FeminismoFeria del Caballo

Los hombres que sí amaban a las mujeres

La Feria del Caballo instala por primera vez un servicio de acompañamiento, de la mano de la empresa Lagún, para que las mujeres de entre 18 y 80 años de edad lleguen a casa sin miedo a ser acosadas o agredidas sexualmente. "Es una lástima que se tenga que dar esto", afirman tras el éxito de una iniciativa que ha prestado servicio a más de 150 mujeres esta semana

“Es una lástima que se tenga que dar este servicio”. Son las 23:50 horas. En la avenida Álvaro Domecq, una joven espera sentada en uno de los bancos que están frente a la entrada principal del parque González Hontoria. Pasados diez minutos, empiezan a llegar varios hombres vestidos de traje y con camisa blanca. “¡Ey! Os estaba esperando”, les saluda ella, que busca con la mirada al chico que la acompañó a casa la noche anterior. No son taxistas ni autobuseros, son “acompañantes autorizados” de la empresa vasca Lagun (amigo, en euskera), que prestan un servicio gratuito de acompañamiento para mujeres a lo largo de la Feria del Caballo. 

Ellos son: Javier Ribera (Cádiz, 1986), José Luis Tizón (Cádiz, 1991), Juan Ovando (Cádiz, 1989), Israel Velasco (Cádiz, 1990), Humberto Mesa (Cádiz, 1990), Álvaro Usatorre (Bilbao, 1991) y Alfonso Lamarca (Bilbao, 1988), entre otros que hacen relevos. Y los dirige José Manuel López de la Manzanara (Bilbao, 1977), gerente de la empresa Lagun y quien también lleva a cabo acompañamientos en las noches de Feria, que pueden solicitarse desde las 00:00 hasta las 07:00 horas, hasta un radio de 2 kilómetros de distancia.

Alfonso Lamarca, durante la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA.

En lo que va de Feria, ya han acompañado a más de 150 mujeres de entre 18 y 80 años de edad. Sí, Alfonso Lamarca, opositor de Policía, cuenta que en una de las noches de servicio acompañó a una señora de 77 años hasta su casa, en Chapín. “Normalmente me voy con mis amigas…”, le dijo la septuagenaria. Pero esa noche se quedó la última, por lo que se acercó al punto de encuentro de Lagun y fue Alfonso quien se dio un paseo con ella. “No me extraña que no se quisiera volver sola, ya podrían poner alguna farola por los aledaños de Chapín”, critica el joven vasco. En general, cada uno de ellos acompaña a una media de cinco o seis mujeres cada noche, unos 25 kilómetros a pie, de manera individual, o en pareja.

Juan Ovando, montador aeronáutico, comparte que en la noche del pasado miércoles de Feria acompañó a un total de cinco mujeres, a tres de ellas hasta los aparcamientos que quedan por el parque de El Cuco, al parecer una zona muy oscura por la que las mujeres temen transitar solas. ¿Por qué es necesario este servicio de acompañamiento? Por el miedo que solo sienten las mujeres por el único hecho de ser mujeres. 

Ellos mismos han podido escuchar historias de acoso callejero de viva voz de mujeres a las que han acompañado. “Todas han sufrido intimidaciones verbales”, espeta Alfonso, quien comparte que en esta Feria acompañó a una chica hasta su residencia y que casi en la puerta de su casa, se detuvo un vehículo donde un grupo de veinteañeros empezaron a increpar a la joven. “Primero le pidieron un cigarro y luego la llamaron puta“, narra. Todo ello, con él presente. Alfonso no se marchó del lugar hasta asegurarse de que la chica entraba sana y salva en casa. No obstante, el miedo, la inseguridad, siguen en ella después de tener que soportar los insultos de un grupo de hombres.

Autorización de los auxiliares de servicio de Lagun. FOTO: MANU GARCÍA.

En esta Feria, las mujeres han podido llegar a casa o al aparcamiento, más seguras, acompañadas de un hombre de carne y hueso, y no de unas llaves metidas en el bolso o de la voz de una persona al otro lado del teléfono. Los ocho saben que es una vergüenza que sea necesario dar este tipo de servicio, pero que, a día de hoy, no queda otra para que las mujeres vuelvan a casa sin miedo a ser acosadas o agredidas sexualmente. “Y más en este tipo de fiestas, donde parece que todo vale”, apunta el dueño de la empresa, que también hace otro tipo de servicios como acceso, información, prevención, acomodación, entrega de premios…

Es la segunda vez que Lagun hace este tipo de servicio. Al ver que los acompañantes fueron tan demandados el verano de 2018 en Vizcaya, donde se implantó como experiencia piloto para un evento, han querido llevarlo a cabo por primera vez en una feria andaluza, después de abrir una delegación en Cádiz el pasado mes de abril. Y según el gerente, el servicio en esta Feria del Caballo está siendo todo un éxito. Y es que las que lo utilizan, repiten.

Dicen que hay quienes se acercan solo para decir lo que agradecen que se preste este servicio, sin tan siquiera solicitarlo. “Se acercan muchas mujeres maltratadas a darnos las gracias“, incide uno de ellos. “Al principio, cuando las acompañamos, nos cuentan experiencias de miedo que han vivido”, comparte Javier, a lo que su compañero José Luis recuerda que una joven le contó que una noche, un hombre le metió la mano por dentro de la falda y le manoseó todo su sexo. “La chica me dijo que lo denunció al día siguiente”. Sus compañeros también hablan de mujeres que han tenido que sufrir el acoso por parte de una ex pareja, del miedo a las plazas oscuras y desoladas, de mirar de reojo en los portales… Pero luego, durante el paseo, las conversaciones transitan temas más amables: sobre gustos, la Feria de Jerez…

Juan Ovando con los carteles del servicio de acompañamiento a su espalda. FOTO: MANU GARCÍA.

Estos ocho hombres sabían de las experiencias que habitualmente sufren las mujeres cuando quieren volver a casa de noche. De sus limitaciones, del pánico. Pero dicen que en esta Feria su sensibilidad ha aumentado más; y una cosa que han percibido en todas ellas es la rabia que sienten las mujeres al no ser 100% libres en el espacio público. De verse obligadas, cabizbajas, a pedirle a un “acompañante autorizado” que las escolte, que las proteja hasta llegar al portal de su vivienda. Y es que ellos no se marchan de tu vera hasta que, una vez dentro del piso, les dices por la ventana o a través del telefonillo, “que ya, que ya estoy en casa”.

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