Opinión

Las elecciones generales más importantes de nuestra historia moderna

Los resultados que nos deje el 28 de abril marcarán la tendencia sociopolítica del Gobierno para los próximos años en un país que hoy vive crispado y necesitado de medidas por la igualdad

Las elecciones del 28 de abril no serán unas elecciones cualquiera. De un tiempo a esta parte, España viene sufriendo cambios políticos y sociales bruscos a un ritmo vertiginoso. Por primera vez en su historia reciente sufrió una crisis territorial que afectó profundamente a nuestra sociedad, con mayor énfasis y discordia, como es obvio, en Cataluña. Por primera vez un presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, fue revocado a través de una moción de censura, tras, por primera vez también ser condenado un partido político, el Partido Popular, por corrupción. Por primera vez serán cinco partidos los que, siempre presumiblemente, superen el 10% de representación. Por primera vez habrá una formación de ultraderecha en el parlamento español, como viene sucediendo en la mayoría de los países de Europa.

Los retos futuros, sin embargo, no son especialmente nuevos. España queda lejos del ‘Estado del Bienestar’ que nos prometieron a principios de milenio con la génesis y la consolidación de la Unión Europa; el país tiene el ascensor social roto y una galopante precariedad se ha instalado en las clases populares. Nuestros jóvenes —y no tan jóvenes— son conscientes de que más que probablemente vivirán, también por primera vez en muchas generaciones, peor que sus padres. Algunas esperanzas también se han roto.

El estado de crispación actual no ayuda a dar pasos hacia la prosperidad, teniendo a media Cataluña rabiando y al resto de la sociedad en los territorios resquebrajada en el fervor partidista. El país demanda nuevos bríos: mesura, talante y aires constructivos para implantar políticas contra la desigualdad y la pobreza que den un respiro a las familias y hagan cumplir los artículos más básicos de la Constitución en lo referente a los derechos humanos.

Las opciones políticas son de sobra conocidas; algunas seguirán buceando en el terreno de la trifulca y otras prefieren, necesitan y proponen pasar una página poco edificante de nuestro pasado reciente.

El resultado de las votaciones, si este elude la aritmética del bloqueo parlamentario, marcará la tendencia sociopolítica del Gobierno para los próximos años. Hay motivos de sobra para acudir a las urnas, también para convencer a los alérgicos a los comicios de cuánto nos estamos jugando.

Pero suceda lo que suceda, se torna como imprescindible frenar la tendencia individualista y disgregadora de nuestros pueblos, auspiciar mejoras sociales y reactivar las luchas colectivas (la de los pensionistas, la del feminismo, la del cambio climático, las kellys, los taxistas…) para construir un país en el que quepamos todas y todos, sin dejarnos a nadie atrás.

El 28 de abril, vota.

Etiquetas

Más artículos en esta categoría:

Un comentario

  1. El PP no fue condenado por corrupción en el caso Gurtel (léase bien la sentencia) porque no estaba procesado como tal organización; fueron condenados personas físicas concretas.
    En España se cumplen con carácter general, normalmente, los artículos de la Constitución referentes a los derechos fundamentales; y cuando se incumplen excepcionalmente, los tribunales de justicia lo corrigen.
    Mucho más que reactivar “luchas”, lo que de verdad necesita España es descabezar al secesionismo, afrontar reformas territoriales y de la legislación electoral, crear empleo y mejorar la calidad del sistema educativo. El principal obstáculo es la mediocre clase política profesional (casta extractiva) que padecemos y la pésima calidad de los medios de comunicación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *