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“La ópera siempre ha sido para el pueblo pero aún se sigue pensando que es elitista”

La soprano jerezana Maribel Ortega protagoniza 'Norma', de Bellini, este sábado en Villamarta. Once años después de debutar en escena con este rol y tras afianzar su carrera, conversa con lavozdelsur.es sobre esta trayectoria sólida y cada vez más reconocida en el panorama lírico nacional e internacional.

La soprano jerezana Maribel Ortega protagoniza ‘Norma’, de Bellini, este sábado en Villamarta. Once años después de debutar en escena con este rol y tras afianzar su carrera, conversa con lavozdelsur.es sobre esta trayectoria sólida y cada vez más reconocida en el panorama lírico nacional e internacional.

Decir que la Norma de Bellini se lo ha dado todo sería exagerado tras once años de carrera artística, pero desde luego aquella Norma de Bellini supuso un punto de inflexión decisivo en lo que ha venido luego. Con este papel debutó en escena Maribel Ortega (Jerez, 1970) y, desde entonces, supo que no quería bajarse del escenario. Ahora, la soprano regresa a su tierra, el próximo sábado 4 de noviembre en el Teatro Villamarta, para volver a ponerse en la piel de la sacerdotisa druida cuyo poder religioso, en el contexto de la invasión romana de las Galias, se sitúa por encima del político. “Aún estudiaba canto en el Conservatorio del Liceo y, claro, me ofrecieron este papel y no tenía ninguna experiencia a nivel profesional. Fue un poco por casualidad, porque fue así, y ahora, tras más de una década, aporto una carrera de madurez, de crecimiento más bien, de crecimiento vocal y de todo lo que he podido aprender en estos once años a nivel de canto interpretativo y a nivel personal. El personaje está mucho más aposentado e interiorizado”, asegura la artista al otro lado del teléfono en una conversación con lavozdelsur.es.

Con “los nervios añadidos por la emoción de cantar en casa”, Ortega encabeza el reparto de este libreto emblemático del repertorio del belcantismo después de haberse enfrentado hace unos meses a la tetralogía wagneriana, convirtiéndose en el Campoamor de Oviedo en la primera soprano española en cantar la Brunilda de Sigfried. Para ese estreno incluso preparó su garganta en Munich de la mano del maestro Richard Trimborn. Ahora, esta Norma que trae a Villamarta se presenta como una versión escenificada, con mucho movimiento escénico y visual bajo la dirección de Francisco López, que utiliza la Metrópolis de Fritz Lang y la pintura impresionista como referencias estéticas para enmarcar el escenario. Y para la soprano, que hará dúo con el tenor Albert Montserrat, habrá un punto y aparte al poder volver a cantar en el coliseo jerezano Casta diva, una aria más que reconocida en la historia de la ópera. “Cuando la canté por primera vez mi sensación era de mucho miedo, pues es archiconocida y la referencia es de María Callas; y llego yo, y es lo primero que hago. En este tiempo ya la he hecho mía e intento transmitir cariño. Como la he interpretado en bastantes recitales, pues la veo como una aliada, más que como una enemiga”.

Los inicios: “El objetivo era más que nada dedicarme a lo mío pero sin que pasara mi vida sin decir ‘lo intenté”

De una familia de gran tradición musical y de afición al bel canto, Maribel Ortega siempre tuvo en mente dedicarse a las artes escénicas. Pero finalmente, por circunstancias de la vida, acabó estudiando y licenciándose en Químicas. Una carrera que, sin embargo, rápidamente la devolvió a su gran pasión. “Desde pequeña he querido cantar, hacer teatro, estudiar en el conservatorio… precisamente por lo que he vivido en la familia. Las circunstancias que me rodearon no hicieron posible que diera los pasos más joven, por eso estudié otra cosa, pero una vez acabado los estudios, por arte de magia, parece que las circunstancias se dieron para estudiar canto, que era mi espinita”. Cuenta que ese “anhelo de querer cantar me llevó a dar esos pasos, muy osados en esa época, porque el objetivo era más que nada dedicarme a lo mío pero sin que pasara mi vida sin decir lo intenté. Ese fue el motor para satisfacer un poco el gusanillo”.

