Opinión

Las disparatadas propuestas de Cáritas (2)

A raíz del artículo publicado hace unos días, como respuesta a la crítica del porqué Cáritas realiza propuestas ante las elecciones, y ya que determinados sectores siguen sin entender por qué Cáritas actúa, denuncia, anuncia, y propone, contraigo la tarea de expresar no solo esas propuestas que realizamos a los partidos políticos, sino también el darlas a conocer al público en general y a las personas de iglesia en particular y el porqué de las mismas.

Todos debemos construir una sociedad humana, justa y democrática, donde los derechos y la dignidad de todas las personas, debe ser el fundamento de la misma y para ello, desde Cáritas realizamos estas propuestas.

En Cáritas conocemos la realidad, desde nuestra presencia diaria en las fronteras de la exclusión social y por ello ofrecemos ideas para transformar esa realidad y las ofrecemos al debate político.

La vocación de Caritas es también la de ser un agente activo de transformación de la sociedad y del mundo, porque como afirmábamos en la última asamblea general, “somos testigo de cómo, mientras aumenta la escandalosa acumulación de riquezas en manos de unos pocos, siguen siendo muchas las personas y familias que carecen cada día de unos recursos mínimos que les permitan satisfacer con dignidad sus necesidades básicas, consecuencia de una justicia social incompleta.

Nuestro compromiso en el fortalecimiento de un Estado Social de Derecho pasa por participar en la vida pública, para hacer presente la voz de los descartados y entablar un diálogo permanente con los poderes públicos y los responsables en la toma de decisiones. Y como se subraya en la instrucción pastoral Iglesia Servidora de los pobres, “No podemos callar cuando no se reconocen ni respetan los derechos de las personas”. De ahí que realicemos estas propuestas.

1.- RATIFICACION DE LA CARTA SOCIAL EUROPEA REVISADA EN 1996 Y DEL PROTOCOLO DE 1995

Cáritas propone que el Reino de España ratifique la Carta Social Europea revisada y su protocolo de 1995 de reclamaciones colectivas, con objeto de hacer posible que los derechos contemplados en ella, entre otros, la protección frente a la pobreza, sean una realidad para todas las personas en todo el territorio del estado.

La Carta Social Europea Revisada es reconocida como la Constitución Social de Europa y supone un instrumento jurídico fundamental para garantizar el acceso a los derechos, entre ellos el de la protección frente a la pobreza o el derecho a la vivienda. El protocolo de 1995 ampara igualmente las reclamaciones colectivas, que posibilita la exigibilidad de los derechos.

2.- GARANTÍA DE INGRESOS PARA LOS HOGARES EN SITUACIÓN DE POBREZA

Proponemos un sistema de garantía de ingresos mínimos de ámbito estatal para que toda persona en situación de pobreza tenga derecho a un ingreso mínimo como medida imprescindible frente a la pobreza.

Este sistema vigente en alguna autonomía permite cubrir las necesidades básicas y debería ser:

  • Una prestación de ámbito estatal
  • Compatible con las prestaciones autonómicas, que garantice un mínimo estatal que puede ser complementado por las prestaciones autonómicas
  • Destinadas a los hogares bajo el umbral de la pobreza.
  • Enfocada desde el punto de vista del conjunto del hogar.
  • Condicionada solamente a la renta del hogar: la ausencia de ingresos determinaría el acceso a este derecho.
  • Compatible con ingresos laborales mientras no se alcancen unas cuantías mínimas.
  • Suficiente en cuantía para garantizar un mínimo digno.
  • Con una duración del derecho vinculada a la existencia de la situación de necesidad.

(Desglosaré en los días siguientes el resto de las ocho propuestas que realizamos)

