OpiniónPequeVoz

Libros a favor de los niños y las niñas

Desde que hace cuarenta años aparecieran Della parte delle bambine han cambiado mucho las cosas, la sociedad no es la misma y hasta los libros para niños responden a estilos y necesidades diferentes.

Un amigo me los descubrió hace apenas unos meses. Daba por hecho que debía conocerlos y hasta tenerlos en la tienda por lo que para él supusieron en su infancia. Fue uno de esos afortunados niños a los que una tía especial que regalaba cosas especiales le trajo un día allá por los 80 la colección A favor de las niñas de Adela Turín.

Adela Turín, historiadora del arte y escritora, vinculada al movimiento feminista en Italia, ideó junto a la ilustradora Nella Bosnia la colección Della parte delle bambine. Con esta colección de libros infantiles pretendían hacer reflexionar sobre la discriminación de género y los roles de hombres y mujeres en la sociedad. Entre 1975 y 1980 publicaron más de veinte libros algunos de ellos considerados imprescindibles y un referente para trabajar la coeducación con los niños.

En España se publicaron en los 80 y la colección se llamó A favor de las niñas. Fue Esther Tusquets, como no podía ser de otra manera, quien los editó en Lumen. Como ella misma contaba, descubrió en una librería de París la edición francesa de un cuento de Adela Turín que le encantó y que en español se llamaría Rosa Caramelo. A Esther le fascinó porque reunía las dos condiciones que ella buscaba en los libros para niños: belleza formal y contenido interesante. Pocas veces se reivindica la gran labor que hizo la “divina” Tusquets como editora de libros para niños. Desde Lumen se ofrecía a los niños libros llenos de calidad y sorpresas, de autores desconocidos, estética diferente, formatos raros, libros ilustrados antepasados de los álbumes ilustrados ahora tan de moda. A ella hay que agredecerle que le encargara a Ana María Matute una narración infantil para estrenarse al mando de Lumen y aquello acabara siendo El saltamontes verde, que pidiera a Carmen Martín Gaite a que se atreviera a escribir un cuento para niños y surgiera El castillo de las Tres Murallas o que animara a Gloria Fuertes a cambiar el verso por la prosa y apareciera Cangura para todo.  Sin Esther Tusquets a lo mejor nos habríamos perdido estos libros y seguramente la posibilidad de que los libros de Adela Turín llegaran a España en el momento adecuado.

Desde que hace cuarenta años aparecieran Della parte delle bambine han cambiado mucho las cosas, la sociedad no es la misma y hasta los libros para niños responden a estilos y necesidades diferentes. Es llamativo que los libros de Adela Turín y Nella Bosnia sigan invitando a reflexiones que son necesarias a día de hoy. Seguramente por eso se han reeditado algunos de los títulos  (Rosa Caramelo, Arturo y Clementina, La historia de los bonobos con gafas y Una feliz catástrofe, editorial Kalandraka). Que podamos seguir confrontando figuras masculinas y femeninas, que todavía funcionen algunos de los estereotipos que aparecen en estos libros o que nos alerten sobre cómo se organiza la sociedad o incluso a menor escala la vida familiar, convierte a estos libros en interesantes herramientas para trabajar con los niños la igualdad. Que elefantas rosas pasen la vida comiendo peonias en su vallado paraíso mientras los elefantes grises conocen mundo o Arturos, bononos y ratones varios se comporten con prepotencia frente a las “chicas” de la historia que finalmente se plantan, son una forma de hacer ver a los niños a través de los cuentos lo que nunca debió ser y lo que hay que cambiar si sigue siendo.

Hace unos días se celebraba el Día Internacional de la Mujer. Me presenté en casa con Rosa Caramelo y Arturo y Clementina para regalárselo a los niños. Me miraron con cara de “la loca de mi madre, regalarnos hoy un libro” (es verdad que a la loca de su madre le faltan días en el año para regalarles libros). Tuve mis dudas si dárselo en este día porque esa vena reivindicativa tampoco va mucho conmigo, mejor dárselo un día cualquiera. Durante todo el día estuve escuchando comentarios a favor pero también en contra de que se celebre este día. Incluso por parte de mujeres  que me argumentaban que si no existe un día del hombre el que exista este día es una manera de darles la razón y marcar las diferencias. Micromachismo, discriminación positiva. Estamos de acuerdo, tampoco me gustan, de hecho la discriminación positiva es de las cosas que más me puede molestar. Son días denuncia. Ojalá pudiésemos dejar de celebrar el día mundial del SIDA, del maltrato animal  o de los refugiados. Ojalá no nos hiciesen falta los “días de”  para “meternos el dedo en el ojo” y remover conciencias. Ojalá no hiciese falta estar a favor de las niñas. Pero la realidad es que los libros de Adela Turín siguen siendo necesarios aunque sea para que los niños sepan que ahora somos cada vez más iguales pero no siempre ha sido así.  Cuando Pablo leyó Arturo y Clamentina me dijo, “vaya tela con Arturo, pensé que se iba a reconvertir”. Al final acerté con el día y con el libro.

Más artículos en esta categoría:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Close