Opinión

Lo retiro

Resulta que en medio de una sociedad machista, con feminicidios, violaciones y agresiones por doquier, a unos cuantos iluminados se les ha ocurrido extender los usos del teléfono 016 a hombres para que consulten dudas sobre custodias, divorcios y conciliaciones.

Recular es tan español como el botijo. Más a menudo de lo que nos gustaría sorprendemos a las autoridades patrias retrocediendo sobre sus decisiones; y es que cada vez que el español pretende dar un paso adelante, normalmente acaba por colocarse dos más atrás. Esto no pasa siempre, bien es cierto, pero sí bastante más de lo recomendable. Resulta que en medio de una sociedad machista, con feminicidios, violaciones y agresiones por doquier, a unos cuantos iluminados se les ha ocurrido extender los usos del teléfono 016 a hombres para que consulten dudas sobre custodias, divorcios y conciliaciones. No es ya que ni siquiera se haya aumentado la dotación presupuestaria para este menester —como parte del anecdotario diremos que este año cuenta con un eurito menos que el pasado—, sino que además la maniobra se vende como un uso inclusivo. Y resulta que tras el revuelo en los mentideros virtuales, las mentes pensantes —poco pensantes, huelga decirlo— dan marcha atrás y retiran la propuesta. Lo más deshonroso de todo es que lo hacen tras la mala prensa y no por convencimiento del patinazo en cuestión. La sombra de la Red es alargada.

Desmentir, retractarse, matizar… hay tanta artillería semántica contra los primeros impulsos que acaban por revestirlos de una fragilidad pasmosa. ¿Qué fue de la palabra dada? A juzgar por las incontables vías de escape a nuestra disposición, cuesta confiar en las proclamas, aunque sea en las propias. Atisbar el verdadero poder del “lo retiro” es complejo. Por un lado nos sentimos más fuertes al saber que hay un plan b, una especie de subterfugio que nos permitirá empezar de cero y actuar con ese frenesí del fuese y no hubo nada. Si todo tiene arreglo, si podemos borrar permanentemente y volver a trazar, el poder es infinito. Pero al mismo tiempo, ¿dónde reside nuestra fuerza? Si bien es cierto que podemos dar marcha atrás, el valor de nuestras propias acciones también se resquebraja si estas pueden ser tachadas con la ligereza de un soplido.

Eso debió pensar la ministra Montserrat: ya lo borraremos si hace falta, total es cosa de un momento. Lástima que fuera el ciber ruido lo que los incitara a la rectificación y no el sentido común. Algo parecido le ha pasado estos días al director de la DGT, Gregorio Serrano. Metido hasta el cuello en el colapso nevado de la AP-6 desde el calorcito de su estufa, se ha escudado ni más ni menos que en Twitter. Ahora resulta que la Dirección General de Tráfico aconseja por la red del pajarito qué carreteras evitar. Y con eso vale al parecer para combatir un atascazo de narices. Si no se consigue es culpa de los conductores irresponsables, porque él, Serrano, ya nos advirtió con su trino y su bello tuitear. Unas pocas palabras que le han bastado para no pedir perdón, ni tan siquiera para retractarse de la sorna. En un mundo en el que si dijimos digo y decimos Diego no pasa nada, en el que el prójimo recula pero no toma impulso, en el que no se asumen deudas ni se cuentan verdades, no sabemos ya ni en qué creer. Como esto último me ha quedado demasiado pesimista, mejor lo retiro. Ya mañana si eso…

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