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“Me he acostado con Jerez, pero no ha servido de nada”

Casi medio siglo después de dejar su tierra, Juan Pedro Aladro, el hombre que 'reinventó' la Zambomba de Jerez, recupera en una conversación con lavozdelsur.es otra época de la ciudad, las leyendas del flamenco con las que convivió y cómo se fraguó y murió una serie discográfica para la historia de la música.

Casi medio siglo después de dejar su tierra, Juan Pedro Aladro, el hombre que ‘reinventó’ la Zambomba de Jerez, recupera en una conversación con lavozdelsur.es otra época de la ciudad, las leyendas del flamenco con las que convivió y cómo se fraguó y murió una serie discográfica para la historia de la música.

En las próximas semanas hay programadas en Jerez alrededor de 1.500 Zambombas. Excusas de todo pelaje: sociales, solidarias, teatrales, asociativas, lucrativas, vecinales, familiares… El fenómeno socio-económico-cultural se ha disparado año tras año. Imparable. Lo hace en una dimensión todavía incuantificable, que empieza descaradamente a traspasar fronteras. El Ayuntamiento apremia a la Junta de Andalucía para que nombre al evento-tradición Bien de Interés Cultural (BIC) y así crear la denominación de origen, la marca que ha de ser colocada en el mapa del competitivo país que se prostituye ante el turismo global. Seguramente nada de esa Zambomba de Jerez que ahora se ve como un filón comercial y que están ustedes a punto de disfrutar o soportar, según se mire, sería posible sin la lucidez, sin el cerebro brillante en su hemisferio izquierdo y ejecutivo en el derecho, y sin la materia gris desprejuiciada de Juan Pedro Aladro Durán (Jerez, 1938). Aunque igual que ahora se fugan cerebros y jóvenes talentos por la puta crisis-estafa, también él hace casi medio siglo que tuvo que dejar su ciudad para poder labrarse el futuro que le apasionaba y que no hallaba en casa. “Nada nuevo bajo el sol”, concluye. Cuando volvió a tener contacto con su tierra casi 20 años después de la mano de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Jerez, con la que empezó a colaborar dentro de aquel plan expansionista propio de un contexto de autonomías “más que incipientes”, alumbró el primer volumen de una obra discográfica convertida en antología monumental que atesora los sonidos con los que esta ciudad ha sabido volver a crear, con tópicos, con mitos, con sus propias leyendas, la forma tan especial de vivir y sentir la época navideña.

Aladro empezó sin que los que estaban al mando creyeran en la idea, ya que era una “absoluta novedad”, pero con su insistencia y buen hacer logró convencerlos durante 28 años más: “Yo sí sabía lo que estaba haciendo y tuvieron que fiarse de mi honradez. ¿Qué habilidad tuve? Vender la idea entregando un gran producto con un gran equipo”. En 2011, tras la crisis generalizada y la reestructuración del sistema financiero español con la absorción por parte de La Caixa de los engendros posteriores a aquella Caja fundada en 1834, la primera que se creó en España hace 180 años, este legado se detuvo de forma abrupta. Murió sin despedirse. Con una brusquedad chirriante. O quizás solo fue un inquietante coma inducido del que ojalá despierte algún día. “Caldo de malta que tenga por ahí guardao”, demanda al camarero tras desechar la marca ‘b’ que le ofrece. Ha bajado de su habitación en el Hotel Jerez tras una reparadora siesta. “Necesitaba recargar la batería porque anoche acabamos a las tantas con los ensayos (Que suenen con (+) alegría)”.

Nos confirma que estamos ante la primera entrevista en profundidad que concede: “Soy enemigo de mi información. He trabajado mucho, sí, lo que vosotros hacéis ahora, pero me gusta estar como estás tú: detrás (le dice al fotógrafo)”. El reinventor de la Navidad jerezana que hoy conocemos, esa que corta calles y bloquea plazas o que da empleo y alivio a hogares al límite, repasa su vida y obra con generosa y prolija memoria. Recordando aquel Jerez “tan distinto al de ahora pero más rico en lo económico”, evocando a las grandes leyendas del flamenco, recuperando aquella memoria histórica manoseada por la política de vertedero… “Lo más importante que he tenido en mi vida es haberla disfrutado día a día disfrutando con mi trabajo”, proclama.

