Opinión

Madres, no madres o como nos salga del coño

Si hay una violencia hacia las mujeres continua e intermitente a la vez, directa o latente otras veces, en los espacios privados, familiares o en los espacios públicos, y que se repite en todas las generaciones es el cuestionamiento de nuestro papel como madres o como no madres. El machismo nos quiere procreando y cuidando, el nacionalcatolicismo que aún pervive en nuestro país y ahora se muestra a cara descubierta, nos quiere procreando y criando, y el sistema capitalista nos quiere procreando y criando. En definitiva, produciendo.

Nos enfrentamos a continuos comentarios sobre cuándo vamos a tener un bebé, “que se te va a pasar el arroz”, a miradas acusadoras cuando tu crianza es lo más afectiva posible y cuestionas el modelo victoriano que en versión spanish aún se sigue aplicando, teniendo que escuchar sentencias como “no lo cojas tanto que lo vas a malacostumbrar”, o si, por el contrario tu crianza se basa en la confianza de criar hijos que sepan que sus madres son además personas, volverá el juicio de valor por no ser la madre abnegada que la sociedad demanda. Y sí, dirán muchos y muchas, que esos comentarios pueden venir de las propias mujeres, las mismas que, claro, nos criamos en el sistema patriarcal generación tras generación y arrastramos todas las culpas que nos inocularon para hacernos más débiles.

Y frente a la supuesta igualdad, los cuidados de los hijos y de las hijas, siguen siendo de las mujeres, de todas nosotras, que compaginamos a la vez, carreras profesionales o la vida misma, con más o menos éxitos en función de las renuncias que debamos hacer. Hay excepciones, por supuesto que, a ojos de la sociedad, son golpes de fortuna que les ‘tocan’ a las mujeres. “¡Qué suerte has tenido!”

Si por el contrario, decides no tener hijos, te tendrás que enfrentar a insidias desde todos lados que se preguntarán por qué optas por no dejar tu legado en el mundo, “Hija…con la alegría que dan y luego lo que te acompañan”. Y aquí se abre otro abanico de posibilidades. No tener hijos por voluntad propia o ajena. Porque este sistema capitalista que nos quiere produciendo mano de obra, te condena mientras tanto a la precariedad absoluta que te impide decidir cuándo dar el paso a la búsqueda de un bebé, porque con un contrato temporal de 600 euros a ver cómo pagas alquiler, comida, luz, agua y crías a un bebé… si antes no te ha echado la empresa o rebajado aún más porque durante unos meses “no serás productiva”.

Y como el tiempo pasa, y vivimos en un mundo nada saludable, y comemos comida de plástico –porque la buena y real es tremendamente más cara—, llega la crudeza de la biología y la reproducción se resiste. Y cada vez conozco a más amigas, mujeres fuertes, que ven sometidos sus cuerpos a verdaderas escabechinas para poder cumplir su sueño de ser madres en un sistema-mundo que luego no se lo agradecerá. Y ahí también llega el capitalismo, que ve oportunidades de negocio donde sea. Nuestras ciudades se llenan de clínicas de fertilidad donde antes había ‘almacenes’, con publicidades que relacionan la felicidad de tener un hijo directamente con el dinero que puedas desembolsar; anuncios que levantan el estómago al pensar cuántas parejas no podrán tener un bebé por no tener disponibilidad económica mientras que la lista se hace más larga en el sistema público de salud.

El último eslabón de esta perversa cadena es la gestión subrogada, los vientres de alquiler, que convierten a las mujeres en vasijas en un mercado donde sus cuerpos son instrumentos de explotación bajo el eufemismo de la libertad y la remuneración económica.

Esta misma semana han sido absueltas las tres feministas acusadas por la asociación de Abogados Cristianos de ofender sus sentimientos religiosos por la procesión del coño insumiso, una perfomance realizada en 2014 en el contexto de la reforma de la Ley del Aborto que planteó Gallardón: uno de los “nuevos” grandes ataques al cuerpo y a la voluntad de las mujeres. Tres mujeres que han estado años imputadas y que han tenido que escuchar esta misma semana insultos de todo tipo.

La cuestión, en definitiva, es adjetivar, calificar, juzgar a las mujeres, sobre todo, en su relación con la maternidad, la afronte como la afronte o si no quiere hacerlo. Y no señoros: nuestros cuerpos son nuestros, ser madres o no, no admite juicio de más nadie y criamos a nuestras hijas y a nuestros hijos como nos sale del coño.

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