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Los piropos, un flaco favor

Si lo que pretendéis es desahogaros o echaros unas risas a nuestra costa, que sepáis que resulta repugnante que siga habiendo hombres como vosotros, que fomenten que ocurran hechos que denigran a las mujeres tanto física como psicológicamente.

Comencemos por lo básico. Por lo que la sociedad ha establecido como normal. Algo tan, a priori, simple como un piropo. Está a la orden del día que una mujer vaya por la calle y un hombre resalte alguna de sus cualidades, casi siempre de su físico. Que sepáis los que piropeáis que nos hacéis un flaco favor a las mujeres. No solo cuando vuestras frases son bordes, chabacanas e impertinentes. Incluso cuando los comentarios son agradables y bonitos lo que provocáis es que sintamos asco y miedo. Y no solo cuando vamos solas y por la noche por calles vacías. También durante el día, rodeadas de gente.

¿Os habéis parado a pensar lo que podemos sentir con vuestra intromisión? Porque es una intromisión en toda regla. Ir por la calle y que de repente un desconocido invada tu intimidad creyéndose con derecho a valorar tu cuerpo es una de las peores sensaciones que las mujeres podemos sentir.

¿Qué sentiríais si esos comentarios se los dijesen a vuestra pareja, hermana, madre o amiga? Probablemente os indignaríais y no aceptaríais que se dirigiesen así a una mujer a la que le tenéis aprecio.

¿Sois conscientes de que aunque resaltéis lo que consideráis una cualidad nuestra, lo que conseguís es hacernos sentir indefensas, inferiores e inseguras? Da igual que vuestra intención sea resultar románticos, agradables o simpáticos. Al final sois unos falsos conquistadores. Lo que nos hacéis sentir es que os creéis con el derecho de que sin conocernos podéis juzgarnos.

¿Sabéis que vuestra opinión no nos resulta ni necesaria ni importante? No os la hemos pedido. Con vuestras palabras no vais a conseguir que tengamos un día mejor, que estemos más contentas con nosotras mismas o que nuestra autoestima suba. De hecho el efecto puede ser el contrario. Lo que podéis conseguir es estropearnos el camino a casa, al trabajo, o un agradable paseo, que nuestra autoestima baje y nos sintamos, una vez más, como un objeto ante el que el hombre se cree con plenos derechos.

¿No os dais cuenta de que si a veces sonreímos ante un piropo, es más por miedo que por agrado? No nos atrevemos a responder con la contundencia que deberíamos porque para nosotras sois el enemigo que después de un comentario machista es capaz de responder de cualquier manera. Y en caso de contestaros, no nos consideréis unas bordes. Consideraros a vosotros mismos como unos machistas que no merecen menos. Que os entre en la cabeza que una sonrisa o un silencio no son sinónimos de aceptación. Mientras no haya un sí rotundo, todo es no.

Si lo que pretendéis es desahogaros o echaros unas risas a nuestra costa, que sepáis que resulta repugnante que siga habiendo hombres como vosotros, que fomenten que ocurran hechos que denigran a las mujeres tanto física como psicológicamente​

¿No comprendéis que si nos vestimos como nos da la gana no quiere decir que estemos buscando vuestra complacencia, vuestra aprobación o vuestra atención? Si enseñamos las piernas, si llevamos escote, o si nos maquillamos, no es necesario que gritéis a los cuatro vientos cómo nos queda o qué parte de nuestro cuerpo resalta. Con gustarnos a nosotras mismas tenemos suficiente.

Que nos pongamos guapas, que pisemos fuerte o que vayamos por la vida con una sonrisa no quiere decir que seamos un trozo de carne, un objeto o un ser inferior a vosotros. Dejarnos evolucionar, permitidnos sentirnos seguras, no hagáis que tengamos que rogaros o pediros permiso para ser nosotras mismas. No tenéis derecho. Vosotros, los que estáis subidos en el andamio, los que vais enchaquetados, los que vestís toga, o los que estáis sentados en un banco viendo la vida pasar, entre tantos otros. Todos vosotros. Si sois conscientes del daño que hacéis, si veis los piropos como algo normal, si vuestra intención es introducir el miedo en las mujeres, si estáis orgullosos de ser machistas y bordes, si lo que pretendéis es desahogaros o echaros unas risas a nuestra costa, que sepáis que resulta repugnante que siga habiendo hombres como vosotros, que fomenten que ocurran hechos que denigran a las mujeres tanto física como psicológicamente. Los únicos piropos que deberían estar permitidos son los que corresponden a la intimidad, entre dos personas que se conocen, se quieren y se respetan. Entre amigos y familiares. Los demás, están de más.  

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