Negro sobre blanco

La parodia nacional

Nuevamente asistimos a la parodia nacional. Se van los unos y llegan los otros. Todo por el poder. Es falso que se preocupen por el bienestar social. Se ocupan del bienestar de sus propios bolsillos. Y de sus egos. Al político no le importe el hombre de la calle. Ningún partido representa al hombre libre. Ustedes como yo saben perfectamente que ahora toca que media España gobierne a la otra media. Vuelta y vuelta. Así hasta la próxima. Ustedes como yo somos corderos. Ellos, los leones. Vegetarianos.

No hay mayor prebenda que la ofrenda ofensa a la mentira patológica. Algunos impostores de la libertad controlada por el Gran Hermano, portadores de la realidad institucionalizada, poseedores de la verdad atea revelada. El Poder con mayúscula tiene rostro humano y se manifiesta a plena luz del día. El secreto es consustancial con su existencia en la lógica del delirio de los grupos terroristas y las mafias. El intrincado territorio de la verdad esconde sus propias demarcaciones.

Todos representamos un papel en nuestra vida cotidiana. ¿Teatro y vida son caras de una misma moneda? El antiguo concepto de theatrum mundi sigue tan vigente que solo con abrir una pestaña digital y pajearnos de contento es igual al recto renal del homosexual medio. ¿Solución aparente? Quedarse colgado como un cuadro de Umberto Boccioni.

Algún erudito expondrá el poder invisible ante las témporas del aristócrata tomado por la conciencia pura. El director, entre miles de hilos ocultos que atan unos hombres a otros, asevera que los secretos son intérpretes invisibles de la historia universal: traductores a tiempo parcial que remueven, entre escombros de remordimientos, el mundo económico desde lo político-militar. Así pues, a catorce años de la pulverización, la inmolación de la propia identidad es el reflejo global del mercado local.

No existe ningún sentimiento más profundo que la cobardía. El hombre de hoy es desesperadamente cobarde. El hombre de hoy perece dándoles vueltas al crimen perfecto del propio hombre. La opinión pública parece haber dimitido de su responsabilidad en manos de unos locos con carné. Todo es una farsa. Y el orgullo nacional es ganar un Mundial.

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