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Magia y superstición entre musulmanes y moriscos en Andalucía

Fueron uno de los colectivos más perseguidos en nuestra región porque eran acusados de mantener su antigua religión.

Fueron uno de los colectivos más perseguidos en nuestra región porque eran acusados de mantener su antigua religión.

Como vimos anteriormente en el artículo La brujería en Jerez y Andalucía, los moriscos fueron uno de los colectivos más perseguidos en nuestra región porque eran acusados de mantener su antigua religión y de llevar a cabo practicas de hechicería en la intimidad de su hogar. Hay que decir que, entre los musulmanes, estaban prohibidas ciertas artes mágicas y que, continuamente, sus ulemas advertían de que no había que seguir a los adivinos o a los hechiceros pero, estas leyes, no tuvieron mucha fuerza entre los fieles.

Según Rafael Martín Soto, “los musulmanes españoles no fueron una excepción y se mostraron tan atraídos por las suertes, agüeros y hechizos, como el resto de sus correligionarios, y cuando al fin se concluyó la reconquista por parte de los cristianos, su afición por las artes mágicas se vio incrementada por una concepción fatalista de la existencia”. De hecho, esta idea viene a reafirmar las palabras del clásico autor del tema, Julio Caro Baroja, que decía así: “La brujería en sí rebasa por su complejidad, todas las explicaciones que se han dado, es que en cada una de ellas parece haber un elemento de verdad y la cuestión es integrar todos estos elementos en un todo donde puedan quedar más ajustados”.

Esto nos indica que debemos enmarcar la hechicería morisca dentro de las circunstancias de su tiempo, caracterizado por la convivencia con los cristianos —que influirán en sus creencias— y por la persecución del Santo Tribunal de la Inquisición. De entre sus supersticiones más comunes, podríamos señalar la curiosidad que sentían por el futuro. Utilizaban para conocerlo un juego llamado “Suertes de Dulcarnaín” que usaba los dados para ver en el futuro. También gustaban de tomar bebedizos mágicos o “anoxaras” para evitar las calamidades.

La creencia en el influjo de los astros estaba muy extendida y era compartida por las otras culturas hispánicas. Esta creencia, entre los moriscos, era tal que determinaba buena parte de su actividad diaria pues dependiendo de la hora, el día o de la presencia de la luna recogían o no una hierba medicinal o se dedicaban a una actividad del campo u otra. Por ejemplo: era una creencia extendida que las hierbas recogidas en la noche de San Juan tendrían grandes virtudes y que, por citar otro ejemplo, si un caballo era herrado el día de San Esteban tendría mayor fortaleza. La creencia en los conjuros también estaba muy arraigada y muchos los llevaban escritos en papel aunque, luego, los ocultaran a la vista común y corriente para evitar ser señalados.

El poder relacionaba a los moriscos con otro gran colectivo, famoso por llevar a cabo prácticas mágicas, los gitanos, como ya vimos en el artículo La hechicería y las creencias gitanas en Andalucía. Sobre la relación que en su época se hizo entre estos y los moriscos tenemos registrada en una real Cédula de 4 de mayo de 1499, que los gitanos, los mudéjares y los moriscos solían andar juntos “haciéndose hechiceros, adivinos y otras cosas”.

Esta serie de prácticas, que llevaban a cabo los moriscos, despertó la preocupación de las autoridades eclesiásticas y estos prohibieron una serie de costumbres tales como enterrar a sus difuntos de lado, llevar comida y bebida a sus tumbas o echar flores, hojas o piedras de río sobre estas. También se prohibió fabricar o llevar medallas donde se representara la mano de Fátima o una Luna, aunque parece que todas estas prohibiciones no tuvieron mucho éxito porque, en 1572, se insistió de nuevo en estas prohibiciones y se declaró que se azotaría, amordazaría y se llevaría a vergüenza pública al que hiciera uso de las mismas.

Por otro lado, la Inquisición contó con la ayuda “desinteresada” de los cristianos viejos que alertaban a la institución de cualquier acción que pudiera despertar su interés o curiosidad, por ejemplo: señalaban a aquellos que se limpiaran la boca después de comer o que lavaran a sus difuntos antes de enterrarlos. Decir también que el número de procesados por estas prácticas era significativo y, normalmente, iba asociado a una pena o a un delito más grave. En la mayor parte de los casos, eran simples supersticiones relacionadas con la salud, la búsqueda de la suerte, de algún tesoro dejado por los antiguos nazaríes, o con el amor u erotismo. Aun con todo ello, no deja de ser paradójico ya que al igual que ciertas costumbres moriscas fueron influidas por los cristianos, también sucedió en viceversa, y por ello una de las prácticas más comunes entre los musulmanes —llevar amuletos de protección y talismanes— se extendió entre los cristianos del siglo XVI para proteger a su portador de los males de ojo y las enfermedades.

Bibliografía:

Caro Baroja, Julio. Las brujas y su mundo. Madrid. Alianza Editorial. 2015.
Martín Soto, Rafael. Magia y vida cotidiana. Andalucía, siglos XVI-XVIII. Centro de Estudios Andaluces. Renacimiento. 2008.
Martín Soto, Rafael. Magia e Inquisición en el antiguo Reino de Granada. Málaga. Arguval. 2000.

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