Feminismo

“Las mujeres en Chile han sido siempre bastante dueñas de su vida”

Mercedes Toledo, profesora de Sociología y trabajadora social, hace un recorrido por el movimiento feminista chileno durante la 'II Jornada de Feminismo y Diversidad' organizada por CEAin

“La figura principal de la cultura de los indios mapuches era la machi, una mujer que hace de médico y curadora, que cuida de la gente. No hay otra cultura indígena que tenga como representante a una mujer y no a un hombre. Esa figura sigue existiendo, las mujeres en Chile han sido siempre bastante dueñas de su vida”, explica Mercedes Toledo, una profesora de Historia y Geografía, máster en Sociología y trabajadora social que sitúa en este pueblo indígena el inicio del movimiento feminista en su país. Lo hace durante la II Jornada de Feminismo y Diversidad, llamada Todas las mujeres, todas las luchas, que organiza CEAin en el marco del proyecto Comunidades de Hospitalidad financiado por Obra Social la Caixa.

Toledo huyó de Chile después del golpe militar que tuvo lugar en 1973, tras el que se implantó una dictadura con Augusto Pinochet al frente, que duró hasta 1990. Mercedes recaló primero en Finlandia como refugiada política y en 1980 llegó a España, donde estudió Trabajo Social y trabajó en la prisión de Palma, en Mallorca. Ella estudia la historia del feminismo en su Chile natal, “desde el punto de vista de la sociología”, en un acto presentado por Jesús García, presidente de CEAin, en el que intervienen Macarena García, responsable del programa de Mujeres de la ONG y Yolanda Rosado, periodista y responsable de comunicación, como moderadora.

Chile culminó su independencia del Imperio español durante el primer cuarto del siglo XIX, tras lo que “se desarrolla la primera oleada feminista”, cuenta por Mercedes Toledo, momento en el que las mujeres “luchan por tener representación en política, en educación, en órganos públicos… y logran bastante a nivel sindical”. Es entonces cuando “aparecen los primeros sindicatos femeninos, que luchan por el derecho al voto y los derechos civiles”, relata Toledo.

Gracias a esta lucha, las mujeres de clase media-baja “tienen acceso a la educación secundaria y universitaria”, apunta la profesora chilena, quien cuenta cómo su abuela y sus hermanas, de procedencia humilde, pudieron estudiar mientras trabajaban como sirvientas en un colegio de monjas. “Se educaban a cambio de servir”, explica, “eso les permitió ser matrona a una y a otros dos ser trabajadoras sociales”. “Eran mujeres que mandaban en sus vidas”, añade. Toledo relata que “la Iglesia allí es una institución más que un sentimiento religioso, ordena la vida de la gente y sobre todo de las mujeres, decidiendo los roles que deben cumplir, lo que tienen que hacer y lo que no pueden hacer”.

Mercedes Toledo, posando para lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA

La profesora chilena cuenta que tras independizarse de España, las organizaciones masónicas ganan influencia en Chile. “Esto contrapone el peso de la Iglesia como institución”, cuenta. “Desde principios del siglo XX la educación primaria en Chile es gratuita, laica y obligatoria. La Iglesia queda presa como institución en las clases más ricas”, señala Toledo, quien sitúa la segunda ola de feminismo chilena a mediados del siglo XX, cuando las mujeres quieren conseguir derechos civiles como el aborto o el divorcio.

Salvador Allende llegó a la presidencia de Chile en 1970 tras ganar las elecciones y conformar un gobierno con distintas formaciones de izquierdas. “Entonces se empiezan a cumplir peticiones de los movimientos feministas y se cubren necesidades de clases populares”, señala Mercedes Toledo, quien sin embargo recuerda que “no se logra el aborto o el divorcio por el peso de la Iglesia, pero se consiguen otras medidas importantes, como que en los hospitales públicos se controle a las mujeres embarazadas o que se ofrezcan sistemas anticonceptivos gratuitos”.

El golpe militar de 1973 que lleva a Pinochet al poder “termina con estas medidas y genera una persecución a las mujeres, que sufren las peores torturas”, señala. A partir de ahí, “las mujeres se unen para buscar a sus desaparecidos, torturados y muertos”, y lo hacen amparadas por la asociación católica llamada Vicaría de la Solidaridad, creada por el papa Pablo VI a instancias del cardenal Raúl Silva Henríquez, que llega a atender más de 100.000 casos. La dictadura de Pinochet se cobró 40.000 vidas y se estima que hubo 3.000 personas ejecutadas o desaparecidas, según datos del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) de Chile.

La caída de Pinochet supone “el final de la dictadura, pero no del sistema”, relata Toledo. De hecho, “la Constitución que rige ahora es la misma que dictó Pinochet, es algo anómalo”, señala, ya que cercena derechos de la población y sobre todo de las mujeres”. La economía neoliberal empezó a implantarse en Chile, “en su máxima expresión”, señala la profesora. “Se empieza a pivatizar todo: la educación, la sanidad, las medicinas, las pensiones, el agua de riego… Todo se vende a mucho capital español”.

“Hay caminos que circunvalan Santiago que mantienen una empresa española, que cobra por cada kilómetro que cruzas”, reseña a modo de ejemplo. Toledo explica que la economía neoliberal y la entrada de la ideología de los mormones en Chile suponen un cambio de mentalidad. “La gente está fascinada por el consumo. Hay un consumismo brutal. La gente de clase media vive endeudada o empobrecida y los ricos, que son pocos, son escandalosa y asquerosamente ricos”.

Mercedes Toledo (izquierda), con la moderadora Yolanda Rosado y las ponentes Kanita Mukanovic y Natalia Prylypko. FOTO: MANU GARCÍA

A principios de la década de los años 2000 empieza la tercera oleada feminista, que “reclama su derecho a gestionar su cuerpo, a no ser violada y no ser maltratada”, señala. El feminismo, en la última década, ha “prendido” en la universidad, la única opción que tienen muchas mujeres humildes de ascender socialmente. “Hay universidades privadas que endeudan a los estudiantes hasta que se mueren”, cuenta Toledo, quien asegura que el estallido social que ha vivido Chile desde el pasado mes de octubre se debe a que “la población ha dicho basta”. “La gente no tiene miedo. Cuando no tienes nada que perder no le tienes miedo a nada. Lo único que les queda es la vida”, añade, “por eso están en la calle”, porque se han “cansado” de la situación a la que los ha llevado el neoliberalismo.

“Cuando salen expertos en televisión y dicen que hay que traer a España la economía neoliberal y que Chile es un ejemplo perfecto del éxito, me gustaría que oyeran lo que le pasa a los chilenos cuando se jubilan. La jubilación privada no es optativa, es la que hay. La empresa que gestiona tu pensión se queda con la mitad de lo que ahorra y te dice para cuantos años te alcanza. Es un sistema perverso”, cuenta Mercedes Toledo.

Las protestas de las últimas semanas se debe, según ella, al hartazgo con la clase política, “que sigue vendiendo el país”. “Hay un afán casi destructivo, de destruir lo que te ha estado manipulando y empobreciendo durante 30 años”, dice. La intervención de Toledo en la II Jornada de Feminismo y Diversidad de CEAin culmina con la proyección de vídeos de protestas ocurridas unas horas antes en las calles de Santiago de Chile, donde las mujeres protestan contra la violencia de género institucionalizada con consignas que se están extendiendo a todo el planeta: “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía…”.

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