Un jerezano en la cúspide del imperio de los hermanos Seix y Barral

Ese Juan Pedro Aladro de la calle Gaitán, 19, y ese hombre que se fue con 27 años a Málaga contratado por la editorial Seix y Barral para cumplir su sueño: amar su trabajo. “Empecé en la bodega Bobadilla de la calle Cristal, de auxiliar administrativo porque había estudiado profesorado mercantil; luego me fichó Jerez Industrial, pero como no me gustaba nada mi profesión, porque entonces tenías que estudiar lo que te decían tus padres, cuando pude irme de Jerez me fui. Me gustaba el mundo de la comunicación, no había estudios, escuelas, no te digo ya universidad… De Málaga paso a dirigir la delegación de Madrid de Seix y Barral, y en el año 70 me nombran director comercial de industrias gráficas y me voy a Barcelona”. Era el primer director no catalán que llegaba a Seix, llegaba a la cabeza del grupo del ya por aquel entonces baluarte de la edición literaria en el mundo hispanohablante. También cayó en sus manos la agencia de publicidad.

Empiezan a publicar a un tal García Márquez y a un semidesconocido Vargas Llosa. Desfilan por las páginas que controla Aladro la letra impresa de Borges, Neruda, Hemingway, Octavio Paz, Cela… “Fue mi gran universidad, me coge toda la época de Carlos Barral, toda aquella generación, hasta que en el año 79 me nombran gerente. Ya eso es otra historia muy larga. Porque los políticos habían acabado con la empresa. Eso lo puedes escribir. En el consejo de administración estaba Carner, Banca Catalana, Reventós… En fin, aquello era un mejunje. La misma tensión política de hoy en día. Pero si tienes un gallinero y metes una zorra… Acabó muriendo aquel Seix y Barral -en el 83 la compró su dueño actual, Grupo Planeta-. En el año 80 fundo mi propia compañía, Cinterco, y me volví a Madrid con la familia y hasta hoy”.

De vuelta a la capital, Aladro exprime su creatividad: “En Madrid ya hago lo que verdaderamente me gustaba, que era imaginar, crear, dentro de una empresa de comunicación y no estar pendiente de un taller ni de que el medio de comunicación sea un libro u otro soporte. Consigo encontrarme libre del soporte en el que quiero crear, ya fuese flamenco, ópera, zarzuela o naturaleza. O el Diccionario enciclopédico de la provincia de Cádiz. Mi vida era la empresa privada. Si todo el mundo vive del cotizante, ¿quién cotiza, eh?”. Y no paró de publicar y publicar, de crear, de asesorar… “A la edad que yo ya tengo… Creo que decía Erasmus que el cielo se puede vivir en la tierra. No hace falta morirte, se puede disfrutar. Y puedes disfrutar desde el momento en que el trabajo no es una condena. Cuando vas a trabajar todos los días porque amas lo que haces. Y eso es lo más importante que yo he tenido en mi vida. Me fui de Jerez buscando ese trabajo que amara, que me levantara por las mañanas entusiasmado, que yo creyera en lo que hacía, que aportara algo…”. Y a fe que lo logró.

Así ve la luz ‘Así canta nuestra tierra en Navidad’

