Opinión

Lo llaman equidistancia y no lo es

No es equidistancia defender el derecho de reunión y manifestación pacífica en cualquier rincón del planeta. Y eso engloba, a veces a tu pesar, todo tipo de reuniones.

No es equidistancia apoyar el derecho de autodeterminación de los pueblos, así como el derecho de la ciudadanía a no compartir un deseo emancipatorio.

No es equidistancia entender que la cuestión catalana se debe resolver con el nobleejercicio de la política.

No es equidistancia sentir que un referéndum sería la salida más justa y democrática a un embrollo que lleva años ocupando la actualidad social y política, a veces eclipsando asuntos primordiales para nuestro futuro inmediato.

No es equidistancia, más bien todo lo contrario, creer que ninguna bandera garantiza oportunidades, derechos y libertades.

No es equidistancia afirmar que la sentencia que han recibido los políticos del procés y los Jordis es una absoluta barbaridad, un ejemplo más de la politización de la judicatura de este país y su afinidad con los sectores más conservadores. Un tipo de condena que los activistas llevan sufriendo años.

No es equidistancia manifestar tu repulsa a la violencia policial, así como señalar su conexión con la extrema derecha como una de las peores lacras que tiene este país.

No es equidistancia creer que parte de la decrepitud moral de la situación la tienen la irresponsabilidad de los medios de comunicación.

No es equidistancia sentir que muchos apelan al diálogo cuando mantienen una conversación de besugos.

No es equidistancia sentir que la marxa de la llibertat viste de defensa de libertades fundamentales lo que es una marxa por el independentismo.

No es equidistancia sentir que ninguno de los máximos responsables políticos que tuvieron el poder hicieron lo más mínimo por establecer un diálogo y llegar a algún tipo de acuerdo. Ninguno.

No es equidistancia preguntarse por qué todas esas personas se manifiestan ahora y no hay, ni la mitad, cuando se lucha en las calles por mantener las pensiones, los recortes en sanidad y educación, o el abuso de los alquileres en Barcelona.

Y no es equidistancia sentirse triste, por más que se empeñen.

Lo llaman equidistancia, pero es todo lo contrario, un posicionamiento político. Lo que les sucede a muchos, es que no es el que ellos quieren que tengas.

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Comentarios

  1. No es equidistancia, sino colaboración con el secesionismo y mentira flagrante, dar a entender que en España no se garantiza y protege el derecho de reunión y manifestación pacífica.
    No es equidistancia, sino colaboración con el separatismo, traición antidemocrática y mentira, sostener que Cataluña, o cualquier otra región española, pueda tener un inexistente derecho de autodeterminación que la ONU sólo reconoce para las colonias y que ningún Estado del planeta reconoce.
    No es equidistancia, sino traición y mentira, sostener que pueda haber algún tipo de “diálogo” sobre la soberanía nacional al margen de la voluntad de todos los españoles, que eso es lo que sucedería si se aceptaran las tesis secesionistas.
    No es equidistancia, sino traición y mentira, decir que un referéndum (¿de quiénes?), se sobrentiende (aunque vergonzantemente no se atreve a decirlo) que sólo de catalanes “sería la salida más justa y democrática” para el “embrollo”, porque Cataluña no pertenece sólo a los catalanes, sino que es de todos los españoles, la soberanía es sólo del conjunto del pueblo español. Un referéndum circunscrito a los catalanes sería privarnos al resto de los españoles de nuestro derecho a decidir, sería lo más antidemocrático, además de anticonstitucional.
    No es sólo equidistancia, sino sobre todo mentira, decir que ninguna bandera garantiza oportunidades derechos y libertades, porque el Estado español (representado por su bandera nacional) es un Estado social y democrático de derecho que protege jurídicamente y fomenta la igualdad de oportunidades, los derechos y las libertades de sus ciudadanos, y lo puede hacer muchísimo mejor que un hipotético Estado catalán supremacista que convertiría a los españoles residentes en Cataluña que no adoptasen la ciudadanía catalana en extranjeros con muchos menos derechos y libertades, en no-ciudadanos, en personas de segunda (o tercera) clase, como quedó por escrito en la Ley de Transitoriedad que aprobó el Parlamento catalán rebelde en 2017 y que fue anulada por el Tribunal Constitucional; ley que el autor no se ha tomado la molestia de leer.
    No es equidistancia, sino mentira y colaboración con el separatismo, decir que la sentencia que han recibido los dirigentes de la rebelión de 2017 es una barbaridad, pues esa sentencia ha sido injustamente benévola descafeinada, como cualquiera que se lea sus 200 páginas (cosa que el autor no ha hecho) puede comprobar, ya que los hechos probados que se constatan en la misma constituyen un delito de rebelión de libro. Que se atrevan a hacer lo mismo en la Cataluña francesa, si tienen valor; comprobarán entonces cómo se las gasta la Justicia francesa.
    No es equidistancia, sino miserable mentira, manifestar repulsa por la violencia policial, que es la violencia legítima del Estado de Derecho para hacer cumplir la ley y proteger los derechos y libertados de los ciudadanos no secesionistas frente a la barbarie; y no digamos ya tener la desfachatez de decir que la meliflua actuación policial guarda conexión alguna con la extrema derecha. Mucho está tardando Sánchez en aplicar la Ley de Seguridad nacional y el estado de excepción e intervenir la Generalidad.
    Su posicionamiento político no es equidistante, es una colaboración pasiva (y soterradamente activa) con los supremacistas insolidarios y corruptos que quieren romper la nación española y cargarse la democracia. Es el mismo posicionamiento de Podemos y sus satélites. Han contribuido a crear un monstruo que se les ha escapado de las manos y, ahora, ante el inminente batacazo electoral que les espera, tratan de templar gaitas.
    Y, por si no ha quedado bien claro (cosa imposible), yo (como la inmensa mayoría de los españoles) no soy equidistante. Estoy (como la inmensa mayoría de los españoles) con la defensa de la Nación española, de la unidad territorial de España y del Estado de derecho; y, consecuentemente, estoy frontalmente en contra de los delincuentes secesionistas y de sus colaboradores y cómplices y de cualquier “diálogo” (eufemismo de rendición) con ellos.

    1. “Lo llaman equidistancia, pero es todo lo contrario, un posicionamiento político. Lo que les sucede a muchos, es que no es el que ellos quieren que tengas”.
      ¡¡¡Repetimos!!!

      Bien por Pablo Iglesias y Pedro Sánchez

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