra -el pendón conquistado a los musulmanes en las guerras bajomedievales- el día 9 de octubre desde el Ayuntamiento hasta la iglesia de San Dionisio? Estas costumbres ya no se sostienen, ya no las entiende nadie; y el poco significado que conserva por ejemplo el símbolo del pendón de guerra -el de estandarte de santa cruzada contra los infieles- ya no es compatible con los valores que se recogen en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

3º.-Estatua del dictador Primo de Rivera.

Este militar golpista fue presidente del Consejo de Ministros y era de Jerez, de acuerdo, pero el problema es que su estatua en la plaza del Arenal conmemora, claramente, el intervencionismo militar español sobre un pueblo vecino y hermano como es el pueblo marroquí. Además, en el pedestal de la mencionada estatua en medio de la plaza del Arenal, la primera de la ciudad, aparecen varios generales que luego participaron en primera línea en el golpe militar de Franco contra la legalidad democrática vigente a partir del 14 de abril de 1931. Que este espadón presida simbólicamente la vida actual de Jerez perjudica nuestra imagen democrática. Fácilmente, podríamos sustituir este monumento por una fuente igual o parecida a la que se construyó allí en 1869 con motivo de la traída de aguas a Jerez.

4º.-Entierro de los Primo de Rivera en la basílica de la Merced.

El general Primo de Rivera y Orbaneja y el alcalde Primo de Rivera y Urquijo disfrutan ahora de sepulcros y lugares muy honoríficos al pie de la que en estos momentos es la patrona de la ciudad, la Virgen de la Merced. Esta especie de privilegio político-religioso de dos personas de profundas convicciones poco democráticas viene a querer decir que, por lo que hicieron, les debemos permanentemente reconocimiento y honores. Sin embargo, cualquier jerezano sabe que ensalzar a dos personajes tan claramente vinculados a las dictaduras es, de algún modo, vincular a toda la ciudad con las dictaduras. Estos vínculos condenan nuestra imagen a épocas pasadas que debemos superar ya.

5º.-Patrón y patrona de una ciudad obsesivamente sacralizada.

Que la ciudad esté bajo la protección espiritual, valga este antiguo lenguaje, de San Dionisio y de Nuestra Señora de la Merced, en calidad de patrón y patrona de la ciudad, deja hoy fuera de esta cobertura simbólica a todos aquellos que no son creyentes ni son católicos. ¿Dónde está escrito que aún debamos tener santos protectores de las ciudades como si viviéramos en la edad media haciendo rogativas para que llueva o para que no nos asole la peste o el hambre? Esta costumbre, tan propia y favorecida por el régimen de Franco, vuelve a marginar a toda aquella ciudadanía que manifiesta su disconformidad con la severa confesionalización de siempre. Estos antiguos patronazgos, vestigios de una sociedad teocrática que dio lugar a engendros como la Inquisición, ya no tienen razón de ser. El llamado Día de Jerez no tiene que estar forzosamente barnizado con leyendas religiosas que siguen y siguen protagonizando nuestro imaginario colectivo e identidad histórica.

6º.-El ofrecimiento de la vara de alcaldía al Cristo de la Viga.

Es inadmisible que un gobierno municipal democrático caiga en costumbres del franquismo, al parecer de fines de los años 40, como es la entrega de la vara de alcaldía al Cristo de la Viga en el período de la Semana Santa. Esta simbólica entrega del símbolo del poder municipal a esa imagen del Cristo de la Viga vuelve a infringir, de forma evidente, el artº 16 de la Constitución: “Ninguna confesión tendrá carácter estatal”. Muchos jerezanos y jerezanas no queremos que continúe ese acto de sumisión simbólica del poder civil al poder religioso. Corrijamos esta cuestión. Es muy sencillo hacerlo.

7º.-Fiestas públicas, como la de la vendimia, desacralizadas.