Así canta no fue ningún proyecto piloto. Juan Pedro Aladro tenía la idea y el concepto claro desde el minuto uno. Probablemente todo fue producto de una juerga demasiada larga en casa de La Paquera o de esos recuerdos infantiles que te taladran durante toda la vida. El caso es que la idea había germinado y por narices debía florecer. ¿Y cómo? De otra manera: reinventando aquella historia. “Lo de aquella época no tenía nada que ver con la Zambomba en la calle. Hoy hay un confusionismo tremendo con eso y a lo mejor yo soy bastante culpable. No mire usted, eso es mentira. No solo no estaba en las calles sino que no estaba ni en todas las casas“, desmitifica. Pero una de esas casas era la suya. “Las letras se aprendían en las cocinas o como entretenimiento de los niños que se ponían a cantar en el patio. Cuando vas siendo un adulto, te vas de tu pueblo, llegan las añoranzas en esos días, y buscas por todos sitios. También lo hacía por mi afición al mundo de la música, mi asignatura pendiente. El caso es que buscas a ver dónde estaba el Marinero Ramiré y dónde estaban aquellos villancicos. Aquello no existía, eso no aparecía y lo añoraba: todo lo que había cantado en mi casa con mis primos, en otras casas… Lo echaba de menos y puede que eso fuera aquella chispa que se encendió cuando a mí me llaman para colaborar con la Caja y propongo la idea. Se hizo el primer Así canta nuestra tierra en Navidad, una marca, Así canta nuestra tierra, que ya estaba creada y de la que sale este derivado”.

Más atrás. ¿De dónde viene la obsesión por emprender esta infatigable labor arqueológica que le llevó hasta por asilos a entrevistar a los mayores? “Tuve mucha amistad con La Paquera y la última zambomba a la que asisto, que ya no era de patio pero que seguía siendo una singularidad, fue en un garaje en la cuesta del Espíritu Santo. Se organizó una zambomba y acabamos en casa de La Paquera, podía ser en La Asunción. Lo recuerdo como un sueño, qué piso tan pequeño, yo sentado en la almohada de una cama de matrimonio con cuatro amigas más, no se cabía en esa casa, fue una de las noches más memorables que recuerdo… Se te queda grabado a los 20 y pico años, y todas letras que ya me sabía se me quedaron grabadas en la cabeza. Lo que no tenían era título”. Propongámoslo y busquemos a la columna vertebral musical de la propuesta, debió pensar muchos años más tarde de aquella juerga.

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Faltaban muchos años todavía para la llegada del cedé, del mp3, del megabyte colgado en la nube de Spotify. Los discos eran para gente pudiente y el tiro se centraba en el casete. La obra social en toda su dimensión. Una Caja pop. “Los discos eran un 5% de la tirada, el resto eran casetes porque en las casas de los clientes de la Caja no había tocadiscos. Pero sí radiocasetes en los coches. Yo regalé todos los discos de la primera tirada porque si no, no hubiera habido disco. La Caja no lo quería pagar porque no creía en la idea ya que los que mandaban, excepto Mariano Ruiz Carretero, no tenían tradición de Zambomba. ¡Pero es que era normal entonces! En la calle solo se cantaba el día 24, entonces no existían los pisos actuales, se vivía en familia, aquella colectividad propiciaba el encuentro. Pero cantaban donde les cogiera solo en la Nochebuena. Después de la misa del Gallo, Jerez era una cosa espectacular, no había calle por la que pasaras en la que no saliera sonido de villancicos, pero llegaba el día 25 y hasta el año que viene”.

Columna vertebral: la música de Manolo Parrilla

Ya conocía de sobra a Manuel Fernández Parrilla de Jerez. De verlo en el bar Cristina tomar café al caer la tarde y salir rumbo a la venta Benjamín para liarla parda. Pero también, más tarde, de escucharle tocar en tablaos de la capital. “Con La Paquera, con El Serna…” En Benjamín, junto a la Rosaleda, se daban reuniones flamencas que “hoy serían imposibles: hasta las tantas de la madrugada, acabando en una viña haciendo caldereta hasta el domingo”. Su desconexión de entonces con Jerez, año 82, le lleva a pedir recomendación a Manolo Ríos Ruiz y a otros jerezanos en el exilio. Todos apuntan a Parrilla. “Yo era consciente de que no se podía volver a oír la Navidad cómo yo la había escuchado en el patio de mi casa. Yo sabía que eso no podía devolverlo de esa forma porque estaría llamado al fracaso. Había un arsenal debajo porque en un disco caben diez villancicos. Entonces Manolo me recomendó que hablara con Manolo Parrilla. El cimiento lo tuve”.

