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Los Cernícalos: saber escuchar

Una visita a la peña flamenca más veterana de Jerez y de la provincia, recién reconocida con el premio especial Ciudad de Jerez, durante el penúltimo ensayo de la Zambomba que ofrecerá hoy en Villamarta.

Una visita a la peña flamenca más veterana de Jerez y de la provincia, recién reconocida con el premio especial Ciudad de Jerez, durante el penúltimo ensayo de la Zambomba que ofrecerá hoy en Villamarta.

En el número 25 de la calle Sancho Vizcaíno, en el corazón del barrio de San Miguel, hay una peña que guarda con celo la esencia del flamenco. No pretenden ser mejores ni peores que nadie y presumen de ser únicos. “Ser ‘cernícalo’ es un estilo de vida y tiene un punto distinto. Es saber escuchar de la forma que sabemos escuchar, es la manera que tenemos de donar o regalar el flamenco, con las puertas abiertas, sin fisuras, sin mirar a nadie por encima del hombro. Probablemente por eso seamos como somos, hacemos lo que hacemos y estamos donde estamos”. Quien habla es Jesús Manuel Atienza, 49 años, presidente de la peña flamenca Los Cernícalos, fundada en 1969, siendo la más antigua de Jerez y de toda la provincia de Cádiz. A su vez, es la tercera más veterana de Andalucía y, casi por ende, de España y del mundo, sólo por detrás de la granadina La Platería y la Juan Breva, de Málaga.

La idea de montar la peña surge gracias a una docena de amigos residentes en ese triángulo que forman La Asunción, La Vid y Las Delicias. Antonio Benítez, a punto de cumplir los 84 años, es uno de los cuatro socios fundadores que aún vive. Actual presidente de honor, tras dirigirla durante 35 años, tuvo el placer de recibir de manos de la alcaldesa, el pasado octubre, el premio especial Ciudad de Jerez por todo el trabajo en pos del flamenco que ha desarrollado la veterana peña. Aunque cordobés de nacimiento –del municipio de Alcolea, para más señas- es jerezano con todas las de la ley puesto que llegó a la ciudad con tan solo ocho años. En el Oratorio Festivo, en etapa escolar, ya empezó a aficionarse, a vivir y a sentir el flamenco. Esas inquietudes, que compartía con otros amigos, desembocarían años después en la constitución de la peña, no sin dificultades. “Yo vivía en El Retiro y enfrente de mi casa había un quiosco donde paraba, entre otros, Fernando Terremoto. Allí, y en La Vid, nos juntábamos los aficionados y fue cuando surge la idea, pero eran años complicados en el aspecto flamenco, porque por aquella época juntarse con gitanos estaba mal visto, no como ahora, que incluso te da categoría”.

Aun así la peña nació, estableciéndose primero en El Pelirón y luego en la Estancia Barrera antes de consolidarse en San Miguel. Lo del singular nombre de ave rapaz no recuerda bien Antonio cómo surgió, aunque comenta que en un principio alguno propuso bautizarla como Manuel Agujetas e incluso otro dijo que por qué no dedicársela a Fernando Terremoto. Finalmente no quisieron ponerle el nombre de ningún cantaor, más que nada para evitar rivalidades, así que acabó triunfando el nombre de Los Cernícalos.

La peña, con el tiempo, fue consolidándose. Empieza a organizar concursos de guitarras de carácter regional que con el paso de los años acaban adquiriendo categoría internacional, siendo la primera de España en conseguir tal logro. Llegada la Semana Santa también organiza concursos de saetas y pregones flamencos, celebra concursos de cante… “Nos fueron copiando en Córdoba, en Barcelona, en Badajoz…”, resalta Benítez, que tiene claro qué significa ser ‘cernícalo’: “ ‘Cernícalo’ es saber escuchar, que es muchas veces más difícil que cantar, bailar y tocar la guitarra. Es tenerle un respeto a quien canta, y hay algunos que no comulgan con eso”. Por Los Cernícalos han pasado casi todos los que han dicho algo en el flamenco: los Agujeta, los Carrasco, los Carpio, los Sordera, los Zambo, los Garrido, los Méndez, los Moneo… Y aunque en la sede de la peña vemos una foto de Camarón, el universal artista de La Isla no llegó nunca a dar un recital aquí. “Puede que a alguna fiesta si viniera, pero cuando hacía flamenco por derecho estaba en Madrid y luego cuando volvió ya lo que hacía no era nuestra forma de entender y ver el flamenco, así que probablemente no surgiría el momento de que llegara”, señala el actual presidente, Jesús Manuel Atienza.

En estos días previos a la Navidad, en Sancho Vizcaíno 25 el trajín de gente es continuo. Los Cernícalos, después de 17 ediciones, tiene el placer y la responsabilidad de organizar la Zambomba que la Federación Local de Peñas flamencas celebra en el teatro Villamarta este 10 de diciembre. Pedro Garrido, Niño de la Fragua, es el director de un espectáculo que pondrá a 40 personas sobre el escenario. Garrido, que se considera ‘cernícalo’ porque su abuelo y su tío fueron fundadores de la peña, ha decidido bautizar la Zambomba como ‘Con-vivencia’ ya que, desde su punto de vista, “es la palabra que mejor define y describe una Zambomba de las de antes”. Además, explica que “me he querido tomar la licencia de incluirle el guión en medio para darle dos definiciones a la misma palabra y he resaltado un poco la vivencia, porque detrás de esta tradición hay mucho de vivencia, de anécdota, y le he querido dar peso a eso, que es de lo que también me he valido para construir un espectáculo que, aunque sea una Zambomba de corte tradicional, no deja de ser un espectáculo. Pero he tratado de contar algo con un hilo y un corte tradicional”.

Nuestra visita coincide con el penúltimo ensayo. Se notan los meses de trabajo previo que ha habido. Pedro, sentado a unos metros del grupo, contempla a los suyos, a los que a estas alturas de la película no tiene que darles apenas indicaciones. El compás se presuponía estando donde estamos, pero cuando comienzan a sonar los primeros acordes de ‘ya se van los quintos, mare’, cualquier pequeña duda se disipa. Y como reza su lema, no nos queda otra que escuchar. 

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