Que el Ayuntamiento haya financiado con dinero de todos la construcción de varias casas de hermandades o un Museo del Belén puede pasar, quizás, pero que se dedique fervorosamente a montar belenes en la vía pública y en la casa consistorial ya se comprende menos. Que el alcalde o alcaldesa o sus representantes acudan frecuentemente a todos los actos religiosos que se organizan en Jerez no es razonable.
Otro momento simbólico de la mayor significación es, en septiembre, la Fiesta de la Vendimia. Pero, otra vez, ¿dónde está escrito que haya que organizar el acto central de esta fiesta, la llegada del nuevo mosto, al pie de la catedral de Jerez? ¿No hay absolutamente nada en la vida de la ciudad que no nos veamos en la cansina circunstancia de, también como en la Fiesta de San Antón, ser bendecidos por la divina providencia?

8º.-Avenida alcalde Álvaro Domecq.

Hace tiempo que la ley vigente prescribió la supresión de los símbolos franquistas de la vía pública (como los escudos franquistas de la Escuela de Arte en c/ Porvera). Sin embargo, en Jerez quedan unos cuantos de ellos, como por ejemplo las denominaciones de determinadas calles, caso de la Avenida alcalde Álvaro Domecq y el monumento ecuestre a este dicho alcalde franquista, y presidente de la Diputación de Cádiz, en la confluencia de dicha avenida con las del Ejército e Ingeniero Ángel Mayo.

Aquel alcalde del franquismo representó, como todos sabemos perfectamente en Jerez, la vigencia del caciquismo, el señoritismo, el patriarcalismo, el catolicismo más ortodoxo, etc. Nuestros padres y abuelos sufrieron una férrea cultura de la sumisión, casi como siervos de la gleba, en aquella oscura sociedad arcaizante que dicha estatua ecuestre representa todavía. Dejarla donde está es airear permanentemente lo peor de nuestro pasado, plagado de hirientes desigualdades también representadas en la estatua del viejo Marqués de Domecq en Cristina; dejar esa fea estatua y ese antidemocrático nombre a la avenida parece un intento nostálgico de perpetuar aquel estado de cosas en el que el 90% de la población carecía de víveres, escuelas, sanidad, vivienda, empleo… al tiempo que la clase social a la que Domecq pertenecía, y que se sumó al franquismo como uña y carne, disfrutaba de los mejores recursos. Todo esto no es de recibo en un estado democrático como el nuestro.

9º.-Desacralización del callejero de la ciudad.

Se estima que el número de calles con nombres religiosos que hay en Jerez es de más de 300 (https://www.lavozdelsur.es/denuncian-el-clericalismo-del-callejero-de-jerez-mas-de-300-nombres-catolicos/). Esta es una situación que, claramente, debe revertirse a otra en la que sea respetada la aconfesionalidad del estado y el derecho de la ciudadanía de Jerez a no ser ideologizada a la fuerza, con el beneplácito municipal, por ninguna confesión en particular.

y 10º.-Un monumento a las víctimas del franquismo en Jerez.

Muchísimas veces hemos pedido las asociaciones memorialistas y de víctimas del franquismo en Jerez un gran y significativo monumento, en un sitio céntrico y de buena visibilidad, a las víctimas mortales de la represión fascista. La asesina represión que organizó aquí el comandante Arizón segó la vida de, aproximadamente, 600 personas. Creemos que eso, y el hecho de que esas 600 personas eran de lo mejor de la sociedad local de la época que luchó por la democracia y resistió al fascismo, merece, sin más tardanza, un monumento en nuestra ciudad.