Tras ganar una bolsa de estudios en la primera edición del desaparecido Concurso Internacional de Canto Otoño Lírico Jerezano, decidió trasladarse a Barcelona e ingresar en el Conservatorio Superior de Música del Liceo, donde se le concedió, como cuenta en la bio de su web, la beca de canto Rosa Maria Tarruel para cursar el Grado Superior de Canto con la soprano Enriqueta Tarrés. En este periodo colabora con el Coro del Gran Teatre del Liceu de Barcelona. Ahí estuvo otra de las claves del despegue definitivo de su carrera operística”. Di un salto tremendo al cogerme en esa audición, como soprano del coro del Liceo ya decidí que no quería bajarme del escenario; fue una experiencia reveladora, casi mística, y al cabo de ocho meses decidí irme a Barcelona liándome la manta a la cabeza y luchar por mi sueño desde pequeña”. ¿Recuerda el instante exacto? “El recuerdo que sentí la primera vez que pisé un escenario ante el público, esa fue la llama, ese Sansón y Dalila, en la temporada 2001-2002″.

Después de obtener el Grado Medio de Canto por la Guildhall School of Music and Drama de Londres, debutó en escena, como se ha dicho, con la Norma de Bellini en 2006. Y en todo este tiempo ha sido la Abigaille de Nabucco; Lady Macbeth en Macbeth; Amelia en Un ballo in maschera; Angélica en Sour Angélica; y Leonora en Il Trovatore, entre otros muchos roles protagonistas. “Con Norma no es que me sienta cómoda, porque no lo he cantando tanto, pero le tengo mucho cariño porque fue mi primer papel y fue la llave para la cerradura en este camino. De los que yo me sienta cómoda, aparte de la Brunilda que es hoy en lo que más cómoda me hallo, Turandot de Pucini; Lady Macbeth de Verdi, que ha sido en su momento también un descubrimiento; Amelia de Un ballo in masquera, aunque no he tenido la ocasión de hacerlo mucho; y con la Abigail de Nabucco, que aunque es bastante ingrato el rol, me siento bien”. Sao Paulo, Croacia, Bogotá, Barcelona, Zaragoza… son algunas de las plazas de dentro y de fuera en las que ha podido cantar. ¿La que más le impresionó? “Quizás el Liceo, la primera vez que pisé el escenario; pero, en general, las primeras veces siempre impresionan. La primera impresión en una audición en La Scala o cuando pisé por primera vez el Villamarta… Cada teatro tiene su propia vida y energía, y siempre que canto por primera vez en un teatro me impresiona; eso sí, el Liceo fue el primer impacto con público y eso permanece ahí muy fuerte porque fueron varias veces al inicio. De momento ese”, admite risueña.

 “Cada teatro tiene su propia vida y energía, y siempre que canto por primera vez en un teatro me impresiona”

Rebobinamos un poco. ¿Con Wagner cómoda? ¿Qué supone ese gran reto? ¿Por qué lo eligió? Responde la soprano: “Wagner es como un compositor aparte, por el lenguaje poético que utiliza, por su filosofía, está como apartado de lo que significa el repertorio clásico de ópera, él se inspiró en el bel canto italiano para sus melodías porque estaba enamorado sobre todo de Rossini, aunque no era mutuo (rie), y a nivel de la carrera de una soprano, como en España no hay esa tradición por enseñar ese tipo de repertorio, estamos más en el francés o italiano, Wagner se sale de todo eso por su idioma y por su lenguaje dramático, más teatral”. Por ello, explica, “para cualquier soprano que no sea alemana, y ya para ellas lo es, es un reto por todo lo que significa. Lo que pasa que en mi caso he notado una comodidad muy sorprendente a nivel vocal e intuitivo, y de conectar con esa filosofía; no son ya las palabras, es el ambiente, ha sido una revelación sorprendente y diferente para mí, muy distinto a cualquier otra cosa. En Bellini y Norma la voz adquiere un protagonismo superlativo, y la labor de equipo a lo mejor no es tan evidente, la ópera descansa en cómo lo haces; sin embargo, con Wagner es todo lo contrario, está la orquesta y tú eres un instrumento más y eso te da otra visión y otras emociones”. Y eso, claro, abre puertas futuras en su incansable carrera de fondo. “Son puertas que espero que se abran poco a poco, porque hay estudiar mucho, no hay una facilidad como en el repertorio italiano, que no es que sea fácil, pero la predisposición es otra… En este caso, son muchos aspectos para integrar al personaje, es un trabajo de interpretación musical y dramática que lleva mucho tiempo”.