Camino a la Plazuela. “Cuando tomo la decisión de hablar con Parrilla, él ya había hecho otros intentos, había hecho una misa del Gallo, y ya tenía experiencia. Yo quería devolver aquello de una forma más nueva, la Zambomba no era flamenca y se aflamencó, y la aflamenca Manolo con Gerardo Núñez, que era el segundo guitarrista de aquel volumen. No se podía devolver con una zambomba, unas panderetas mal sonantes y un coro. Manolo fue el vehículo ideal, fue un gran músico, y la innovación de la guitarra que introdujimos provocó que aquello adquiriera una nueva dimensión”. Por lo que a él respecta, “venía a colaborar en un plan de expansión de la Caja con dos o tres productos”, entre ellos también el emblemático e imprescindible Jerez canta a Manuel Alejandro. “Venía muy preparado de Barcelona, la verdad, por lo que tampoco era una dificultad. A ello sumé mi afición al flamenco como parte de mis señas de identidad y de todo eso se parió aquello”. Cuando la Caja dio el ‘ok’ al proyecto, también se sumó el flamencólogo Juan de la Plata. [[{"[[{"fid”:”6965",”view_mode”:”news_page_image”,”fields”:{"format”:”news_page_image”,”field_image_description[und]lue][0[0][value]eld_file_image_alt_text[u[und][0][val[und][0][value]sta Juan Pedro Aladro, fotos Juan Carlos Toro”,”field_file_image_title_text[u[und][0][val[und][0][value]eld_image_autor[u[und][0][val[und][0][value]rlos Toro”,”field_image_autor_twitter[u[und][0][tit[und][0][title]eToro”,”field_image_autor_twitter[u[und][0][url[und][0][url].com/CarleteToro”},”type”:”media”,”attributes”:{“alt”:”Entrevista Juan Pedro Aladro, fotos Juan Carlos Toro”,”height”:”409″,”width”:”615″,”class”:”media-image aligncenter size-large wp-image-18953 media-element file-media-large file-news-page-image”}}]]

Y todo giraba al son del toque de Parrilla, poseedor de “una música que por desgracia hoy en la guitarra falta. Porque se ha impuesto una guitarra nerviosa, escuchas media hora a un guitarrista y no sabes qué coño ha tocado. Y además te pone nervioso. Pero con Manolo sí sabía siempre lo que estaba tocando, tenía mucha música en su guitarra”. “Manuel sabía más de música de lo que todo el mundo supone, tenía una intuición y un oído privilegiado. Tenía inteligencia natural de la música. Después era un trabajador nato, no era un perezoso, no perdió ni un segundo de su vida. Otra cosa es que lo pareciera. Lo quise muchísimo y sentí muchísimo los errores médicos gravísimos que lo llevaron a la muerte. De Juzgado de guardia. No tengo nombres ni apellidos pero Manolo podía estar hoy vivo perfectamente. Aquello tocó y tocó, pero no voy a desperdiciar la oportunidad de decirlo”. Sin desmerecer en ningún caso a un hombre al que “quise mucho”, la verdadera piedra angular del éxito de la colección Así canta fue que “lo importante es que supimos construir un equipo de trabajo donde las bases no se cambiaron: había bases en las voces de las mujeres, Mercedes y La Macanita, había bases en los hombres, y Parrilla era la base sobre la que giraba todo el montaje artístico del disco.

Pero también José María Álvarez-Beigbeder, hermano de Manuel Alejandro, que era el director artístico de la grabación”. Todo estaba medido, todo conjuntado y casi, casi milimetrado. “Lo consensuábamos todo aunque el repertorio lo impusiera yo que era el que tenía que dar la cara en la Caja, pero les pedía opinión. Quedan grabaciones maestras porque íbamos preparados, no dejábamos nada al albur, el cantaor iba con ciertas libertades pero controladas, de manera que si no gustaba tenía que repetir y no había que decírselo”. En la calle Santa Clara de Sevilla lo pasaban en grande. La cosa funcionaba como un reloj suizo al que daban cuerda unos cachondos mentales desbordados de talento.