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Un comentario

  1. En el apartado 6 de mi último comentario al primer artículo de esta serie por entregas ya dije que me temía que Cáritas no seguiría la recomendación de dedicarse a la asistencia social y no meterse en la contienda política, pero que, en todo caso, era muy libre de seguir metiendo la pata y yo de señalarlo. Pues bien, lamentablemente, acerté: Cáritas persevera en el error táctico y de fondo, sigue metiendo la pata, y yo me dispongo ahora a señalarlo otra vez.
    En un eufemismo muy clerical, el autor justifica esta segunda entrega admonitoria en la existencia de “determinados sectores [que] siguen sin entender por qué Cáritas actúa, denuncia, anuncia y propone”. Obviamente, esos “sectores” somos es Dr. Rodríguez Braun y yo, que somos los que hemos cuestionado públicamente, respectivamente, las propuestas de Cáritas y la respuesta deshonesta del autor a aquella crítica, y que, piensa el autor, tendríamos un problema de entendederas, somos torpes, y por eso osamos oponernos. Así, ahora el autor pretende repetirnos machaconamente las “propuestas” (es un decir) que ya están contenidas y publicadas en el documento de Cáritas, por si no la hubiéramos leído o entendido.
    El autor pretende justificar la oportunidad de las “propuestas” en que “todos debemos construir una sociedad humana, justa y democrática, donde los derechos y dignidad de todas las personas debe [sic] ser el fundamento de la misma”. Como si solo desde la particular y partidista óptica de Cáritas se pudiera lograr ese fin y, sobre todo, como si la sociedad española actual fuera estructuralmente inhumana, injusta y antidemocrática. El sentido de la realidad, y la humildad cristiana (o a secas), aconsejarían declarar un objetivo menos rimbombante y hablar de pretender mejorar las condiciones materiales de determinados sectores de la población, que ya es un objetivo muy ambicioso, pero eso no sería coherente con el mensaje “salvador”, con el mesianismo que quiere “transformar” el mundo a marchas forzadas. Y para ello, anuncia una apuesta política: el fortalecimiento del Estado social y democrático de derecho que ya tenemos (no parece que eso sea mucha “transformación”), citando, de una pastoral eclesiástica, que “no podemos callar cuando no se conocen ni respetan los derechos de las personas”, como si España no fuera una de las democracias más garantistas y respetuosas de los derechos humanos del mundo, como si esto fuera una dictadura cubana o una teocracia vaticana.
    La primera propuesta, la ratificación de la Carta Social Europea revisada en 1996 y del protocolo de 1995 es más retórica que efectiva porque los Estados signatarios de la CSE no están obligados a cumplir todos los derechos contenidos en la misma, sino solo un número mínimo a elegir (aunque España los cumple todos), porque España ya ratificó la CSE original y cumple todas las obligaciones dimanantes, porque el Consejo de Ministros ya tiene en tramitación la ratificación de las ampliaciones de la CSE y porque España ya cumple los derechos exigidos en dichas ampliaciones por vía de su legislación interna y por vía de los convenios de la OIT (al margen, cabe recordar al autor que el “territorio del estado” se llama España y que Estado se debe escribir con mayúscula). Así, esta “propuesta” es más bien intrascendente en la práctica, mera retórica.
    La siguiente propuesta que enuncia, la de “garantía de ingresos para los hogares en situación de pobreza” (que ya perciben ayudas oficiales), entre de lleno en la crítica acertada del Dr. Rodríguez Braun, quien, mediante cita de Hazlitt, recordó algo tan elemental como que “Hay que intentar mirar todos los aspectos de un problema, no solo uno”, que no se debe tener una visión amputada de la realidad. Y, como bien señala el profesor, “al despotricar contra los “intereses económicos”, Cáritas olvida los intereses políticos y los grupos de presión”… “De ahí que no diga una sola palabra sobre impuestos”. Porque, claro, para que una propuesta sea seria y rigurosa debe, entre otros aspectos, calcular su coste y señalar su mecanismo de financiación. ¿Ha hecho eso Cáritas? ¿Nos dice cuánto nos costarían sus “propuestas transformadoras” y cómo se podrían financiar? ¿Con una subida de impuestos? ¿De qué impuestos? ¿En qué magnitud? ¿Qué efectos tendría esa hipotética subida fiscal sobre la economía española y sobre el empleo? ¿Crearía más paro y pobreza? No; sobre todo eso, que es lo importante para su viabilidad, ni una palabra. Por ello, el documento de Cáritas no es más que una colección de patrañas demagógicas de propaganda política alineada con el partido que todos sabemos.
    Ahora, propuesta por propuesta, le voy a formular yo una a la Iglesia, por conducto de Cáritas, que, además de ser muy transformadora, no cuesta dinero, es gratis: ¿Para cuándo el acceso de las mujeres católicas al sacramento del orden sacerdotal? ¿Para cuándo una párroca, una obispa y una cardenala? A lo mejor se arreglaba el problema de falta de vocaciones religiosas y había más mujeres señalando la crucecita de la declaración del IRPF. ¡Ah!, se me olvidaba otra pregunta: ¿Firmó ya el Estado Vaticano la CSE? Porque a los profesores de religión despedidos improcedentemente por divorciarse no parece que se les hayan respetado mucho sus derechos humanos.

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