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Un comentario

  1. La reciente presencia del rey en Israel, junto a otros 50 jefes de Estado y de gobierno y líderes religiosos, para asistir al Quinto Foro Internacional del Holocausto, coincidiendo con el 75º aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, no fue una “perfecta pose mediática de lo políticamente correcto” ni un acto de “memoria histórica”, sino una conmemoración histórica en toda regla (como lo es, por ejemplo, la que se celebra todos los años en Hiroshima), pues el Holocausto no es “memoria histórica”, sino Historia científica, objetiva, imparcial; aquel acto no pretende reescribir la Historia sectariamente para presentar a un bando como los “buenos” y al otro bando como los “malos”, porque en el Holocausto la propia Historia ya dice dónde estuvo la Maldad sin atenuantes, los victimarios, los genocidas, y dónde estuvo el Bien, las víctimas, los salvajemente exterminados; aquel acto no pretendía exaltar a las víctimas de un bando olvidando a las del otro bando porque en el Holocausto la violencia criminal fue unilateral y todas las víctimas estaban en el mismo bando indefenso y todos los criminales en el mismo bando genocida. De forma que aquel acto que conmemora un gigantesco genocidio histórico objetivo no admite comparación alguna (sería una vil ofensa contra los millones de exterminados) con la falacia de la memoria histórica hemipléjica que el PSOE quiere imponernos para revisar la Historia y eludir su enorme responsabilidad en el origen de la guerra civil y en las matanzas de civiles que se produjeron en la retaguardia del bando frentepopulista.
    Al margen de lo anterior, Felipe VI tuvo un trato de excepción por parte de la organización israelita de aquel acto, ya que, en su condición de rey (honorífico) de Jerusalén (un título dinástico de 800 años de antigüedad, que en Israel es bien conocido), fue el único jefe de Estado de los allí presentes al que se le permitió hacer uso de la palabra, distinción para la que tampoco fue ajeno, sino mucho más determinante, el hecho de que la España coetánea del Holocausto (bajo el régimen de Franco) fue uno de los poquísimos países que salvó judíos del exterminio (quizá el que más salvó, junto con Suecia) por las vías de otorgarles pasaporte español a miles de judíos sefardíes (y luego también a muchos judíos askenazis) de toda la Europa bajo dominio nazi, de facilitar la huida a través de los Pirineos de unos 30.000 judíos (muchos de ellos franceses perseguidos por el régimen de Vichy) para evacuarlos a Hispanoamérica y de refugiar a cientos en embajadas, consulados y “casas protegidas” españolas que gozaban de extraterritorialidad en Europa central (destacando el heroico diplomático Ángel Sanz Briz (de profundas convicciones católicas), entre otros, que se jugaron la vida), ayuda que ya fue públicamente agradecida en su día por Golda Meir; y eso Israel no lo olvida.
    La “memoria histórica” no sólo no le resta votos a VOX, sino que lo engorda; por eso Sánchez exhumó a Franco a toda prisa antes de las votaciones del 10-N, para que VOX creciera a costa del PP y de Cs.
    Derogar la ley de amnistía es absurdo por inútil, ya que rige el principio de no retroactividad de las disposiciones perjudiciales para los beneficiados (de ambos bandos, incluyendo a terroristas condenados de ETA, GRAPO y FRAP) por aquella ley, que, además, están hoy casi todos fallecidos. La anulación de títulos nobiliarios daría lugar a indemnizaciones para los perjudicados, porque estamos en un Estado de derecho. Es lógico que el Senado no permita que se califique al franquismo como un régimen genocida e ilegal porque no lo fue; no hubo genocidio, basta leer el tipo penal para comprobarlo y tampoco fue un régimen ilegal porque surgió tras la victoria en una guerra y fue reconocido internacionalmente llegando a entrar en la ONU. Las otras cuestiones que se plantean en el artículo son de índole administrativa para lo que existen cauces legales para plantearlas y que recaiga resolución, con independencia de que ésta le guste o no al autor.
    Respecto de las cuestiones concretas que el autor plantea bajo los numerales 1º a 10º, con la excepción del 4º (pues la Basílica de La Merced es un templo cuyo propietario es la Iglesia, que tiene la última palabra), se podría hacer una consulta popular en Jerez, si es autorizada y con todas las garantías, aunque quizá el autor se llevara una democrática sorpresa.

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