Vida

La okra, la verdura africana que cultivan personas en riesgo de exclusión en un huerto solidario de El Puerto

La fundación La Vicuña, una entidad sin ánimo de lucro, produce la planta conocida como 'dedos de dama' en unos terrenos que surte de productos a un comedor social de la localidad

José González vive en una casa situada en medio de unos terrenos que están al final de la llamada cañada del Verdugo de El Puerto, donde cultivaba normalmente pipas y trigo. Pero un día recibió la llamada de su amigo Casimiro García, que le propuso iniciar una pequeña revolución. Entonces empezó a trabajar la tierra, a través de la fundación La Vicuña, que preside el mismo Casimiro, convirtiendo su finca en un enorme huerto solidario en el que da trabajo a personas en riesgo de exclusión social. Sembraron espárragos, pimientos, berenjenas, tomates, acelgas, calabacines, alubias… y, desde este verano, también okra, una verdura originaria de África.

Fue en Argelia donde Casimiro García probó por primera vez la okra, una verdura que recuerda, por su forma, a un pimiento en miniatura o a una judía verde. Su origen es africano, pero se puede encontrar en platos de Oriente Medio, de Sudamérica y de EEUU, sobre todo. Y cada vez más en España. “Me traje semillas de Grecia”, recuerda el presidente de La Vicuña, que se encontraba en el país heleno visitando a otra de las miembros de esta organización sin ánimo de lucro que nació hace más de diez años.

La primera campaña completa de plantación de la okra en estos terrenos de El Puerto ha aportado unos 400 kilos de este producto, que se ha sembrado en unos 1.000 metros cuadrados de la finca de José. “Queremos darlo a conocer”, cuenta Casimiro, por eso lo han ofrecido chefs de toda la provincia, desde El Puerto, a Chipiona, pasando por Chiclana, aunque también la venden, por un módico precio —“cada uno da lo que considere”, cuenta— en el mercado agroecológico de Los Toruños, que se instala en este parque metropolitano el tercer domingo de cada mes.

Casimiro García, presidente de La Vicuña, recogiendo okra. FOTO: MANU GARCÍA

“Lo primero que nos preguntan es a qué sabe y a qué se parece su sabor”, cuenta el presidente de La Vicuña, que confiesa que “nos arriesgamos poco” a la hora de experimentar con nuevos sabores, pero que quien prueba la okra termina repitiendo. Esta verdura, también llamada dedos de dama, quimbombó o gombo, nace de una planta que puede llegar a alcanzar los dos metros, con hojas verdes alargadas y flores amarillas, que se abren en torno al mediodía. Su sabor es parecido al de la berenjena, y es muy apreciada en la cocina cubana, aunque también la china, donde complementa gran cantidad de platos.

Hay pocos agricultores que se dediquen al cultivo de la okra en Andalucía, aunque se conoce que existen pequeñas plantaciones en la provincia de Málaga, donde la Asociación Real de Rehabilitación de Marginados (Remar) destina unas pocas hectáreas que producen unos 9.000 kilos de este producto, que vende por todo el país. La okra se cultiva en torno al mes de junio y, durante los tres meses que dura la campaña en estas latitudes, no para de producir una verdura que tiene múltiples cualidades.

Los dedos de dama son ricos en vitaminas A, B, C, E y K, y también en hierro, calcio, potasio o magnesio. En su interior tiene un alto grado de fibra mucilaginosa, que sirve para espesar sopas. Pero la okra también se puede comer asada o frita, usarse como guarnición, o cocida y aliñada con limón para acompañar guisos, o con otras verduras, patatas o huevos, sirviendo de complemento. El líquido gelatinoso de su interior, además, sirve para mejorar la digestión, y lo suelen tomar personas con diabetes, faringitis o problemas gástricos.

“Las ventajas que ofrece la okra es que es una verdura abundante, no es cara y resiste en el terreno”, señala Casimiro García, quien recomienda comerla con garbanzos, frita —“tienen el mismo sabor que los pimientos del padrón”— o cortada en rodajas y metida en agua durante unas horas, para que expulse el líquido gelatinoso, ya que así “es muy buena para el tubo digestivo”.

Varias plantas de okra recogidas por miembros de La Vicuña. FOTO: MANU GARCÍA

Una fundación que recorre África

La fundación La Vicuña debe su nombre a la casa del siglo XVIII donde está ubicada la clínica de Otorrinolaringología de Casimiro, que la creó junto a otros dos socios, con los que lleva una década impulsando proyectos solidarios en países en vías de desarrollo —con programas de cooperación médica internacional, sobre todo, en África—, pero también con un comedor social, una residencia para mayores y un convento franciscano de El Puerto, además de gestionar el huerto solidario, en el que se ofrece formación y empleo a personas en riesgo de exclusión.

“Nuestro interés y la filosofía de nuestra fundación no es salvar vidas, sino mejorar la calidad de la vida a cuantas personas confíen en nuestro proyecto”, define La Vicuña en su página web, donde recoge que pretenden ayudar a “familias sin futuro, sin horizontes y además esclavos de enfermedades, de fácil solución en nuestro medio, pero insufribles lejos de medicamentos y diagnósticos certeros por profesionales cualificados”.

La fundación quiere así “apoyar tanto humanitariamente como sanitariamente” a través de “iniciativas encaminadas a que tanto niños como mayores tengan al menos un atisbo de esperanza”. Por eso el equipo de médicos que compone la fundación impulsa actividades en zonas degradadas, como el barrio de Los Milagros de El Puerto, donde quieren construir una pista deportiva, y en el que llevan a cabo todo tipo de actividades para implicar a los vecinos en la vida comunitaria.

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