“Volvíamos todos locos de contentos”

“El ambiente en Alta Frecuencia era una maravilla, volvíamos todos locos de contentos, tendría para escribir dos libros solo de anecdotario de las grabaciones. Era todo el tiempo de cachondeo. Recuerdo el día que José María tuvo a Torrito todo el tiempo metido en la pecera del estudio. Le pegó una paliza al pobre… Pero quedó muy bien. ¿No iba a quedar bien la grabación? ¿Por qué me metería yo en esto si lo mío es coser?, le decía a la Macana (ríe a carcajadas). Lo que nos hemos reído ahí…”. Y Parrilla sin parar de sumar. “Sale Ángel Vargas, que fue un descubrimiento hasta para Lola Flores, y se lo enseña todo Parrilla. Le escuchamos en una saeta a la salida del Prendimiento y dio dos veces el do de pecho. Esa saeta la tiene guardada Manuel Alejandro en Madrid”, descubre. El reguero de grandes artistas que desfilaron por los 29 volúmenes de la colección marcó una época.

Destaca Aladro los que siempre le impresionaron: “Tomi Macanita fue un puntal, ha hecho cosas muy importantes; Torrito era un pedazo de artista; Mercé dejó una gran huella, Ángel…” Pero por encima de todos, La Paquera. “Era sorprendente en sí misma, era una señora inteligentísima, con una cabeza privilegiada. Y después cantaba y tenía un sentido… Era una artista integral, como la copa de un pino”. Luego también estuvo aquello de Rocío Jurado, que “creo que fue importantísimo. Pero para la música española”. “Probablemente porque fue tan importante esta colección, nadie después se ha atrevido a meter mano… Aprovechando que el Pisuerga pasaba por Valladolid, y tenía relación con musicólogos, me mandan cinco o seis temas que están en la colección, como A la niña guapa le ha cogido el toro y le ha metido el cuerno por el as de oro. Unas letras que están en los estribillos de canciones populares españolas, hasta en la Tía Norica. Y eso es de Salamanca. La escuchaba, se lo contaba a Manuel y veíamos si entraba por bulerías o por dónde entraba”.

El fin de ‘Así canta’ fue consecuencia de “la poca vergüenza de los políticos”

Y llegamos al final: la paralización del proyecto en 2011, a punto de cumplir tres décadas. “No es consecuencia de la crisis, es consecuencia de la poca vergüenza de los políticos. Se puso a toda la golfería política al mando de las cajas porque con los profesionales que estaban al mando no hubiera pasado esto. Golfería política y sindical, de un signo y de otro. Porque lo que ha pasado en Andalucía ha pasado en Castilla y en Cataluña. Esto es lo que el país le debe a Alfonso Guerra, la ley es del mismo que dijo que se había muerto Montesquieu”. Y ahora, con otra Navidad en ciernes, estamos sin Así canta y con una exposición de La Caixa sobre drogas en la plaza del Arenal. “Tienen puestas otras miras. No había interés ninguno porque les dejaba una foto al año y tenían 364 fotos más. Ahora hay un mercado colonizado que han traído los golfos estos, han traído la ruina en muchos sentidos porque todas las obras culturales estaban sostenidas por las cajas: han arrastrado a los teatros, las exposiciones, los pintores, la poesía, la novelística… Lo han arrasado todo, no han dejado títere con cabeza. Es mucho más gordo de lo que imaginan todos. ¡Y andan sueltos! Ahora se fijan en Ana Mato porque no vio un Jaguar en el garaje, pero ¿y los que han estado presidiendo las cajas, las expoliaron y andan sueltos por las calles, de esos no se va a hablar nunca? ¿El director general del Banco de España, que tenía la obligación de vigilar, también está en su casa?”

