La odisea de ser escritor

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La odisea de ser escritor

16-04-2018 / 08:40 h.

Siempre he escrito, desde pequeño. Poemas, textos… pero se quedaban en un cajón y no los leía nadie, salvo algún amigo. Llegó el tiempo de los blogs y mis escritos empezaron a ser públicos. Había gente a las que les gustaba y gente a las que no. Para gustos, los colores. Un día decidí escribir una novela. No lo había hecho nunca. Lo hice por placer, he tardado dos años hasta que la terminé. Me gustó. Sobre todo porque he aprendido a escribir una novela. No es fácil. Crear personajes, historias, que no se rompa el hilo, corregir… tiene su trabajo, sí. Pero es una experiencia bonita, es como si una película naciera dentro de ti mismo y tener en tu cabeza personajes con identidad propia que viven y dependen de ti.

Una vez escrita la novela, pensé: ¿Y qué hago ahora? Se la pasé a amistades para que la leyeran y les pareció bien. Es curioso como cada cual interpreta lo que tú querías contar.

Tenía miedo a que fuera un bodrio. No. Hubo gente a la que le gustó, con lo cual, lo dicho, para gustos, los colores. Pero es un complejo que supongo tenemos los escritores noveles.

¿Y por qué no la publicas? Empecé a indagar. Vaya tela. No me podía ni imaginar que el mundo editorial era así. Lo podía intuir, pero verlo de verdad, no. Me di cuenta de cuántas mentiras he visto, cuántos montajes.

Lo primero que hay que pensar es si editar en papel o electrónico. Yo soy más de electrónico, pero empecé a ver cómo publicar en papel y bueno: Opción uno: lo mandas a una editorial a que te examine y termine tu novela en un cajón, y lo peor, con la sospecha de a ver en qué manos caen y te roben la idea. Por eso, lo que hice a continuación, fue registrar los derechos. Por si las moscas. Ustedes ya saben. Vivimos en la España de los másteres. Veo los comentarios de la gente que manda a editoriales y te enteras que no ganan nada. Con libros en España ganan los famosos. Los que no son famosos, nada. Vamos, que estás trabajando gratis para que otros se lleven el beneficio.

Queda otro opción: la autoedición. Tú te pagas la edición. Pero claro, tienes que tener dinero. A más libros editados y más promoción, más cuesta. Yo no soy rico. Soy un trabajador. Así comprendo como he visto a escritores que han presentado su libro (iluso de mí, creía que lo habían elegido por una editorial y resulta que eran autoeditados) y van detrás tuya luego a venderte el libro como los alumnos de un instituto venden polvorones en navidad. Claro, quieren recuperar su dinero. Y lo entiendo. Pero eso no es lo que yo quiero. No quiero obligar a nadie a gastarse su dinero por compromiso.

Y ahora la parte electrónica. Amazon es el paraíso de los escritores. Pero eres invisible. Hay millones de personas escribiendo. Tienes que invertir también en promoción. Se resume en lo mismo: gastar un dinero que no tienes.

Así es que, sabiendo que si no eres Almudena Grandes o Juan José Benítez tu libro va a terminar vendido al peso en una feria de segunda mano o descargado de las webs piratas de libros electrónicos, he decidido regalarlo. Sí, porque lo escribí por placer. Y antes que me lo roben o alguien quiera ganar dinero a mi costa, lo regalo yo. Como esos agricultores que regalan las patatas en la plaza del pueblo porque les sale más barata regalarlas por lo que le cobran los intermediarios.

Quien sabe si el libro gusta, me hago famoso y cuando publique el segundo, que ya está creciendo en mi cabeza, a lo mejor le interesa a alguien y entonces lo publico. Soñar es gratis, dicen ¿no?

Mi novela es corta, se llama El andaluz que viajó a las estrellas, tiene su ambiente en la campiña de Jerez y la costa de Cádiz. Trata del descubrimiento del amor de un adolescente que se ve envuelto en una fantástica aventura de ciencia ficción que no les voy a contar. Para eso tienen que leer la novela, que se la pueden descargar gratuitamente aquí en formato e-book y aquí en formato PDF.