Sociedad

Medio siglo transmitido de madre a hija en el famoso ‘puesto del conejo’ de la Plaza de Jerez

Maite Real relata su día a día al frente de dos puestos de recova y la historia de su madre, Juani Jiménez, que introdujo el precocinado en el mercado central de abastos, por mantener la máxima de calidad y alegría en su negocio

¿Quién no ha entrado a la Plaza de Abastos y no ha visto el conejo del puesto 68 y 69 leyendo un libro, una revista o un periódico? Más allá de la anécdota imagen que siempre suscita comentarios al echar un vistazo a la hilera de puestos de la zona de la carne y la recova, las responsables de estos puestos Juani Jiménez y Maite Real, madre e hija acumulan más de medio siglo a sus espaldas trabajando en el mercado central de abastos.

Hace 50 años, Juani Jiménez Valle llegó a la Plaza con el objetivo de hacer de su negocio de recova un lugar donde la simpatía y el buen trabajo fueran las claves del éxito. Anteriormente, había regentado un negocio de alimentación en la calle Sol, en el centro de Jerez, pero tras estar más de una década allí, decidió trasladarse a la Plaza para trabajar en un puesto como empleada. Cuando su propietaria se jubiló, el puesto pasó a las manos de Juani. En el caso de su hija Maite, llegó al mercado muy jovencita. “Mi padre llegó un día a casa diciendo que una mujer necesitaba ayuda en un puesto, y yo, como necesitaba dinero para salir con mi novio y mis amigas, no dudé en irme”. Así pasaron unos años, su madre trabajando en un puesto y ella en otro.

Sin embargo, con la jubilación de su madre, Maite decide dejar el puesto donde estaba y coger otro para seguir vendiendo lo mismo que vendía su madre. Al principio, Maite se traslada al puesto 68, pero al cabo de unos años, decide ampliar el negocio y coger también el puesto 69. Juani falleció en 2011, lo que hizo que Maite pasara a ser la propietaria de ambos puesto. “La clientela que tenía mi madre cuando trabajaba aquí sigue viniendo a comprar cosas. ¿Imagino que mi madre los trataría bien, no?”, se pregunta ella misma.

Maite cuenta a lavozdelsur.es algunas de las cualidades que su madre tenía en vida. “Mi madre era una persona llena de vida, contenta con su trabajo, comunicativa y muy solidaria. Si alguien venía a comprar los avíos del puchero, mi madre le regalaba la hierbabuena“. Y es que como dice Maite, la clave del éxito en un negocio, sea cual sea, está en el trato a las personas. “Aquí llegan personas de todo tipo, más agradables, menos agradables, con más prisa o menos prisa. Sin embargo, eso no puede ser la excusa para tratar mal a nadie”, aclara.

Maite despacha en su puesto de recova de la Plaza. FOTO: MANU GARCÍA

Juani era una persona a la que le encantaban las bromas, tal y como recuerda su hija. “Los 28 de diciembre eran un show en el puesto de mi madre. Ella hacía pestiños o cualquier otra cosa, y los rellenaba con lo que a ella le daba la gana”, cuenta Maite entre risas. En palabras de su hija, Juani era una mujer luchadora, trabajadora y buena, que no hacía distinciones entre clases sociales. “Mi madre, si sabía de alguien que no estaba en buena situación económica, cogía y le ayudaba. Muchas fueron las personas que le pagaban a mi madre poquito a poco, porque la precariedad del momento no dejaba cabida a otra cosa”.

El conejo disecado que preside la vitrina del puesto de Maite es un referente para el cliente usual de la Plaza. “Fue el marido de una prima de mi madre la que un día lo vio uno en un negocio y le gustó. Como a mi madre le gustaban tanto las bromas, de momento quiso uno para su negocio. Así que este hombre le regaló uno a mi madre y otro a mí. Desde entonces el puesto de Juani era el puesto del conejo”, cuenta entre risas.

El famoso conejo de la Plaza de Jerez. FOTO: MANU GARCÍA

Después de 28 años, Maite sigue recibiendo a la clientela que su madre tuvo en su día. Con la misma alegría y entusiasmo que su madre, Maite cuenta cómo es la venta diaria. “Todos nuestros productos son frescos del día. Los proveedores vienen por la mañana y me dejan todos los productos”. Maite es madre de dos hijas, y ahora, con la llegada del colegio, debe adaptar sus horarios a la apertura del puesto. “Suelo venir a las siete de la mañana para recibir los productos, vuelvo a casa, visto a mis niñas, las llevo al colegio y luego vuelvo a la Plaza para abrir el puesto”, relata.

Maite cuenta que la especialidad del puesto desde que su madre lo regentaba es la recova (pollo, pavo, huevos), además del conejo, por supuesto. Pero sin duda, una de sus curiosidades es que el puesto de Juani fue el primero que introdujo la comida precocinada a la Plaza de Jerez. “Al principio fue un shock para todo el mundo. Nadie se esperaba que en un puesto de la plaza se vendieran alimentos precocinados”, cuenta Maite. Sin embargo, con el paso del tiempo, este tipo de cocina tuvo un hueco en el puesto de Juani, y actualmente en el suyo. Pronto, muchos otros puestos imaginaban y serían nuevos preconizados. “Mi madre era una persona innovadora, a la que le gustaba apostar por las cosas nuevas. En aquellos tiempos la comida precocinada empezaba a aparecer en las casas. Mi madre vio ahí un punto fuerte para aumentar las ventas”..

En el puesto de Maite no falta la alegría, la ilusión y las ganas, y probablemente sean estas las claves de un futuro prometedor para la difícil situación que están atravesando los pequeños detallistas de los mercados de abastos, reconvertidos en muchos casos en centros gastronómicos para turistas. “Los clientes me suelen decir que es un gusto ver el despliegue de productos que hay en los puestos de la Plaza, frente a la cantidad de bandejitas de plástico que venden los supermercados. La clientela de Jerez es muy selectiva, y cuando quieren calidad, vienen a la Plaza”, zanja.

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