Opinión

Los trabajadores españoles en Gibraltar

Tras muchos meses de incertidumbre se ha consumado lo que tanto temíamos, el Brexit es la primera batalla institucional ganada por el populismo de la extrema derecha. La ruptura definitiva abre un periodo transitorio que pone en vilo las relaciones entre la Unión Europea y Reino Unido después de casi cincuenta años de tormentosa relación. La incertidumbre de las consecuencias que desencadenará este adiós definitivo en nuestra comarca, principalmente, a los trabajadores españoles en Gibraltar.

Más de diez mil familias esperan que nuestros dirigentes políticos estén a la altura de las circunstancias y antepongan el mantenimiento de las buenas relaciones entre pueblos vecinos a falsos nacionalismos retrógrados. En la mente de todos queda el recuerdo del cierre de la verja que tanto daño provocó tanto a linenses como a gibraltareños, una herida que no termina de curarse y que a día de hoy está más presente que nunca. No debemos consentir que el auge de la política más rancia dinamite las relaciones institucionales y provoque un nuevo cisma en nuestra región que supondría un gran retroceso tanto económico como social.

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Un comentario

  1. La explicación del Brexit no se puede reducir simplonamente a “la primera batalla institucional ganada por el populismo de la extrema derecha”. Ha sido una victoria del patriotismo democrático (británico) frente al globalismo autocrático (de la UE); si no hubiera sido por la nefasta política inmigratoria de la UE (dentro de sus suicidas políticas globalistas) muy probablemente no se habría producido el Brexit; UK ha demostrado una vez más que no va a sacrificar su soberanía ni su libertad a ningún precio, y hace muy bien. La UE se ha convertido en una superestructura política y burocrática antidemocrática que succiona las soberanías de las diferentes naciones europeas sin un verdadero control democrático. Los europeos tenemos nuestra vida corriente condicionada por las disposiciones de un Parlamento europeo en el que se reúnen 700 diputados que no conocemos, que hablan en idiomas que no entendemos y cuyos programas tampoco conocemos (si es que existen); y tanto de lo mismo se puede decir de la Comisión Europea. Frente a la idea aureolar de Europa como “paraíso” en el que nos van a solucionar todos nuestros males, está la cruda realidad de una organización dominada por Alemania y, en menor medida, por Francia que ha perjudicado enormemente a España (a todos los países del Sur); primero, con unas condiciones leoninas de adhesión por las que tuvimos que desmantelar nuestra industria y gran parte de nuestra agricultura, a la mayor gloria de Alemania y de Francia; luego, con la estúpida entrada en el euro que nos quitó la soberanía monetaria y fiscal que ahora nos habría venido tan bien; y, finalmente, con la imposición de una alta deuda pública a España para que los españoles paguemos las malas decisiones de muchas empresas y bancos alemanes y franceses. España tiene muchas papeletas para ser en un futuro el segundo país en abandonar la UE y librarnos de esos parásitos porque, además, España es (junto con UK y en menor medida Francia) el único país que cuenta con la alternativa de una gran área cultural (Hispanoamérica) con la que podría crear un área económica con tamaño más que suficiente para competir en los mercados internacionales. Otros países que están hasta los mismísimos de la UE son los del grupo de Visegrado. Fue un error transformar la CEE en la UE. Los españoles tenemos muchísimo más en común con un mejicano o un peruano que con un danés o un alemán.
    Sin embargo, ahora, España tiene una oportunidad histórica para solucionar el ancestral conflicto de Gibraltar; Españ tiene que ser mucho más ambiciosa y no conformarse con la limosna del mantenimiento de diez mil puestos de trabajo. Durante este año se ha de negociar el acuerdo más importante del Brexit, al tratado que regule la futura relación entre la UE y UK, mucho más importante que el acuerdo de salida que se pactó de aquella manera. Y ese acuerdo sobre la relación futura con UK se ha de aprobar necesariamente por unanimidad de todos los países de la UE; es decir, que España tiene un derecho de veto que debe aprovechar para imponer la negociación verdadera, sin trucos ni ambages y con plazos muy bien acotados, sobre la retrocesión de la soberanía sobre Gibraltar a España, conforme a las resoluciones incumplidas de la ONU. Si España se mantiene firme, inconmovible, en ese veto condicionado frente a las presiones de otros socios europeos (principalmente Alemania) que lógicamente sólo buscan sus propios intereses, UK cederá porque la magnitud de lo que se está ventilando en materia económica, financiera y geoestratégica es de tal envergadura que Gibraltar es un precio ridículo a pagar. Pero España ha de ser firme y sin fisuras para ser creíble. Lamentablemente, este gobierno y la casta política corrupta (y aquí cabe pensar lo peor) que padecemos no van a hacerlo. Sin embargo, hay que recordar que Felipe González abrió la verja gibraltareña porque UK lo exigió como condición necesaria para no vetar la entrada de España en la entonces CEE; tenemos la oportunidad irrepetible de devolverle el “favor” a UK y resolver definitivamente una injusticia histórica al tiempo que, como corolario, se mantienen esos empleos.

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