La Rotonda

Los molinos de La Corta, la limpieza viaria y la teoría de los vidrios rotos

El incivismo llama al incivismo, pero es posible voltear esa correlación con pequeños grandes impulsos que realmente cambien la sociedad en la que vivimos

Si los expertos mantienen que la violencia engendra violencia o comprobamos que la división crea más división, no cabe duda que la cultura engendra cultura. También la limpieza. En una casa ordenada, da más pudor desordenar. En un WC de un local limpio, son muchos los que, aunque vayan pasados de copas, apuntan mejor. La teoría de los vidrios rotos reflexiona sobre el contagio de las conductas incívicas o inmorales. Tiene su origen en un experimento que hace medio siglo llevó a cabo un psicólogo de la Universidad de Stanford, Philip Zimbardo.

Abandonó un coche en el Bronx, en Nueva York, con las placas de matrícula arrancadas y las puertas abiertas. Bastaron diez minutos para que el automóvil fuera saqueado y desvencijado. En las mismas condiciones, abandonó otro coche en Palo Alto, California, donde ahora se diseñan los iPhones. No pasó nada hasta que probó a destrozar partes de la carrocería con un martillo. Al cabo de pocas horas, también en este barrio rico, el coche aparecía ya destrozado. La teoría, formulada por James Wilson y George Kelling, indica que, si se envía un mensaje de abandono, de que no hay nadie que cuide algo, el abandono va en aumento. “Consideren un edificio con una ventana rota. Si la ventana no se repara, los vándalos tenderán a romper unas cuantas más. Finalmente, quizás hasta irrumpan en el edificio; y, si está abandonado, es posible que lo ocupen ellos y que prendan fuego dentro”, explica la teoría.

En Jerez empieza a apreciarse estos días cómo también se puede producir un efecto contrario que desmonte esa destructiva viralidad del incivismo. Se puede romper el círculo vicioso y conformar uno virtuoso. No es flor de un día, ni tampoco las mentalidades se cambian en un mandato electoral, pero pequeños pasos en cuestiones como la cultura o el civismo son tan decisivos como que la policía no solo se ocupe de los grandes criminales, sino también de los pequeños hurtos y delitos menores. En este sentido, tan mal acostumbrados como estábamos, nos sorprende ya a estas alturas la imagen de las calles de la ciudad más limpias tras la entrada de la nueva concesionaria de este servicio, una UTE liderada por la multinacional FCC.

La fase de transición acaba de comenzar, aún quedan por delante muchas quejas y mucho guarro, pero ya hay vecinos que vuelven a sobresaltarse de madrugada por el ruido de las sopladoras y baldeadoras en las calles. Algo que no escuchaban desde hace años y con lo que no dan crédito. Cuando las plazas y avenidas se ven sucias y los contenedores, destrozados, cuesta más que los vecinos se exijan que los papeles no se tiran al suelo o que los residuos hay que depositarlos dentro de estos recipientes que forman parte del mobiliario urbano. Al tener contenedores nuevos al fin, dará aún más rabia que algunos vándalos se dediquen por sistema a meterles fuego.

Más de cien personas asistieron el otro día a la clase magistral sobre el terreno, en La Corta, prueba de que cuando a la cultura y al patrimonio se le da el sitio que merece, la ciudadanía muestra interés

Algo parecido ocurre con nuestro patrimonio, con nuestra cultura. La aparición en el entorno del Guadalete, en la barriada rural jerezana de La Corta, de un impresionante hallazgo arqueológico de relevancia mundial, un complejo hidráulico que se remonta a la antigua Roma, ha venido acompañada de una rápida intervención pública, de un potente despliegue mediático y de una inusitada expectación ciudadana que ya provoca que los arqueólogos responsables de la intervención, Luis María Cobos y Esperanza Matos, tengan que hacer turnos de tarde para, como hace solo unos días, explicar a decenas de jerezanos y jerezanas cuál es la dimensión de los restos arqueológicos aparecidos al pie de la ribera del llamado río del olvido.

Más de cien personas asistieron el otro día a la clase magistral sobre el terreno, prueba de que cuando a la cultura y al patrimonio se le dan el sitio que merecen, la ciudadanía muestra interés. Si en lugar de la rápida intervención de la Junta de Andalucía en La Corta, nos trasladamos a Asta Regia vemos cómo allí, salvo una insistente plataforma que reivindica desenterrar todos los tesoros que esconde, solo hay que lamentar abandono y desinterés.

Para que la teoría de los vidrios rotos no se cumpla, son los representantes públicos los primeros que deben dar ejemplo. Si son incapaces de llegar a acuerdos o todo el eje de su día a día gira en torno a la crispación y la destrucción de todo lo que no parta de sus partidos, es imposible progresar como sociedad y mejorar los niveles de calidad de vida de cualquier entorno. Cualquier piedra de hace más dos mil años hay que limpiarla y mimarla, darla a conocer, exponer su importancia, contar su pasado, pues entre todos los átomos que la conforman está el futuro que nos aguarda.

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