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María Alcantarilla: el arte de mirar para ver

La autora sevillana, una de las voces más sólidas del paisaje actual de las letras, acaba de publicar su primera novela, 'Un acto solitario'. Hablamos de su universo literario y personal.

La autora sevillana, una de las voces más sólidas del paisaje actual de las letras, acaba de publicar su primera novela, ‘Un acto solitario’. Hablamos de su universo literario y personal.

María Alcantarilla (Sevilla, 1983) es ya una de las voces más sólidas de nuestro paisaje literario actual, aunque ella misma se define como un proyecto abierto, una artista completa de horizonte amplio que abarca el periodismo, el arte audiovisual, la pintura y la fotografía. Su obra ha sido expuesta en galerías de arte contemporáneo como Colorida Art Gallery (Lisboa), Carolina Rojo (Zaragoza) o Slowtrack (Madrid), dirigida por Marta Moriarty, y ha llevado a cabo colaboraciones gráficas con editoriales y medios de comunicación como El País, Le Monde Diplomatique o El Rapto de Europa y con otros narradores españoles como Juan Bonilla.

Lo mejor de su poesía está en los libros La edad de la ignorancia (Visor), galardonado con el Premio Internacional de Poesía Hermanos Argensola; el volumen de poesía visual El agua de tu sombra (Musa a las 9), galardonado con el I Premio de Poesía Multimedia Poemad, Ella: invierno (Valparaíso) y La verdad y su doble (Sonámbulos Ed.), una antología visual de la poesía española contemporánea.

A la pregunta de qué es lo que le pide una artista joven al mundo, ella responde que nada específico que ella misma no pueda ofrecerle a él, en todo caso, cierta escucha atenta. Nada más. Y eso es justo lo que nos atrapa de su obra a quienes la admiramos y seguimos, su capacidad para ofrecernos una mirada distinta de la realidad, quizás más compleja. María Alcantarilla tiene el don de crear atmósferas envolventes y silenciosas en medio del ruido. Ella es contemplación, y exquisita lentitud, bálsamo para la velocidad, que se agradece.

Era una inquietud personal saber cómo es la poeta, la profesora y monitora del Taller de Escritura Autobiográfica en Cádiz, de la que hablan sus alumnos con enorme entusiasmo. Además, celebramos que también acaba de publicar su primera novela, Un acto solitario, en nuestra querida editorial La Isla de Siltolá.

“El mundo es lo que cada cual ve y, también, lo que cada cual aporta de esa visión”

Comparto aquí una breve conversación que nos acerca a la autora.

Tu poesía está reconocida y galardonada. Goza de la admiración de los lectores y el respeto de los más entendidos. ¿Qué es para ti la poesía?

Es una forma de estar viva y de experimentar mientras la realidad pasa a través de todos, como una especie de acuífero que nos cala sin darnos cuenta. Eso sí, no le otorgo ningún grado de elevación más allá de la propia vida de la que se nutre, más como una forma íntima o subjetiva de mirar que como un don o una facultad regalada.

“Creo en la sorpresa como arranque de una idea y creo en el trabajo que hay detrás de toda obra”

Tu obra es silencio en medio del ruido. ¿Cómo consigues abstraerte de la velocidad de lo real y crear tu propio universo literario?

Creo que, en este sentido, las raíces marcan mucho. Mi infancia, y gran parte de mi adolescencia, transcurren en un pueblo muy pequeño, rodeada de animales y de naturaleza. De entre las pocas certezas que manejo, estoy convencida de que ese es el ritmo más cabal en el que los hombres deberíamos desenvolvernos, y no en la prisa acumulativa. Ser una niña solitaria también ayuda a entender, más tarde, que no se está menos solo por estar rodeado y que las relaciones que nutren son aquellas que te permiten ser tú mismo, sin crearte demasiado sentimiento de culpabilidad ni de repulsa. Todo eso, supongo, engendra, no solo un universo literario, sino uno personal.

¿Crees en la inspiración, en el fogonazo, o eres de rutinas y trabajo constante?

Creo en la sorpresa como arranque de una idea y creo en el trabajo que hay detrás de toda obra. En la maduración de esa sorpresa, no a base de sumarle horas sin sentido, sino de tomar consciencia sobre ella y de crecer con ella. A todo esto ayuda, y mucho, la lectura diaria, la escucha diaria, la observación lúcida diaria. Tengo la sensación de que cualquier creador es constantemente un creador, y que su rutina de trabajo es más una forma de estar sobre el mundo que una ocupación con fecha y hora.

Tus lecturas. Tus referentes. Tu medio natural.

