Gente sin casa

La segunda vida de Juan Luis tras dormir 15 años en la calle

Un antiguo sintecho vuelve a trabajar gracias a la colaboración iniciada entre la cooperativa Alquiler Vacacional de Cádiz y la asociación Iguales en Acción, que ayuda a personas sin hogar

Juan Luis sufrió un “bajón” tras el fallecimiento de sus padres del que tardó mucho tiempo en recuperarse. Tenía apenas 18 años y tuvo que dejar los estudios para trabajar y poder mantener a su hermana pequeña. “No la podía dejar abandonada”, dice. Empezó como empleado en un almacén situado cerca de su casa, donde ganaba 1.000 pesetas a la semana, que daba “para comer y para pagar la luz y el agua”. Poco más. Luego probó suerte en la albañilería, pero dejó la empresa después de un año “porque se iba a la quiebra”. Y de ahí pasó a una carnicería, donde elaboraba la carne y repartía propaganda del negocio, hasta que el propietario le comunicó que no podía seguir pagándole.

Ese fue su último empleo hasta que, hace unos meses, y después de más de una década de parón laboral, empezó a portar maletas y a realizar labores de mantenimiento en los apartamentos que gestiona la empresa Alquiler vacacional de Cádiz. A sus 49 años, pensaba: “Ya mí no hay quien me coja…”. Pero se equivocaba. El acuerdo alcanzado entre este negocio y la asociación Iguales en Acción, que ayuda a personas sin hogar de la capital gaditana, ha permitido que Juan Luis Odero tenga un trabajo como parte de las acciones que impulsa la ONG, que fomenta la inclusión social de sintecho con el objetivo de que salgan de la calle para siempre. “El cambio en mi vida ha sido horroroso”, confiesa Juan Luis, que ha pasado 15 años durmiendo en la calle.

El Garaje América fue el “hogar” de Juan Luis, de su exmujer y de su hermano durante unos años. Allí dormían e, incluso, cuando pudieron permitírselo, cocinaban. “Compramos una bombona y hacíamos nuestra comida”, explica. “Desde entonces ya no íbamos a comedores, para que nuestra comida se la dieran a otro pobre que le hiciera falta”, dice. Con el poco dinero que recaudaba pidiendo en la calle y la comida que recogía en comedores sociales de la ciudad, Juan Luis y su mujer por aquel entonces se las apañaban para malvivir. “Pero no he pasado hambre”, señala.

La playa de La Caleta también hizo las veces de cama durante muchas noches. Aún recuerda el frío que pasaba cuando llovía o soplaba viento de Levante. “Eso es horroroso, en mi época no se podía estar en la calle”. Juan Luis padecía de bronquitis asmática. “Me asfixiaba, se me cogía el pecho”, recuerda. Estando en la playa su mujer se quedó embarazada. “A veces se quedaba en casa de la madre a dormir”, dice, pero la mayoría de noches las pasaba al raso.

Juan Luis, durante un momento de la entrevista. FOTO: MANU GARCÍA

Cuando nacieron sus hijos —el mayor tiene doce años y la menor, once—, los servicios sociales le quisieron retirar la custodia. “Mi exmujer era alcohólica, pero hablé con mi hermana y se quedó con los niños”, cuenta Juan Luis, que va a verlos “todos los días”. “Me los llevo a la calle y paseo con ellos”, dice. “Esto ya te ata”, señala, apuntando que es uno de los motivos por los que no probó suerte fuera de Cádiz. “¿Pero me iba a ir a la Bartola? Para eso tienes que llevarte dinero o irte con más gente, ¿dónde va a ir uno solo?”.

La vida laboral de Juan Luis tiene doce años de experiencia, y otros tantos de “chapucitos” que hacía para sobrevivir. Pero un día se quedó en paro y no volvió a tener empleo hasta muchos años después. Su estado de ánimo estaba por los suelos, “al verme solo”, ya que “mi hermano estaba por un lado, mi hermana la mayor por otro, mi hermana chica…”, comenta con pena. Estando en la calle, intentó encontrar trabajo. “Llevaba mi currículum a tiendas, bares… pero no salía nada”, dice. “No se fiaban de mí”, señala, “cuando a mí nunca me han echado por flojo, siempre he estado trabajando”.

La falta de trabajo le afectó psicológicamente. Por encima de tener una cama, un baño o las comodidades propias de una vivienda, echaba en falta estar trabajando. “Estuve mucho tiempo sin hacer nada, dando volteretas”. Y acabó durmiendo en la calle. Ahora, dice, “estoy trabajando y con el coco en otro sitio”. Duerme en una vivienda de la Cruz Roja junto a otras dos personas y tiene un empleo con el que pagar sus gastos. Juan Luis está “juntando” para poder pagar un alquiler cuando tenga que dejar la vivienda de la ONG, pero “piden muchos requisitos”.

Luis López y Juan Luis, en la sede de Alquiler Vacacional. FOTO: MANU GARCÍA

Ya está inscrito como demandante de vivienda en Procasa, la empresa municipal de vivienda de Cádiz, y está buscando alquileres, “pero te piden de todo”. “Si una casa cuesta 400 euros al mes, y tienes que dar tres meses para entrar —fianza y honorarios de la inmobiliaria—, son 1.200 euros, te piden nómina, un avalista… por eso ahora mismo no puedo decir: me lanzo”, señala Juan Luis, que espera verse en unos años “con mi casita en condiciones y mi trabajito. Y ya está”.

Juan Luis salió de la calle y ahora, cuando puede, ayuda a quienes se encuentra pidiendo o durmiendo al raso. “Me paro con mucha gente y si puedo les compro un bocadillo o un zumo”, dice. Él sabe bien lo que es estar sin nada y lo que se agradecen estos gestos. Un día conoció a María Jesús Menchu Romero, trabajadora social e impulsora de Iguales en Acción, “que me ha ayudado muchísimo”, y fue quien lo puso en contacto con Luis López, fundador de la cooperativa Alquiler Vacacional, que gestiona unos 100 apartamentos de Cádiz.

“Hace un año que surgió la colaboración con Iguales en Acción”, cuenta López, miembro de la Asociación de Viviendas Turísticas de Andalucía (AVVA). “Uno de los pilares de esa colaboración era realizar acciones con compromiso social”, explica, por lo que este año surgió la idea de impulsar la campaña Apartamentos acogedores, por la que los propietarios destinarían el 50% de lo recaudado a la asociación Iguales en Acción. “En base a eso surgió la oportunidad de contratar a Juan Luis”, dice Luis, que llegó al sector turístico “por necesidad”.

Luis López tuvo que cerrar su empresa en 2012 y su pareja se quedó sin trabajo. Entonces, decidió irse a vivir con su madre y alquilar su vivienda. “Al principio fue complicado, porque al mismo tiempo estaba intentando sacar otro proyecto adelante”, cuenta Luis, “pero nos dimos cuenta de que se nos daba bien, nos gustaba y la gente se iba contenta”. Ese fue el germen de la cooperativa que creó en 2016, cuando empezó a gestionar viviendas por toda la ciudad. “Hemos hecho de todo, desde recibir a clientes, a gestionar la reserva, hablar idiomas, limpiar las casas o lavar la ropa”, sobre todo en sus inicios, pero ahora cuentan con 15 trabajadores. “Es un trabajo apasionante y genera empleo, es como tener un hotel pero diseminado por la ciudad”, explica Luis. Un “hotel diseminado” gracias al que Juan Luis ha empezado una nueva vida.

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