Sociedad

La peluquera que sufrió un derrame cerebral y que ahora ayuda a mujeres que han perdido el pelo

Sara Pérez se graba en vídeo para asesorar a personas que hayan pasado por una situación similar. "Me viene bien saber que soy vulnerable", asegura, por eso vive "como si fuera el último día"

“Hola, me llamo Sara Pérez y acabo de salir de un fuerte derrame cerebral; la vida en mi cerebro quedó completamente nula y a partir de ese momento se empezaron a generar una serie de buenas condiciones, por el equipo médico que me atendió, que optó por la vida. La vida en ese momento estaba de mi parte”, dice al inicio de un vídeo, hasta que no puede evitar que se le derramen algunas lágrimas por la mejilla. Sara hace esta grabación, después de pasar los peores meses de su vida, para intentar ayudar a mujeres que hayan perdido su pelo al pasar por situaciones parecidas.

Cuando la familia de Sara Pérez, jerezana de 41 años, ya se preparaba para lo peor, ocurrió lo que ella considera que es un “milagro”. La gravedad de la situación era tal que el Hospital Puerta del Mar de Cádiz activó el protocolo de donación de órganos, que se pone en marcha cuando existen muy pocas posibilidades de que el paciente supere las primeras 72 horas tras su ingreso, que son clave para que una persona se recupere o, por el contrario, empeore, una vez está en estado crítico. “Cuando me desperté del coma, me arranqué los tubos y los tiré”, recuerda Sara —“soy muy burra”, dice—, quien señala que es “puro nervio”.

Un fuerte dolor de cabeza avisó a Sara de que algo no iba bien. Fue mientras almorzaba con una amiga, después de trabajar, cuando empezó a notar molestias. El dolor en el cuello era insoportable. Luego llegaron los vómitos, ya en el centro de salud, donde empezó a tener lagunas mentales. Las alarmas saltaron cuando, preguntada por el personal sanitario, no recordaba la edad de sus hijos y empezó a balbucear. Su marido fue quien la llevó al Hospital de Jerez, donde empeoró su estado, por lo que la trasladaron a Cádiz, donde le llegaron a decir a la familia que se encontraba en estado de muerte cerebral, que es irreversible, aunque es posible que el diagnóstico no fuera del todo preciso, ya que apenas estuvo 22 horas en coma antes de despertarse.

Lo primero que hizo fue preguntar por su padre, fallecido hace cuatro años, con el que estaba soñando justo antes de despertarse. “Estábamos los dos vestidos de blanco, apoyados en un muro, y me decía: Hay que esperar”, rememora. Una enfermera que no sabía que estaba muerto, para que se tranquilizara, le dijo que “esto es Cádiz, tu padre ha ido a aparcar y ahora viene”. Poco a poco se tranquilizó y empezó a ser consciente de su situación. Durante trece días estuvo ingresada en el hospital, antes de recibir el alta, que le dieron poco después de confirmarle que no le pondrían una válvula en la cabeza para controlar el exceso de líquido cefalorraquídeo que tenía en el cerebro. “Pedí un cura para que me ayudara a aceptar la válvula, me confesé, me dio la comunión y me ayudó”, cuenta Sara.

Sara Pérez, en un momento de la entrevista con lavozdelsur.es. FOTO: MANU GARCÍA

El “jamacuqui”, como ella llama cariñosamente al derrame cerebral que sufrió —si por algo se caracteriza es por llevar la situación con humor— la tuvo durante todo un mes en cama, una vez salió del hospital. “No tenía ganas de vivir”, confiesa, porque no soportaba estar encerrada en una habitación durante tanto tiempo. Por eso decidió irse hasta Cádiz, a visitar al neurocirujano que la atendió, para que le dijera si podía ir avanzando en la recuperación. “Me dijo que hiciera vida normal”, recuerda Sara, por lo que salió de allí “como Popeye cuando comía espinacas”, dice entre risas, así que volvió a su casa, le pidió las llaves del coche a su marido y se fue “a dar una vuelta”. “No me mató el derrame y me iba a matar la pena”, señala.

Ese fue el punto de inflexión que le hizo plantearse la recuperación de otra manera. “Ahora no quiero que esta experiencia quede en el olvido”, apunta Sara, por eso se graba en vídeo y recibe en su peluquería —llamada Glamour— a personas que quieran asesoramiento o ayuda de una persona que ha estado al borde del muerte, algo que ella lleva con filosofía. “Me viene bien saber que soy vulnerable”, apunta. Ahora, lo primero que hace por las mañanas es “dar gracias a Dios por estar viva y buscar la manera de ilusionarme yo y los que están a mi alrededor”. Sara vive “como si fuera el último día”, por lo que se dedica a ayudar a las personas que tiene a su alrededor.

“Quería recuperar mi vida y quise ayudar a la gente”, cuenta Sara, quien enseña y ayuda a mujeres que hayan perdido el pelo por diversos tratamientos a ponerse peluca y a sobrellevar su nueva imagen. “Cuando pones una peluca, la persona viene con miedo, pero hay que aceptarlo”, dice. Ella, que está convencida que “los milagros existen” y se define ahora como “un alma libre”, que ha vuelto al trabajo y a hacer ejercicio, su gran pasión. “Desde que empecé en el atletismo a los 14 años, no he parado”, confiesa, al tiempo que añade que “el deporte es una pieza básica para mi recuperación, porque la mayor superación es superarte a ti mismo”.

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