Soy un tanto ecléctica, la verdad. Pero, por resumir y atendiendo más a estos últimos años, me quedo con Yourcenar, por su inteligencia nata; con la herida de Bernhard y su ausencia de moralinas; con Clarice Lispector, por su lírica afilada y humana; con Dubravka Ugrešić, por su capacidad acumulativa y perfectamente hilada, cosiendo párrafo a párrafo o con Enrique Vila-Matas, por su perpetuo análisis de la identidad y su ironía.

En cuanto a mi medio natural, cualquier rincón de mi casa.

“La poesía es un poco más autónoma, diría yo. La narrativa, más dependiente”

Sobre ‘La verdad y su doble’. Algunas claves.

La verdad y su doble es un intento de aunar el mundo de la poesía con otro código, quizá más actual, como es el de la fotografía. Siempre he tenido la sensación de que, la manera en la que se nos muestra lo lírico, desde nuestros primeros años en la escuela, es bastante revisable. La poesía termina por parecernos algo aburrido y con un soniquete abyecto, lejos del imaginario infantil y, además, bastante inentendible. De ahí que me propusiese seleccionar a cincuenta grandes poetas que han ido marcando, de una manera u otra, mi imaginario particular y, de uno solo de sus poemas, plantear una interpretación visual. El resultado es “La verdad y su doble” y lo mejor quizá de este volumen, es que sigue abierto a la interpretación de quien se acerque, lea y observe.  

Estrenas ahora novela, ‘Un acto solitario’. De sentirlo, ¿dónde notas más el vértigo, en narrativa o en poesía?

Ambas me nutren muchísimo y cada una tiene sus matices. Si la poesía es condensación, la novela tiende más a la expansión acumulativa. Al menos en mi caso. La narrativa, eso sí, termina por convertirse en un proceso un tanto más absorbente. No puedes dejar de estar encima porque, en el momento en que te despistas (uno, dos días) la historia parece ir a su aire y retomarla es demasiado trabajoso. La poesía es un poco más autónoma, diría yo. La narrativa, más dependiente.

¿A qué tipo de lectores deseas llegar con esta obra?

Sinceramente, nunca me he parado a pensar en qué tipo de lector me gustaría que se acercase a mi obra. Hay en mí, más bien, una nostalgia tensa que, creo, afloja su rigidez gracias a la empatía. Es decir, me doy por satisfecha con que alguien, cualquier lector, se sienta un poco más acompañado con alguno de mis textos. Ese sería el gran logro.

Dominas lo visual. La complejidad de la imagen detrás de la imagen, del latido entre líneas. ¿Puede pulirse la mirada, moldear la forma de ver el mundo alrededor?

Estoy convencida de ello. Y me parece que el pequeño o el gran cambio en la manera de observar se fragua a partir de una determinada forma de estar en el mundo también. Es decir, que los cambios internos de los que nos hagamos cargo cada uno, los cambios propios, van a perfilar nuevas visiones, generalmente mucho más amables y más conscientes. Hay que ser un poco combativo y desmentir a esa voz de fondo, a nivel social, que constantemente nos repite: nada va a cambiar, hay que conformarse o el mundo es lo que es. El mundo es lo que cada cual ve y, también, lo que cada cual aporta de esa visión.   

Me consta la fascinación que provocas entre tus alumnos del Taller de Escritura autobiográfica. ¿Tenemos todos los recursos en nuestra propia historia? ¿Es necesario nutrirse de las historias de otros? Consejos para los que quieran también construir un imaginario propio y escribir.

Todo hombre o mujer que haya vivido, posee una historia digna de ser contada. La cuestión más importante aquí, si se me permite, es algo que ya hemos hablado. Es decir, me parece que el error fundamental está en la manera en la que se nos escucha, así como en la manera en la que nosotros mismos escuchamos a los demás. Y, para mi gusto, es absolutamente deficitaria. Históricamente, las primeras narraciones poseían un carácter meramente oral. Y para eso hacía falta la atención de un segundo. Habitualmente creemos, en lo más íntimo, que nuestra historia no es digna, que no tiene matices, que es una historia más. Y, en todo esto, lo único que necesitamos es aprender a compartir y, por supuesto, aprender a oír a quien nos cuenta. Todo lo demás, las herramientas propias del oficio, podemos aprenderlas con relativa facilidad. De ahí los cursos que planteé en la Universidad de Cádiz hace ya dos años y que retomaremos en septiembre con la misma ilusión del principio.   

¿En qué otros proyectos inmediatos podremos disfrutarte?

Pues estos meses van a estar cargados de letras. La novela que ya ha salido, el nuevo poemario que saldrá en octubre y, en cuando a imagen, participamos con La verdad y su doble en la Exposición de Fotolibros Iberoamericanos, y será presentado en la 8ª edición de la Feria del Libro de Fotografía de Lisboa. Así es que, disfrutemos del proceso y de la pequeña cosecha. 

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