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Las Hermanitas de los Pobres dicen adiós a la provincia tras más de un siglo atendiendo a los mayores

La congregación abandonará en los próximos meses su casa en El Puerto ante la falta de vocaciones, no sin antes buscar a una empresa especializada que se haga cargo de la residencia de ancianos

En apenas cinco años han pasado de ser 17 a siete. La ilusión por seguir atendiendo a sus mayores es grande, pero las fuerzas le van fallando a una comunidad de religiosas muy envejecida y a la que la falta de vocaciones provoca que, más de un siglo después de asentarse en la provincia de Cádiz, ahora se vea en la obligación de abandonarla.

Las Hermanitas de los Pobres, congregación fundada en 1839 por la francesa Juana Jugán, siempre ha dedicado su vida a las personas mayores con dificultades económicas y familiares. Después de cerrar sus casas en Cádiz, Jerez y Sanlúcar, la de El Puerto de Santa María, ubicada junto al recinto ferial de Las Banderas —hace casi 40 años estaban cerca de la plaza de toros— era el último reducto que les quedaba en la provincia. Ahora, como entonces ocurrió en las localidades antes mencionadas, la falta de vocaciones hace que las superioras de la congregación hayan decidido repartir a las religiosas que aún quedan en la residencia portuense en otras casas. En España, la comunidad se divide en dos provincias, la de Madrid, que abarca no solo la provincia capitalina, sino también parte de Extremadura, Castilla La Mancha, Castilla y León, Navarra, País Vasco y Portugal; y la de Barcelona-Sevilla, a la que pertenece la casa de El Puerto y que aglutina a Cataluña, Murcia y Andalucía.

Sor Carmen María, superiora de la casa portuense, explica que su marcha de El Puerto puede durar entre seis meses y un año, si bien la residencia de ancianos se mantendrá. Es por eso que ahora están conociendo propuestas de empresas privadas que trabajan el sector de las residencias de ancianos para que una de ellas sea la que finalmente se haga cargo de los 54 que ahora mismo cuidan. “Ahora no estamos aceptando a más, porque no podemos y porque nos vamos a ir. Es por eso que estamos buscando y escuchando las propuestas que estamos recibiendo, para elegir a la empresa que mejor creamos que pueda llevar la residencia”, explica la religiosa.

Los residentes, como era de esperar, no han recibido bien la noticia de la marcha de las religiosas. “Al principio lo han vivido con mucha pena. Aquí somos una gran familia y no se querían separar de nosotras. Pero les estamos diciendo que van a seguir estando bien atendidos cuando nos marchemos”, afirma sor Carmen María, que recuerda que atienden a mayores con pensiones mínimas y pocos recursos. Junto a las religiosas trabajan otros profesionales, como enfermeras, terapeutas, auxiliares, fisioterapeutas y un médico que acude una vez a la semana para pasarles consulta.

La congregación, que vive de donativos, tanto económicos como en especies, la forman actualmente 27 casas en España, aunque tiene presencia en 31 países. Como ha pasado con otras órdenes religiosas, la falta de vocaciones es el mayor problema con el que se encuentran. Son Carmen María se ordenó junto a otras 50 hermanas cuando cumplió los 18 años. Ahora apenas se ordenan dos al año. “En estos tiempos tan materiales es muy difícil encontrar a personas que quieran comprometerse a un mismo estilo de vida para siempre”.

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