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La mitad del cielo

#CarteleraSur se centra esta semana en la reseña de ‘Sufragistas’.

Sufragistas (Suffragette). Reino Unido, 2015 (106 min.). Dirección: Sarah Gavron. Guión: Abi Morgan. Música: Alexandre Desplat. Fotografía: Eduard Grau. Reparto: Carey Mulligan, Helena Bonham Carter, Meryl Streep, Anne-Marie Duff, Brendan Gleeson, Ben Whishaw.

El valorado rol ancestral de cazador del varón frente al de guardiana del hogar de la mujer parece estar en el origen de la subordinación de ésta. El mismísimo Cicerón pensaba que la participación de la mujer en los officia de los hombres tan solo traería infelicidad a la ciudad; y, para colmo, Pablo de Tarso se ocupó de colocar a la mujer, su costilla, bajo la protección y el control del esposo para los cristianos.

En la película Sufragistas de la directora británica Sarah Gavron (1970), estas cuestiones históricas son irrelevantes. Su película es básicamente un drama, con regusto naturalista y trasfondo histórico, pero igualmente un vehículo didáctico, no solo sobre el movimiento sufragista del primer tercio del siglo XX, sino sobre las consecuencias del compromiso con una causa justa, la igualdad de derechos para la mujer.

La película narra la conversión de la joven Maud Watts, esposa, madre y trabajadora desde los doce años en una lavandería, en luchadora por el derecho al voto femenino en la Inglaterra de las primeras décadas de siglo. Lo que ahora parece un sinsentido, negar el voto a la mitad de la población, era entonces casi una cuestión de estado para la sociedad patriarcal occidental. Ese derecho se ganó finalmente en 1917 en el Reino Unido (en España las mujeres no votarían hasta la República, 1931), no sin un elevado coste personal y familiar para muchas de estas mujeres activistas.

Nuestra heroína se convierte así en un modelo de mujer comprometida, rebelde y víctima de unos valores que oprimían y en última instancia condenaban a la mayoría de las mujeres a una vida sin horizontes. Carey Mulligan, en la línea del personaje de Bathsheeva Everdeen en Lejos del mundanal ruido,  aporta al papel de Maud la delicadeza de gestos, de movimientos y de apariencia física, y al mismo tiempo la firmeza y determinación que la toma de conciencia de su personaje requiere.

La participación de Meryl Streep es casi simbólica, solo unos segundos que, desde luego, muestran todo su poder de convicción, su magnetismo. ¿Qué otra actriz podría encarnar con más credibilidad a Emmeline Pankhurst, la líder de las suffragettes, que optaron por la acción directa, de violencia limitada, para llamar la atención del mundo sobre su causa. Helena Bonham Carter es una solvente Edith Ellyn, suffragette histórica, mujer con preparación académica e intellectual y compañera de acción de Emmeline Pankhurst.

‘Sufragistas’ tiene, además, un desarrollo dramático atractivo, si bien convencional, que recuerda a las novelas galdosianas o dickensianas

El didacticismo en sí es inobjetable, siempre que no convierta la película en una lección de historia o en una sarta de esloganes. Sufragistas tiene, además, un desarrollo dramático atractivo, si bien convencional, que recuerda a las novelas galdosianas o dickensianas: el determinismo de clase, la vulnerabilidad de la infancia ante la depravación de los adultos, la falta de coraje del marido ante la presión social…

La realización de Sarah Gavron resulta algo torpe cuando rueda escenas de exterior, con muchos personajes y acción. Los movimientos de cámara a veces crean confusión: se mueve cuando no debe, deja elementos fuera de campo o desenfocados.

Por contra, en algunas escenas más íntimas su cámara encuadra los dientes apretados de Maud, sus ojos llenos de determinación y sus delicados dedos doblando el impoluto y almidonado algodón, dejando fuera de campo la voz lasciva del patrón, cuyo bigote destila al mismo tiempo agresividad, miedo y deseo. El primer plano sobre los ojos de Maud insinúa su proceso interior de concienciación, frente a la mirada huidiza de los personajes masculinos, el esposo, el primer ministro o los policías.

Cabe preguntarse si tiene sentido hacer una película como ésta a principios del siglo XXI. Definitivamente sí porque, si bien en los países occidentales se ha progresado enormemente en los últimos cincuenta años, aun quedan muchas zonas donde la mujer sigue enclaustrada. Incluso en la vieja Europa, las estadísticas muestran que continúa habiendo discriminación laboral a favor del hombre. Sufragistas es una película didáctica en gran medida, en ocasiones muy emotiva y hermosa, e indudablemente todavía necesaria: su intención es cambiar la inercia de las cosas y ganar un futuro más justo para aquellas personas a quien Confucio llamaba “la mitad del cielo”.

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