Editorial

Mamen Sánchez: ¿callejón sin salida?

EDITORIAL. La negativa de la alcaldesa socialista a firmar las readmisiones de 116 afectados por el ERE municipal del PP, tras un año largo coleando una solución al conflicto, pone en peligro su continuidad al frente del Consistorio. Sus aliados, Ganemos e IU, han dinamitado el pacto de investidura.

EDITORIAL. La negativa de la alcaldesa socialista a firmar las readmisiones de 116 afectados por el ERE municipal del PP, tras un año largo coleando una solución al conflicto, pone en peligro su continuidad al frente del Consistorio. Sus aliados, Ganemos e IU, han dinamitado el pacto de investidura.

Mamen Sánchez está probablemente viviendo sus peores momentos como alcaldesa desde que accedió al poder local hace un año y tres meses. Su negativa a firmar los acuerdos transaccionales previos a la reincorporación de 116 afectados del ERE —esgrimiendo “lagunas legales” que desaconsejan dicha resolución— ha provocado una cascada de decisiones que han bloqueado el día a día de un Ayuntamiento ya de por sí a ralentí. Sin secretario municipal, pues a la baja del titular se sumó la de su suplente un día después de que el PP le solicitara un informe sobre la legalidad de las reincorporaciones de los afectados por su ERE, el pasado mes de septiembre no ha podido celebrarse pleno ordinario —algo inédito en la historia democrática municipal reciente—, ni tampoco otra sesión extraordinaria en la que estaba previsto aprobar el Presupuesto municipal para 2016 —nueve meses después de iniciarse el ejercicio— y la revisión del Plan de Ajuste del Consistorio a la que obliga Hacienda. 

Con este panorama, la regidora socialista trata de salvar la cara ante el incumplimiento que supondría la expulsión definitiva de 116 empleados públicos que fueron despedidos de forma improcedente en un ERE arbitrario y no ajustado a derecho, según lo definió el propio TSJA en su fallo de la demanda colectiva que se interpuso. Puede que no quepan dudas de que la actual alcaldesa socialista, que incluso llevó el asunto al Congreso en su última etapa como diputada, ha hecho todo lo posible por resolver favorablemente la situación del nutrido grupo de afectados, pero la realidad es que un año largo después todos experimentan un sentimiento de rabia y frustración por el tiempo perdido y las falsas expectativas creadas. 

“Caer va a caer, no le queda otra. Pero si hay que hacerla caer será más desagradable”, advierten fuentes de la oposición.

Fue ella la que en el pleno de hace un año proclamó a viva voz “bienvenidos a vuestra casa” pese a que en la letra pequeña se reservase esa coletilla que emplean los suyos estos días de que las readmisiones se producirían siempre y cuando lo permitiese la ley. Una obviedad que no impidió seguir vendiendo hasta hace un mes que las reincorporaciones eran posibles y que su aprobación era inminente. La gestión de uno de sus grandes compromisos electorales ha sido atropellada, radiada al minuto y con unos vaivenes vociferados fruto de una pésima política de comunicación que ha sido incapaz de modificar o modular en este tiempo. “Si hubiese anunciado que no era posible dar marcha atrás al ERE al segundo mes de mandato habría salido indemne. Un año y pico después no tiene sentido, ya el ERE es suyo”, sostienen fuentes próximas al gobierno municipal

En este callejón sin salida del que nadie sabe —pese a que muchos hablan— cómo se va a zafar, a la petición de dimisión de IU se ha sumado también en el arranque de la semana la de Ganemos, que no obstante ha avanzado que consultara este extremo en asamblea, y la de la exalcaldesa María José García-Pelayo, que anima al resto de la oposoción a ir preparando la moción de censura. La realidad, pase lo que pase, es que sus dos principales aliados políticos —que incluso barajaban incorporarse al ejecutivo local como socios de gobierno, pese a venir cuestionando su gestión en este año largo— no han tardado en dejarla a los pies de los caballos y, como ya algunas voces de la oposición sostienen, empezar a pensar en hacerla caer si no dimite. “Caer va a caer, no le queda otra. Pero si hay que hacerla caer será más desagradable”, advierten las mismas fuentes. En público y en privado, Mamen Sánchez ya ha dejado claro que la dimisión no es algo que pase por su cabeza pero, en una triple pirueta mortal, tendrá que ofrecer alguna alternativa creíble para poder justificar ante sus socios políticos de investidura —y probablemente ante su propio partido— su continuidad al frente del Ayuntamiento de la quinta ciudad andaluza en población. Bastión clave, no se olvide, para el sostenimiento del poder del PSOE en la Junta de Andalucía y la Diputación de Cádiz. 

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