La urna biodegradable llega a España: "De una muerte sacamos una vida"

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La urna biodegradable llega a España: "De una muerte sacamos una vida"

Lorena Espaliu es la creadora de Reencarnatura y Masconatura, un proyecto que busca que las cenizas de los difuntos se unan con las raíces de árboles para así volver "al lugar de origen de una manera especial".

08-01-2018 / 18:19 h.
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Por las noches, mientras controlaba que en el parque natural de Los Toruños reinara la calma entre las marismas, Lorena hacía pequeños dibujos con flechas, lápices de color verde y muchas frases bonitas. "Quiero seguir a tu lado, sentarme bajo tus largos brazos y oler el perfume que desprendes a vida y sentir que siempre estás ahí", es una de las primeras que escribió y la que finalmente decidió sellar en cada una de las urnas biodegradables de su marca, Reencarnatura. Lorena Espaliu, natural de Jerez y de 35 años de edad, es guarda de campo, caza y pesca desde 2011 y propietaria de la patente de urnas biodegradables en España. Si bien a día de hoy existen bosques de cenizas —como por ejemplo el Camí del Bosc (en Cataluña)—, donde estas se pueden enterrar en espacios naturales; nunca antes se habían comercializado unas urnas biodegradables que unieran las raíces de una planta con las cenizas de algún difunto. "De una muerte sacamos una vida, eso es lo bonito del proyecto". 

Lorena, que es "más de campo que un Land Rover", explica que una de las personas que la impulsaron a iniciar su proyecto, más allá de estar en constante contacto con la naturaleza, fue su abuelo, que vivió casi toda su vida en la Junta de los Ríos. "Cuando mi abuela falleció, él se quedaba en casa de sus hijos y estuvo una temporada aquí, en casa de mis padres. Él dormía en mi cuarto y recuerdo que la primera vez que pasé por el pasillo, vi que tenía una luz encendida y la apagué. Al momento, empezó a gritar. Y es que al parecer mi abuelo le tenía un miedo terrible a la oscuridad", narra la joven jerezana, a quien le horrorizaba enterrar a su abuelo en un nicho sin apenas entradas de luz. Quizá, de ahí surgió la idea de inventar una nueva opción menos amarga de dar sepultura.


Claudia González Romero
Detalle de la urna.

"Aunque no lo creamos, meter a la gente en boquetes te manda mensajes negativos. Tú lo estás viendo, y esos mensajes te influyen a la hora de que alguien fallezca. La muerte es parte de la vida y eso hay que aceptarlo de alguna manera. Pero esta es una forma diferente de afrontar la fobia a la muerte, esa palabra que nunca queremos nombrar. Lo que nosotros queremos es mandar un mensaje positivo, ¿y qué más positivo que una nueva vida?", explica Lorena sobre la idea inicial de Reencarnatura. Ella, que ha trabajado en Telefónica y como vigilante durante los últimos 20 años, empezó a hacer sus propias investigaciones a partir de mayo de 2016 para conocer qué materiales necesitaría para conseguir la urna biodegradable perfecta. "Me moví mucho, y estuve haciendo muchas llamas a gente que sabía, también con riesgo a que me pudiesen quitar la idea", apunta. 

"La muerte es un momento amargo y lo que quiero es que la gente lo acepte de otra manera, darles otra opción"

Reencarnatura y Masconatura (urna biodegradable también para las mascotas) llevan en el mercado desde hace un par de meses y se pueden obtener en los tanatorios de Jerez y El Puerto, y en Mascotas Ávila. No solo se ofrece la urna biodegradable, sino que se trata de un kit que está compuesto por una pala, un gel que humedece las raíces, una red antiroedores y un esqueje de árbol (encina, alcornoque, algarrobo, olivo...) o planta (geranio, clavel, begoña, tomillo...) que escoge el propio cliente. Además de un pequeño folleto con las instrucciones necesarias para que el difunto "regrese al lugar de origen de una manera especial". 


Claudia González Romero
Lorena mostrando la urna abierta, junto a algunos folletos de la empresa.

Hasta el momento, Lorena y su marido Juan Luis Ríos (también inmerso en el proyecto) han vendido unas seis urnas de Reencarnatura. "No hemos logrado vender todavía la de Masconatura porque la mayoría entierran a los animales, ya que su incineración cuesta unos 200 euros", incide Lorena y continúa: "Estoy estudiando cómo darle facilidades a la gente con mascotas, porque antes que una empresa esto fue un proyecto para ayudar a la gente, para ayudarme a mí y a los demás. La muerte es un momento amargo y lo que quiero es que la gente lo acepte de otra manera, darles otra opción". Lorena está tan implicada en su proyecto que adelanta que la delegación de Urbanismo está buscando un espacio en Jerez para colocar un bosque de cenizas. Para que así, "nadie se marche eternamente". 

 
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