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Las entretelas de Pigmalión

Crítica de la película 'El hilo invisible', dirigida por Paul Thomas Anderson.

Crítica de la película ‘El hilo invisible’.

Para el patriarcado de nuestra sociedad hindu-islamo-judío-cristiana parecen empezar a sonar trompetas de juicio final, hora de rendir cuentas. No es aceptable que la mujer siga siendo, en el mejor de los casos, una mera proyección de la mente masculina, una criatura inerme que intenta responder al canon establecido por el varón. ¿Es El hilo invisible una película que promueve el empoderamiento femenino, el paso de la mujer de naipe en la partida de cartas a jugadora? El espectador tendrá que sacar su propia conclusión después de verla.

El legendario rey de Chipre Pigmalión, esculpió una estatua femenina con tanta perfección que llegó a enamorarse de su propia obra y suplicar a Venus que le concediera una esposa de similar belleza. Venus dio vida a esa estatua y Pigmalión acabó casándose con ella. Reynolds Woodcock (un excelente Daniel Day Lewis, comedido y férreo por fuera, y de vidrio por dentro), el protagonista masculino de El hilo invisible, es un pigmalión arrogante y maníaco en un mundo, el de la alta costura, que representa como ningún otro la cosificación de la mujer. Protegido por su hermana Cyril (hipnotizante Lesley Manville) en su torre de cristal de tules, organdíes y muselinas, Reynolds, intocable diseñador de la alta sociedad, acepta a la camarera Alma (una intensa y ambivalente Vicky Krieps) en su universo, en cuanto que es cera virgen que él puede moldear como proyección de sus deseos. 

Si abordamos la película escrita y dirigida por PaulThomas Anderson —Boogie Nights (1997), Magnolia (1999) o The Master (2012)— desde una perspectiva ideológica, es difícil hacerlo de otro modo, los personajes resultan irritantes, tanto Reynolds como su modelo, musa, amante —una creación suya más—, la gentil y sencilla Alma. Desde el feminismo, El hilo invisible no es sino una muestra elaborada y contradictoria de la asunción por la mujer de su papel subordinado y del rol dominante del hombre. Considerada El hilo invisible como melodrama costumbrista situado en ambientes elitistas, sofisticados y previos al movimiento de liberación femenino de los sesenta, la historia se convierte en un retrato psicológico de dos personalidades en combate, la eterna lucha de géneros, que recurren a las armas disponibles para doblegar la voluntad del rival-amante. Esta aproximación menos ideológica, permite verla como una historia de amour fou por lo que tiene de irracional, de relación amorosa que esclaviza a los amantes y la tiñe de un sentido de inevitabilidad, de autodestrucción.  

Paul Thomas Anderson escribe un guion perfecto para el trío protagonista. Las palabras, pero también los silencios, los ruidos y los sobreentendidos subrayados por las miradas, hacen de estos tres personajes y los dos escenarios —uno urbano y otro rural— un microcosmos cerrado y sobrecargado donde una batalla fascinante se despliega. A pesar de su larga duración, el trabajo de actores y director hace que el espectador quiera llegar hasta el final de una historia que se entrevé contradictoria y oscura.

La desnudez psicológica de las obras de Ingmar Bergman está presente en la relación entre Reynolds, Alma y Cyril: el peso de la familia, de la madre, de pequeñas supersticiones heredadas. Sin embargo, lo mundano del taller de costura londinense, el desfile de voluptuosidad femenina de los diseños y la atención al detalle en la labor de puntadas, sobrehilados, pespuntes y bordados, hace de El hilo invisible una película barroca y perturbadora sobre la relación amorosa. Al principio puede estar Venus dándole vida a la escultura siguiendo los deseos de Pigmalión, en su papel de mentor de la humilde Alma, pero conforme avanza la historia, desde la sombra, el Marqués de Sade se dedica a deshacer las costuras de Reynolds: la inocente Alma no se entrega a cambio de nada.

El hilo invisible (Phantom Thread, Estados Unidos 2017) (130 min). Dirección: Paul Thomas Anderson. Guion: Paul Thomas Anderson. Fotografía: Paul Thomas Anderson. Música: John Greenwood. Reparto: Daniel Day-Lewis, Vicky Krieps, Lesley Manville, Richard Graham.

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