Hecho el inciso, y hablando de estudiar mucho y de una carrera que, desde fuera, parece ultrasacrificada, Maribel Ortega admite que “a nivel personal, he tenido que renunciar a estar muchos años sin ver a mi familia, sin ver crecer a mis sobrinos… en mis años en Cataluña hice una familia de amigos y colegas, pero claro, esos 14 años he estado perdiéndome todo eso, pero fue la decisión que tomé. Después, en esta profesión, siempre está antes el trabajo y estar muy pendiente de dónde te llama el trabajo y de la carrera y los proyectos que te pueden hacer crecer. Cuidarte la voz, estar muy pendiente de ti a nivel emocional para dar lo mejor de ti, tienes que cantar te pase lo que te pase…”. En su caso, ha llegado a cantar con un pie roto, con lumbago… “Son circunstancias extremas con las que tienes que lidiar”. ¿Y ahora? “Estoy donde la carrera me lleva, abierta a la vida y a donde fluya el canto”.
Desde el Teatro Villamarta se va a hacer un intento por acercar la ópera a los más jóvenes con precios asequibles para esta Norma que pondrá en escena el sábado 4 de noviembre. Acompañados de un adulto, la entrada se verá rebajada en un 70% sobre el precio inicial para los menores de 16 años. La pregunta es ineludible: ¿sobrevivirá la ópera si no rejuvenece su público? “Eso es lo más importante, que haya facilidades para los jóvenes, que se les inculque, no a la fuerza, sí la posibilidad de asistir no solo de público, sino como cantera de cantantes… cuántos empezaron su carrera porque fueron a ver una ópera. El público joven es nuestro futuro como profesionales”.

Pero sigue habiendo prejuicios en torno al mundo de la lírica que, rápidamente, la artista jerezana desmonta. “Todavía se sigue pensando que la ópera es algo elitista pero ya hace años que ese concepto se ha intentado destruir porque creo que el negocio de la ópera es consciente de que el mundo ha cambiado y tiene que volver a los orígenes en los que siempre se hacía para el pueblo, para las clases menos pudientes. Al final se desvirtuó a espectáculo de una elite y esa marca ha quedado, aunque hay muchos movimientos a nivel de conciertos y programas pedagógicos para acercarla a nuevos públicos. La ópera nos rodea en los móviles, en los anuncios de televisión… forma parte de nuestro día a día y no es otra cosa que un teatro musical desde hace 400 años, un legado que tenemos, aparte de que puede ser una empresa que genera mucho empleo y riqueza. A nivel España, eso se ha descuidado bastante pero en otros países es como un sector económico más”. Industria cultura: esa cosa. “A veces parece que estás luchando aparte, que no formas parte de lo que hay, que nos han metido en un cajón y eso también de cara al futuro te hace pensar lo poco reconocidos y desatendidos que estamos los artistas. El volumen de trabajo a nivel artístico no es el mismo que el de cualquier autónomo, hay cuatro meses que no tienes actuación y hay otros seis trabajando es complicado”. Aun así, Maribel Ortega, de la que la crítica ha dicho que es “un lujo para los oídos” y “una voz rotunda y hermosa”, no cejará en su empeño. Norma avivó su sueño de niña y ahí sigue, llevándolo a escena cada vez con más fuerza.

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