La edad de oro de la Zambomba comercial de Jerez

Unas 1.500 zambombas en apenas cuatro semanas son muchas. La mayoría no pasará ningún filtro que mida su autenticidad, su respeto por la tradición y por aquella labor ingente que emprendieron ilustres jerezanos a principio de los 80. Pero aquí tampoco hay prejuicios para Juan Pedro Aladro. “Lo veo cojonudo. Es una forma de ingresos. Me contaba El Guapo una anécdota muy graciosa: cuando llegaba el invierno y veía a los candeleros se echaba a temblar porque llegaba el frío y el hambre, y en Navidades no se comía una rosca. Ahora tienen trabajo. No tiene nada que ver la Navidad de aquellos flamencos con la de ahora”. Porque eso es otra, cuenta, “todo el mundo se ha tragado que esto era de los flamencos. Pues mire usted, no. Eso era de los payos, era una celebración paya. Parrilla, Juan de la Plata y yo empezamos a buscar letras flamencas porque no había, y específicamente para las bulerías. Se llegaron a encargar. Porque ellos tenían cuatro cositas cogidas de aquí y de allí. La Navidad siempre fue para ellos por bulerías. ¿Que ahora se pierda eso? Peligro no hay de ninguna clase”. Nada fue por casualidad. Había materia prima, había una idea y había ganas de hacer algo auténtico que perdurara. Todo está grabado y todo ha seguido preservándose con los años también en la tradición oral, bajo nuevos usos y costumbres propios de otro contexto.

“Recogimos una herencia, costó mucho trabajo encontrar eso, había que ir a residencias de ancianos, hablar con ellos con el tremendo problema de que cuando entraba el último Rey Mago ya no se acordaban, estaban acostumbrados a evocar con la fecha, no el resto del año. Manolo Parrilla me acompañó en varias ocasiones, también Andrés Cañadas, entonces director de Radio Popular, Pepe Marín… De su mano puse en pie al romance de Gerineldo. No sabía de qué carajo iba, no me creía los primeros versos y es un clásico de la literatura española”. “¿Que ahora lo arreglen? ¿Que se desvirtúe? ¿Por qué se va a desvirtuar? Que me guste o no es harina de otro costal, pero ya no soy nadie para opinar de esto. Mi trabajo ya terminó. He devuelto lo mejor que me encontré, vivía de los mejores y desde luego el mejor de los mejores con los que trabajé era Manolito Parrilla. Si querían me echaban a mí pero había intocables en mi equipo. Para bien o para mal, se grabó siempre lo que a mí me dio la gana”.

Y Jerez…

“Te voy a hablar de mi pueblo, que también es el tuyo, ¿no? Estaba haciendo yo el Diccionario Enciclopédico de la provincia de Cádiz y una de las personas de confianza era Jesús de las Cuevas, que ya estaba mayor. Pues iba a ver a Jesús a Arcos, donde íbamos a una venta bajo la peña y durábamos hasta la noche. Un día, entre La Ina y La Ina, esta enciclopedia viviente me dice: ¿Te casarías con Jerez, Juan Pedro? Vamos a ver Jesús, ¿eso qué es? Fernando Quiñones era muy metafórico pero no Jesús. Déjame que lo piense, le dije”. Y sentenció taxativo: no. ¿Por qué? “Porque Jerez es una mala mujer. Y me respondió, pues yo me he casado con Arcos y es la mujer más fiel que he encontrado en mi vida”. Se para y nuevamente reflexiona sobre aquella respuesta.

Llega a la misma conclusión. “No he conseguido hacer con Jerez nada más que la colección de los villancicos. He fracasado con todo lo que he intentado en Jerez, ni las bodegas, ni el napolitano que es mío y está puesto en el Museo del Belén… Jerez te pone los cuernos a la que vuelves la cara. Es ingrata, lo lleva en el ADN y es grave. Es necesario que alguien se lo diga a la ciudad”. Perdona el injusto olvido, pero obvia los homenajes. “¿Reconocimiento yo? Eso post mortem. Yo no lo quiero. Me he acostado con Jerez, pero no ha servido de nada”. Y confiesa: “Es la primera vez que cuento esto… El whisky me está traicionando”. Será que el whisky no es tan dulce como los labios de esa mujer, pero sí más sincero. ¿Que ahora están promoviendo un monumento que rinda tributo a la figura de Manuel Fernández Molina Parrilla de Jerez? Aladro lo deja claro: “Ole los cojones de quienes lo estén promoviendo. Manolo se lo merece”.

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