Opinión

La seguridad laboral

El Estatuto de los Trabajadores establece que todo trabajador tiene derecho a desarrollar su labor de forma segura y saludable, a día de hoy estos derechos se ven relegados a un segundo plano debido a la precariedad laboral y especialmente a la dejadez de las empresas que anteponen los rendimientos productivos.

El año pasado las cifras de siniestralidad en nuestra comarca se elevaron a 3.252 accidentes laborales declarados, dentro de los cuales dos fueron mortales y once graves. Datos muy preocupantes teniendo en cuenta que en nuestra región existe el segundo polo industrial del país, cualquier siniestro que ocurra tiene una repercusión directa en la población que lo rodea.

No podemos olvidar el incidente ocurrido este verano en una empresa auxiliar ubicada en el Campo de Gibraltar que generó una gran nube negra que se pudo ver a varios kilómetros de distancia, o más recientemente el producido en otra región española que provocó la muerte de varias personas incluyendo un jubilado que descansaba en su piso situado a más de dos kilómetros del lugar del accidente.

Además de las administraciones y los sindicatos, son los propios trabajadores los que tienen que exigir mayor rigurosidad a la empresa que los contrata y no deben dejarse amedrentar por jefes que antepongan los beneficios económicos a la seguridad. No se puede mirar para otro lado, encogerse de hombros y justificarlo diciendo que son cosas del trabajo.

Parece mentira que en pleno siglo XXI sigamos viviendo situaciones precarias donde la muerte de un trabajador sean una mera cifra estadística que se olvida con el tiempo y se le dé más importancia a la rentabilidad de las empresas que a las vidas humanas.

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  1. “… a día de hoy estos derechos [el derecho a la seguridad y salud laboral] se ven relegados a un segundo plano debido a la precariedad laboral y especialmente a la dejadez de las empresas que anteponen los rendimientos productivos”. “Parece mentira que en pleno siglo XXI sigamos viviendo situaciones precarias donde la muerte de un trabajador sean una mera cifra estadística que se olvida con el tiempo y se le dé más importancia a la rentabilidad de las empresas que a las vidas humanas”. ¿De dónde saca esas afirmaciones tan rotundas y graves? ¿En qué datos se basa? ¿Cuáles son sus fuentes?
    La legislación española en materia de seguridad y salud laboral es extensa y exigente, equiparable a las más avanzadas del mundo, y las responsabilidades administrativas, civiles e inclusive penales que tendrían que afrontar las empresas, sus directivos y los responsables de seguridad y salud laboral que incumplieran esa legislación (no digamos ya si, además ese incumplimiento acarrea accidentes laborales) son muy graves, absolutamente disuasorias. Además, la Inspección de Trabajo es especialmente estricta en esta materia y, además también, miles de empresas tienen sistemas de gestión de seguridad y salud en el trabajo basados en la norma OHSAS 18001 (u otra norma internacionalmente reconocida) y certificados por AENOR (u otra entidad de acreditación internacionalmente reconocida) con auditorias internas y externas periódicas. Por supuesto hay incumplimientos, como los pueda haber en materia fiscal o en otra área, pero son muy minoritarios (especialmente los graves) y detectados y sancionados; en modo alguno se puede pintar la imagen desastrosa que usted transmite porque, sencillamente, es falsa. Más bien al contrario, aunque ningún estado de esta cuestión será nunca plenamente satisfactorio y siempre hay que denunciar cualquier incumplimiento que se detecte y buscar la mejora continua, la situación española está entre las mejores del mundo y no se puede elevar la anécdota a categoría.
    Por otra parte, un análisis medianamente riguroso de este asunto, que es lo menos que se debe hacer en una materia tan grave antes de arrojar acusaciones generalizadas e indiscriminadas, tendría que empezar descartando los accidentes “in itínere” (por ejemplo un accidente de tráfico cuando se va hacia el trabajo o una caída en la calle mientras se regresa a casa paseando desde el trabajo) y los causados por episodios patológicos súbitos en el lugar de trabajo (me refiero, por ejemplo a los infartos o ictus en el puesto de trabajo), que están categorizados como accidentes laborales simplemente porque se producen en el puesto del trabajo o yendo hacia o regresando desde el mismo, accidentes en los que evidentemente la responsabilidad de la empresa es nula o casi nula; es más, es mucho más probable superar con éxito un infarto padecido en una empresa que cuenta con desfibrilador, compañeros de trabajo que han recibido cursos de primeros auxilios e inclusive médico o ats de empresa que si dicho episodio se sufre en el propio domicilio o en la calle. Del resto de accidentes propiamente laborales, en el sentido de que se producen como consecuencia de la misma actividad laboral, la gran mayoría, del orden del 90% (las fuentes dejo que las busque usted) tienen como causa el error humano o la negligencia imprudente del propio accidentado o de sus compañeros de trabajo por falta de atención , por falta de percepción, por falta de memoria a corto plazo, por mal razonamiento lógico o por exceso de confianza; muy similar a las causas de los accidentes de tráfico, incluyendo el consumo de alcohol y drogas. En otros países se sanciona a los trabajadores que incumplen las normas de seguridad y salud laboral; aquí aún no, aunque la legislación lo contempla.

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