OpiniónAmurallados

La no seña de identidad

Lo tenemos todo delante de nuestras narices durante todo el año, pero no lo vemos ni se aprecia lo suficiente como para incluirlo en la lista de señas de identidad de la ciudad. 

El pasado fin de semana se publicó una tribuna libre de la alcaldesa, Mamen Sánchez, en la que se destacaban las virtudes, que las tiene, del Gran Premio de motociclismo y se enlazaba a su vez con las otras señas de identidad de la ciudad como muestra de la continuidad que se le da al turismo y a la creación de riqueza durante todo el año y no exclusivamente en una fechas encorsetadas, como ocurre con el caso de las motos. Flamenco, motos, vino y caballos. ¿Y qué pasa con el patrimonio, elemento muy anterior a los demás que ha dotado a la ciudad de una fisonomía exclusiva? ¿No son señas de identidad las iglesias románicas, el cabildo renacentista, el Alcázar, la muralla almohade, las grandes iglesias góticas, la catedral, los palacios (muchos abandonados, pero ahí están) o las casas como la de las Flores? Si se quiere eliminar la estacionalidad, ¿por qué no apostar por un turismo cultural y sostenible mediante el mantenimiento, recuperación y puesta en valor de los edificios y las zonas patrimonialmente importantes?

A estas alturas mencionar las motos, el vino, los caballos y el flamenco como exclusivamente las únicas señas de identidad de Jerez es como si en el cine español sólo salieran en la actualidad suecas en biquini, machos ibéricos de pelo en pecho o Martínez Soria haciendo de las suyas. Pero ya que hablamos de señas de identidad, digamos algo sobre las del póker aludido por la alcaldesa. Las motos sí es verdad que es una afición constante y al alza, que beneficia a los pueblos cercanos durante todo el año, ya que muchos moteros jerezanos hacen sus rutas los fines de semana llenando ventas y bares del entorno. Sin embargo hace ya tiempo que El Puerto le comió la tostada a Jerez en lo que al fin de semana del Gran Premio se refiere, a la cual se le escapan eventos como el festival musical organizado en la ciudad vecina.

El vino de Jerez es cierto que vive una nueva época dorada, pero no debemos olvidar en manos de quién están las bodegas, lo que nos puede hacer una idea de que los beneficios obtenidos difícilmente se quedan en nuestra ciudad. Es verdad que con la llegada de Andrew Tan parece que la cosa puede cambiar, sobre todo para una zona intramuros realmente necesitada de la iniciativa privada.

¿Flamenco? Quitando el Festival de Jerez, ciudades como Sevilla, con su bienal, o Córdoba, con su noche blanca del flamenco, parecen aprovechar mejor los recursos de este arte que es tan nuestro. Lo que de calidad se mantiene es gracias al esfuerzo y compromiso de las peñas flamencas, pero desgraciadamente la falta de ideas e iniciativas desde la administración provoca que el flamenco no sea esa industria que debería mover y crear negocio, como ocurre con el mundo de las hermandades y la Semana Santa.

Sólo nos quedan los caballos, actividad representada magníficamente por la Real Escuela, pero que de facto tiene poca presencia en la ciudad fuera de la Feria del Caballo. Simplemente hay que comparar los cuatros coches de caballos que funcionan durante el año con los que se amontonan en el entorno (peatonal, aspecto muy resaltable) de la catedral de Sevilla.

Ojo, que no estoy poniendo en duda ni la razón ni el mérito de estas señas de identidad. Simplemente considero que no se las aprovecha ni se las explota lo suficiente fuera de los días señalaítos, como diría Raimundo Amador. Nos falta, pues, la seña de identidad más permanente, más palpable y más visible. Paradójicamente también es la más olvidada: el patrimonio. Y el hecho de que la alcaldesa lo olvide en su tribuna no es más que un síntoma de la poca voluntad que existe de hacer algo al respecto. Deberíamos tener presente que las motos, el vino, los caballos o el flamenco se pueden encontrar en otras ciudades, lógicamente en menor medida que aquí, eso es cierto, pero no es algo completamente exclusivo. Por el contrario, los palacios de Jerez sólo están en Jerez; no hay un palacio igual a Riquelme en ningún lugar. Los habrá mejores o peores, pero nunca igual. El entramado de calles de Jerez es único, como lo son sus iglesias, la fisonomía de sus casas o el propio edificio del Cabildo Viejo. El patrimonio social existente, formado por vecinos, hermandades, peñas o negocios de toda la vida, también es un aspecto exclusivo e irreproducible en ningún otro lugar. Incluso el vino y los caballos se encuentran dentro de edificios patrimoniales de gran interés.

Lo tenemos todo delante de nuestras narices durante todo el año, pero no lo vemos ni se aprecia lo suficiente como para incluirlo en la lista de señas de identidad de la ciudad. Llegará el día en el que desde la administración se le otorgue al centro histórico la importancia que merece como generador constante de riqueza para Jerez, pero ese día hoy se divisa tan lejano que, cuando ocurra, tal vez sea demasiado tarde. 

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